Estiman que el costo de vida superará el 23% este año
El Centro de Investigación en Finanzas (CIF), de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella señala que los cálculos privados triplican la previsión oficial de inflación mínima, pero se alinean con la demanda de ajuste salarial por parte de los grandes gremios para las discusiones en paritarias.
24 Febrero 2008 Seguir en 
La brecha entre las previsiones de inflación que difunde el Gobierno nacional y la que calculan economistas e instituciones privadas es tan amplia -15 puntos porcentuales o más-, que pareciera que se trata de dos indicadores distintos.
Según el sondeo del Centro de Investigación en Finanzas (CIF), de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, correspondiente a febrero de 2008, a nivel nacional la suba promedio de precios esperada para los próximos 12 meses es tres puntos porcentuales más alta que en el año anterior.
El estudio destaca que persiste la divergencia entre el pronóstico oficial, de 7 a 11%, y la privada, de más del 23%. El CIF señala que los cálculos privados triplican la previsión oficial de mínima, pero se alinean con la demanda de ajuste salarial por parte de los grandes gremios para las discusiones en paritarias y, sobre todo con el aumento promedio de las remuneraciones en el último año.
“El cambio esperado en los precios por el público en general para los próximos doce meses, supera en más de 10 puntos porcentuales al pronóstico de los analistas consultados en el REM (BCRA) acerca de lo que será la cifra oficial del IPC GBA”, revela el trabajo.
El CIF remarca que brechas de más de 15 puntos porcentuales entre la tasa esperada de inflación por las autoridades económicas y la que proyecta la población a partir del deterioro del poder de compra de sus ingresos en los últimos meses generan dudas no sólo sobre cuál es el nivel de pobreza que persiste en la sociedad, sino también sobre el real crecimiento del PBI. “Más aún, porque los últimos indicadores socioeconómicos del Indec dieron cuenta que, a diferencia del pasado, ahora la masa salarial crece más por efecto de los ajustes de las remuneraciones que por la creación neta de puestos de trabajo. Este no parece un tema menor, puesto que cada nuevo empleo representa un aumento notable del ingreso de la persona que estaba desempleada y sólo recibía algún subsidio social”, añade el informe.
Del lado del PBI, una tasa de inflación real muy alejada de la oficial también puede estar sobreestimando el crecimiento de la economía. La mayor parte de los servicios, que representan dos terceras partes de la generación total de riqueza, se estima a partir de valores nominales en pesos los cuales se llevan a niveles reales, compatibles con la variación de las cantidades de los productores de bienes, a través de la división por el factor de alza de precios. Así, con una inflación del 8,5% como informó el Indec para 2007, el PBI subió 8,7%, pero si el ejercicio se lo hace con una tasa promedio de aumentos de precios de 20%, como surge de la variación de los mayoristas y el costo de la construcción, surge una expansión del PBI inferior a 6%.
Las dudas surgen cuando se trata de determinar qué posibilidades hay de que se ejecute un control de la inflación que sea efectivo. “Si uno mira el programa monetario del Banco Central, que es su promesa de lo que va a hacer en esa materia hacia adelante, lo que observa es que hay una tendencia a buscar menores niveles de emisión para justamente tratar de llevar tres o cuatro puntos más abajo la inflación de lo que está hoy”, destaca el economista Aldo Abram.
Otros expertos sostienen que, para combatir la inflación, la batalla principal debe librarse en dos frentes: el fiscal, con la contención del gasto público; y el monetario, reduciendo el efectivo circulante.
“La inflación es un fenómeno monetario y hay que hacer sintonía fina en política monetaria, adecuando la expansión de la base a la de la demanda”, indicó Mariano Fernández, economista del CEMA Según el economista Camilo Tiscornia, “para atacar esto a largo plazo hay que generar clima de inversión para expandir la capacidad de oferta de la economía”.
“Si hubiera más oferta se morigeraría la presión sobre la inflación. En el corto plazo, creo que hay que mantener una política monetaria prudente y no sería tan conflictivo que baje el dólar. Lo hemos mantenido artificialmente alto y se podría dejar bajar sin generar problema hasta los $ 2,50 o $ 2,60 por dólar”. apuntó Tiscornia.
Según el sondeo del Centro de Investigación en Finanzas (CIF), de la Escuela de Negocios de la Universidad Torcuato Di Tella, correspondiente a febrero de 2008, a nivel nacional la suba promedio de precios esperada para los próximos 12 meses es tres puntos porcentuales más alta que en el año anterior.
El estudio destaca que persiste la divergencia entre el pronóstico oficial, de 7 a 11%, y la privada, de más del 23%. El CIF señala que los cálculos privados triplican la previsión oficial de mínima, pero se alinean con la demanda de ajuste salarial por parte de los grandes gremios para las discusiones en paritarias y, sobre todo con el aumento promedio de las remuneraciones en el último año.
“El cambio esperado en los precios por el público en general para los próximos doce meses, supera en más de 10 puntos porcentuales al pronóstico de los analistas consultados en el REM (BCRA) acerca de lo que será la cifra oficial del IPC GBA”, revela el trabajo.
El CIF remarca que brechas de más de 15 puntos porcentuales entre la tasa esperada de inflación por las autoridades económicas y la que proyecta la población a partir del deterioro del poder de compra de sus ingresos en los últimos meses generan dudas no sólo sobre cuál es el nivel de pobreza que persiste en la sociedad, sino también sobre el real crecimiento del PBI. “Más aún, porque los últimos indicadores socioeconómicos del Indec dieron cuenta que, a diferencia del pasado, ahora la masa salarial crece más por efecto de los ajustes de las remuneraciones que por la creación neta de puestos de trabajo. Este no parece un tema menor, puesto que cada nuevo empleo representa un aumento notable del ingreso de la persona que estaba desempleada y sólo recibía algún subsidio social”, añade el informe.
Del lado del PBI, una tasa de inflación real muy alejada de la oficial también puede estar sobreestimando el crecimiento de la economía. La mayor parte de los servicios, que representan dos terceras partes de la generación total de riqueza, se estima a partir de valores nominales en pesos los cuales se llevan a niveles reales, compatibles con la variación de las cantidades de los productores de bienes, a través de la división por el factor de alza de precios. Así, con una inflación del 8,5% como informó el Indec para 2007, el PBI subió 8,7%, pero si el ejercicio se lo hace con una tasa promedio de aumentos de precios de 20%, como surge de la variación de los mayoristas y el costo de la construcción, surge una expansión del PBI inferior a 6%.
Las dudas surgen cuando se trata de determinar qué posibilidades hay de que se ejecute un control de la inflación que sea efectivo. “Si uno mira el programa monetario del Banco Central, que es su promesa de lo que va a hacer en esa materia hacia adelante, lo que observa es que hay una tendencia a buscar menores niveles de emisión para justamente tratar de llevar tres o cuatro puntos más abajo la inflación de lo que está hoy”, destaca el economista Aldo Abram.
Otros expertos sostienen que, para combatir la inflación, la batalla principal debe librarse en dos frentes: el fiscal, con la contención del gasto público; y el monetario, reduciendo el efectivo circulante.
“La inflación es un fenómeno monetario y hay que hacer sintonía fina en política monetaria, adecuando la expansión de la base a la de la demanda”, indicó Mariano Fernández, economista del CEMA Según el economista Camilo Tiscornia, “para atacar esto a largo plazo hay que generar clima de inversión para expandir la capacidad de oferta de la economía”.
“Si hubiera más oferta se morigeraría la presión sobre la inflación. En el corto plazo, creo que hay que mantener una política monetaria prudente y no sería tan conflictivo que baje el dólar. Lo hemos mantenido artificialmente alto y se podría dejar bajar sin generar problema hasta los $ 2,50 o $ 2,60 por dólar”. apuntó Tiscornia.







