20 Febrero 2008 Seguir en 
LA HABANA.- “Un revolucionario nunca se jubila”. ¿O sí? El convaleciente Fidel Castro cerró ayer una histórica era en Cuba y en el mundo al anunciar que no volverá a aceptar la presidencia ni a ser el “Comandante en Jefe”, título por el que gran parte de los cubanos, la gran mayoría de los cuales nunca conoció otro gobernante, lo han llamado tradicionalmente.
La idea de Fidel quizás era otra: morir con las botas puestas. Pero una grave afección intestinal y su avanzada edad, 81 años y medio ya, se interpusieron en su camino.
Con todo y pese a todo, el anuncio de renuncia no significa necesariamente un alejamiento total del poder que mantuvo férreamente durante casi cinco décadas. De hecho, si bien el anuncio implica una renuncia al gobierno efectivo, del día a día, que de todos modos ya hizo al delegar en su hermano Raúl provisionalmente el 31 de julio de 2006, en ningún momento ha hecho Castro mención alguna a otro de los cargos vitales que ostenta, el del primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). Y ahí está la clave del verdadero trasfondo -o sinfondo- del anuncio realizado. La razón: el artículo 5 de la Constitución cubana, que estipula que el PCC es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista. Eso quiere decir, afirmaba la opositora Martha Beatriz Roque, que Castro se queda arriba todavía. “Seguirá siendo la mano que mece la cuna, porque sigue teniendo el cargo de primer secretario del Partido”, aseguró.
Un cambio en la cúpula del PCC requerirá, en principio, un Congreso del partido, que no se celebra desde hace más de una década en Cuba. Además, Castro aseguraba también que su renuncia no significa de ningún modo un adiós definitivo. A ello se une una convicción bastante extendida entre la población cubana: mientras Fidel siga vivo, no habrá nadie en el gobierno que se atreva a contradecirle.
La idea de Fidel quizás era otra: morir con las botas puestas. Pero una grave afección intestinal y su avanzada edad, 81 años y medio ya, se interpusieron en su camino.
Con todo y pese a todo, el anuncio de renuncia no significa necesariamente un alejamiento total del poder que mantuvo férreamente durante casi cinco décadas. De hecho, si bien el anuncio implica una renuncia al gobierno efectivo, del día a día, que de todos modos ya hizo al delegar en su hermano Raúl provisionalmente el 31 de julio de 2006, en ningún momento ha hecho Castro mención alguna a otro de los cargos vitales que ostenta, el del primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). Y ahí está la clave del verdadero trasfondo -o sinfondo- del anuncio realizado. La razón: el artículo 5 de la Constitución cubana, que estipula que el PCC es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista. Eso quiere decir, afirmaba la opositora Martha Beatriz Roque, que Castro se queda arriba todavía. “Seguirá siendo la mano que mece la cuna, porque sigue teniendo el cargo de primer secretario del Partido”, aseguró.
Un cambio en la cúpula del PCC requerirá, en principio, un Congreso del partido, que no se celebra desde hace más de una década en Cuba. Además, Castro aseguraba también que su renuncia no significa de ningún modo un adiós definitivo. A ello se une una convicción bastante extendida entre la población cubana: mientras Fidel siga vivo, no habrá nadie en el gobierno que se atreva a contradecirle.









