24 Febrero 2008 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Johann Wolfgang von Goethe ni se llegó a imaginar hace más de dos siglos que algún día existiría un país llamado Argentina con un organismo denominado Indec. Tampoco pudo sospechar que el manejo discrecional de las estadísticas llevaría a los habitantes de ese país a una caótica existencia en la que nadie sabría a ciencia cierta si los números dicen lo que dicen, al punto de generar un enfrentamiento entre los funcionarios de un mismo gobierno. Goethe no sabía nada de eso cuando en 1797 escribió “El aprendiz de brujo”, pero en esa premonitoria balada anticipó todos los inconvenientes que sucedieron a la decisión de manipular el índice de precios al consumidor tomada 210 años después.Trylbi, el ingenuo aprendiz del hechicero, creyó haber alcanzado la sabiduría de su maestro al conseguir accidentalmente que un balde y una escoba se pusieran a sus órdenes. Sin esperar más, dispuso que el balde le trajera el agua necesaria para limpiar el cuarto que el brujo tenía en la torre de un castillo. Todo marchaba sobre ruedas, hasta que el agua comenzó a desbordar las escaleras. Pero el aprendiz no conocía las palabras frenar el hechizo y el agua seguía entrando sin que la pudiera controlar, hasta poner en riesgo la propia vida de Trylbi...
Siglo y medio después Walt Disney llevó la historia al cine, sin sospechar tampoco que en el siglo XXI algunos compatriotas de su amigo Molina Campos se encargarían de publicar unos dibujos no tan enternecedores. Como Trylbi, los responsables de la alteración del IPC aquel enero de 2007 creyeron que todo comenzaba y terminaba con una maniobra. Al igual que el personaje de Goethe, 13 meses después no saben cómo poner fin a un embrujo que se les volvió en su contra. Con una mezcla de una supuesta “viveza” y de visión cortoplacista, no repararon en que si la mentira tiene patas cortas, la insistencia en la mentira tiene consecuencias inmanejables.
• Nadie sabe a qué parámetros atenerse para las discusiones salariales. Se manejan aumentos tan disímiles como del 12% y del 40%.
• La respuesta llegó el miércoles a la noche por boca del líder de la CGT y los camioneros, Hugo Moyano, secundando al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, en el anuncio de un aumento escalonado del 19,5% para los choferes. ¿Cómo se entiende que el empresariado salga a apoyar de inmediato el acuerdo que los obligaría a pagar un aumento que duplica la inflación oficial de 2007?
• En un mismo país, la inflación de las provincias, que por 14 años coincidió con la del área metropolitana en un 98%, pasó repentinamente a triplicarla. El dinero necesario para superar la línea de pobreza no puede ser el mismo en Buenos Aires que en Mendoza y tampoco los requerimientos de incrementos salariales.
• El acceso al mercado de capitales en moneda doméstica quedó virtualmente vedado. Sólo alguien muy desinformado podría interesarse por un bono en pesos indexado en base a una inflación en la que nadie confía. Tampoco se entiende por qué los inversores se niegan a colocar su dinero en bancos que ofrecen tasas de interés escandalosamente positivas en comparación con el IPC oficial.
• Mucho menos creíbles son las tasas de crecimiento del producto cercanas al 9% con cortes programados en el suministro del gas y la electricidad a las industrias y los comercios.
• Después de más de un año de manipulaciones que alcanzan directa o indirectamente a casi todo el sistema estadístico, las dificultades para recomponer lo deteriorado son incalculables. Los tenedores de bonos -y los estudios de abogados prestos a representarlos- no van a aceptar haber perdido miles de millones de pesos sin ninguna reparación, ni los trabajadores se conformarán con que les digan que los aumentos nominales que recibieron no fueron suficientes para evitar el deterioro real de sus ingresos.
Todos estos problemas, derivados de aquella intervención de hace 13 meses, son más que suficientes para que estalle un conflicto entre el ministro de Economía, Martín Lousteau, y “su” secretario de Comercio, Guillermo Moreno, desmentido como indica la secular costumbre en los gobiernos que en este país han sido. Si hubo o no hubo golpes puede ser anecdótico, pero no lo es la desvirtuación del orden jerárquico en un Gobierno. Aunque sea una obviedad, debe recordarse que un ministro es más que un secretario y, por si no alcanzara, que el Indec depende de la Secretaría de Política Económica, cuyo responsable de los últimos 13 meses no parece sentirse afectado por una intromisión reconocida por los propios empleados.
¿Los causantes del problema están en condiciones de aportar la solución? Ese no fue el desenlace en el relato de Goethe. Por el contrario, fue la intervención del maestro hechicero la que salvó a Trylbi de morir ahogado, “pero no pudo escapar a la severa reprimenda, que por cierto, tenía bien merecida, de su maestro y señor”. (DyN)







