"La negociación salarial ya no es un negocio de suma cero"

Según el economista Daniel Kostzer, el Estado no se mostró prescindente en el debate por la mejora en la remuneraciones.

24 Febrero 2008
En cuestión de pobreza, a la Argentina le faltan muchas cuestiones por resolver. Sólo en los principales aglomerados, más de tres millones de habitantes no pueden reunir los ingresos para salir de esa situación social. Sin embargo, la pobreza no sólo se expresa en términos de falta de ingreso. Hay otro tipo de carencias (salud, infraestructura o educación) que requieren una lucha constante y concreta por parte del Estado. Es lo que el economista Daniel Kostzer llama la reproducción intertemporal de la pobreza, con gente que viene en esa condición desde hace tiempo y sus hijos tienen altas probabilidades de repetir su historia. En una charla con LA GACETA, Kostzer habló sobre el panorama social y los problemas del mercado laboral argentino.

-¿Cómo observa el escenario socioeconómico actual en el país?
-La reducción del desempleo ha sacado a mucha gente de la pobreza, casi a la mitad desde la crisis de fines de 2001. Ahora hay que trabajar para que los hijos que dejaron de ir a la escuela por haberse incorporado al trabajo precario, no sigan reproduciendo conductas de pobreza, producto del problema sistémico. Hay un núcleo duro de pobreza que costara mucho reducir, pero con una visión más estratégica y si es que no se deja librado todo en manos del mercado, como fue en la década de 1990, hay más probabilidades de que salgan de la pobreza.

-¿Cuál es la forma de encarar una efectiva lucha contra la pobreza, particularmente hacia el núcleo duro?
-Creo que no se puede segmentar la estrategia. Hay una porción importante de pobres que se incorpora al mercado de trabajo e inmediatamente sale de esa condición. Lo que hay que hacer ahora es consolidar ese mercado laboral, que sea menos precario para que no haya tanto ingreso y salida de pobres. Gran parte de la pobreza se explica en puestos mal remunerados. Y es fundamental el rol del Estado en la generación de esos puestos, para que sean de calidad y con cumplimiento de las normas laborales. Claro que hay otro sector que requiere más de la política social que es aquel que, por distintas circunstancias, no pueden conseguir un empleo. Por ejemplo, mujeres solas con muchos hijos a los cuales deben atender.
 
-Al parecer, este será un año de fuertes discusiones salariales. ¿Cree que es posible un acuerdo social?
-Creo que sí. En todo este tiempo se ha demostrado que la negociación salarial, desde el proceso paritario, ha sido bastante razonable, tanto por parte de los trabajadores como del sector empresario. Y esto encuentra explicación, también, en el hecho de que el Estado no se mostró prescindente del debate. Por el contrario, intervino de manera activa, promoviendo la negociación salarial, con el paulatino aumento del salario mínimo, acompañando el proceso de mejora en los ingresos. Hoy la negociación salarial no es como en la década de 1990, un negocio de suma cero, donde si alguien ganaba, el otro perdía. Hoy, ese proceso se da en un contexto donde la demanda doméstica es el principal factor dinamizador de la economía. La actualización de los salarios y el mantenimiento e incremento del poder de compra de los trabajadores, de los sectores populares, también redunda en mayores ganancias porque aumenta el nivel de actividad económica. No es, como decía, una lucha de suma cero entre empleados y empleadores, sino un proceso de adecuación que tiene que ver con la dinamización del mercado interno.

-¿Cree que el país está llegando al nivel de pleno empleo, según marcan los indicadores oficiales?
-Creo que seguirá bajando el nivel de desempleo y, contrariamente a lo que muchos decían desde hace tres años, se siguen generando puestos de trabajo. Las turbulencias externas tal vez impliquen una desaceleración de la economía, pero sigue la tendencia a bajar el desempleo.  

-¿Cómo debe encararse la lucha contra el empleo no registrado?
-Es fundamental entender que el porcentaje mayor y más gravoso desde el punto de vista social, tributario y económico es la evasión que se hace en el marco de la subdeclaración de ventas para no pagar IVA, impuestos a las Ganancias o Ingresos Brutos. De otro modo no sería redituable para la empresa tener trabajadores en negro. Una empresa que no subdeclara ventas no cuenta con el dinero en negro necesario para pagar a sus trabajadores. Dentro de ese contexto, las soluciones tales como reducción de contribuciones patronales no cumplen con su cometido, y se vuelven perversas. Es fundamental perseguir la cadena de evasión impositiva completa, evitando la subfacturación de ventas o la terciarización ficticia, para lo cual es central que el Estado vuelva a ejercer su rol de policía del trabajo, ya que de allí también se derivan beneficios adicionales como son las mejores condiciones de trabajo y salubridad en general, evitando que la violación a estas normas sea una fuente de competitividad espúrea centrada en las malas condiciones de trabajo. El proyecto liberal de los 90 quiso que creamos que el problema del trabajo en negro estaba en los denominados impuestos al trabajo; así fue que se redujeron los mismos a más de un tercio y en la misma época se duplicó el trabajo en negro y se triplicó el desempleo, a pesar de que las remuneraciones totales cayeron. Hoy, si bien lentamente, cae el trabajo no registrado, mientras se observa que crecen los salarios y se generan numerosos puestos de trabajo.

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