23 Febrero 2008 Seguir en 
WASHINGTON.- Hasta que se anunció que Fidel Castro había decidido dar un paso al costado tras 50 años en el poder, los precandidatos demócratas a la presidencia, Hillary Clinton y Barack Obama, daban la impresión de ser iguales en el fondo, pero distintos en la forma.
El debate que mantuvieron ambos en la noche del jueves en Austin (Texas) cobró un interés especial, pues no se podía soslayar siquiera el caso Cuba. Obama siempre dijo estar dispuesto a entrevistarse “con los enemigos de Estados Unidos”, incluido el régimen castrista, por lo que Clinton lo tachó de inocente e inexperto. La diferencia esta vez fue que ambos reiteraron sus posturas sólo dos días después de que Castro anunció su renuncia como presidente cubano, y a tres días de que la isla elija al sucesor. El anuncio de Castro reafirmó la posición de Obama. “Deberíamos aprovechar esta oportunidad”, aseguró y dijo que se reuniría sin condiciones previas con los dirigentes castristas.
El detalle
Sólo introdujo un matiz: “es muy importante que nos aseguremos que en la agenda estén los derechos humanos, la liberación de los prisioneros políticos, la apertura a la prensa. Y esa preparación podría llevar un tiempo”. Obama insistió en la necesidad de hacer gestos de buena fe hacia Cuba. “Tenemos que cambiar la política. Nuestro objetivo debe ser en último lugar la normalización”, agregó.
Clinton, por el contrario, se mantuvo firme en su posición de experta. “No me reuniría con el nuevo líder cubano hasta que haya pruebas de que el cambio está ocurriendo”, afirmó, en línea con la política seguida no sólo por el presidente George W. Bush, sino por los otros nueve que lo precedieron en la Casa Blanca.
Al día siguiente del debate, Hillary afirmó que no va a tirar la toalla en su campaña. “Estoy trabajando muy duro, y Ohio y Texas son críticos”, dijo refiriéndose a las primarias en ambos Estados el 4 de marzo.
Ironías de Fidel
Mientras tanto, en su primer artículo de prensa luego de su renuncia, Fidel criticó a los líderes de Estados Unidos y de Europa que piden cambios en la isla. “Estoy de acuerdo -ironiza Castro-: ¡cambio! pero en Estados Unidos. Cuba cambió hace rato y seguirá su rumbo dialéctico. ¡No regresará jamás al pasado!” Asimismo, aclaró a los críticos de la revolución que su renuncia representa el fin de una etapa en Cuba, pero no de su sistema socialista. (Reuter-AFP-NA-DPA)
El debate que mantuvieron ambos en la noche del jueves en Austin (Texas) cobró un interés especial, pues no se podía soslayar siquiera el caso Cuba. Obama siempre dijo estar dispuesto a entrevistarse “con los enemigos de Estados Unidos”, incluido el régimen castrista, por lo que Clinton lo tachó de inocente e inexperto. La diferencia esta vez fue que ambos reiteraron sus posturas sólo dos días después de que Castro anunció su renuncia como presidente cubano, y a tres días de que la isla elija al sucesor. El anuncio de Castro reafirmó la posición de Obama. “Deberíamos aprovechar esta oportunidad”, aseguró y dijo que se reuniría sin condiciones previas con los dirigentes castristas.
El detalle
Sólo introdujo un matiz: “es muy importante que nos aseguremos que en la agenda estén los derechos humanos, la liberación de los prisioneros políticos, la apertura a la prensa. Y esa preparación podría llevar un tiempo”. Obama insistió en la necesidad de hacer gestos de buena fe hacia Cuba. “Tenemos que cambiar la política. Nuestro objetivo debe ser en último lugar la normalización”, agregó.
Clinton, por el contrario, se mantuvo firme en su posición de experta. “No me reuniría con el nuevo líder cubano hasta que haya pruebas de que el cambio está ocurriendo”, afirmó, en línea con la política seguida no sólo por el presidente George W. Bush, sino por los otros nueve que lo precedieron en la Casa Blanca.
Al día siguiente del debate, Hillary afirmó que no va a tirar la toalla en su campaña. “Estoy trabajando muy duro, y Ohio y Texas son críticos”, dijo refiriéndose a las primarias en ambos Estados el 4 de marzo.
Ironías de Fidel
Mientras tanto, en su primer artículo de prensa luego de su renuncia, Fidel criticó a los líderes de Estados Unidos y de Europa que piden cambios en la isla. “Estoy de acuerdo -ironiza Castro-: ¡cambio! pero en Estados Unidos. Cuba cambió hace rato y seguirá su rumbo dialéctico. ¡No regresará jamás al pasado!” Asimismo, aclaró a los críticos de la revolución que su renuncia representa el fin de una etapa en Cuba, pero no de su sistema socialista. (Reuter-AFP-NA-DPA)







