13 Febrero 2008 Seguir en 
El sol impiadoso del mediodía no desalentó a los vecinos del barrio La Cartujana, ubicado a pocos metros de la Curva de los Vega, sobre la ruta que conduce a Villa Carmela. Todos querían saber qué había pasado con Alba Estela Ponce y Héctor Benito Delgado, los responsables del comedor infantil de la zona.
“Gracias a ellos comían por lo menos 200 chicos carecientes de la zona. Siempre estaban a disposición de la gente más humilde. Jamás los vimos renegar ni protestar por la tarea que llevaban a cabo”, afirmaron María Laura y Josefina García, dos mujeres cuyos hijos asisten al comedor.
Los habitantes del humilde barrio, según confirmaron las fuentes consultadas, se ocupan de conseguir recursos extras para que el comedor siga funcionando. Ponce y Delgado eran dos de las cuatro personas encargadas de la administración. “Es cierto que esto funciona gracias al aporte de todos, pero ellos eran la columna. Trabajaban para que nunca cerrara sus puertas. Lo que pasaba entre ellos no le interesaba a nadie”, aseguró Felipe Quinteros.
Justamente, la relación sentimental entre ambos, fue un tema del cual muy pocos vecinos quisieron hablar.
“En el trabajo ellos nunca dijeron nada y, mucho menos mostraron alguna conducta que nos hiciera sospechar lo que ocurría entre ellos”, expresó una compañera de tarea que prefirió mantenerse en el anonimato.
Manto de silencio
Antonio J., uno de los pocos parientes de la víctima que aceptó ser entrevistado, aseguró que eran muy pocas las personas que conocían la relación sentimental que ambos mantenían. “Nunca comentó nada, ni se charló del tema. Ella estaba en su derecho, porque estaba separada. No sabíamos cuál era la situación de él”, expresó el testigo. El hombre agregó que tampoco sabía que él, en alguna oportunidad, la hubiera maltratado. “Son mentiras si alguien dice algo así”, aseveró.
Fuentes policiales confirmaron además que, por el momento, no descubrieron antecedentes de violencia entre ambos. “Por el tipo de relación que mantenían, es muy difícil conseguir mucha información. Esperamos que, con el correr de las horas, se rompa el manto de silencio”, expresó un investigador.
“Gracias a ellos comían por lo menos 200 chicos carecientes de la zona. Siempre estaban a disposición de la gente más humilde. Jamás los vimos renegar ni protestar por la tarea que llevaban a cabo”, afirmaron María Laura y Josefina García, dos mujeres cuyos hijos asisten al comedor.
Los habitantes del humilde barrio, según confirmaron las fuentes consultadas, se ocupan de conseguir recursos extras para que el comedor siga funcionando. Ponce y Delgado eran dos de las cuatro personas encargadas de la administración. “Es cierto que esto funciona gracias al aporte de todos, pero ellos eran la columna. Trabajaban para que nunca cerrara sus puertas. Lo que pasaba entre ellos no le interesaba a nadie”, aseguró Felipe Quinteros.
Justamente, la relación sentimental entre ambos, fue un tema del cual muy pocos vecinos quisieron hablar.
“En el trabajo ellos nunca dijeron nada y, mucho menos mostraron alguna conducta que nos hiciera sospechar lo que ocurría entre ellos”, expresó una compañera de tarea que prefirió mantenerse en el anonimato.
Manto de silencio
Antonio J., uno de los pocos parientes de la víctima que aceptó ser entrevistado, aseguró que eran muy pocas las personas que conocían la relación sentimental que ambos mantenían. “Nunca comentó nada, ni se charló del tema. Ella estaba en su derecho, porque estaba separada. No sabíamos cuál era la situación de él”, expresó el testigo. El hombre agregó que tampoco sabía que él, en alguna oportunidad, la hubiera maltratado. “Son mentiras si alguien dice algo así”, aseveró.
Fuentes policiales confirmaron además que, por el momento, no descubrieron antecedentes de violencia entre ambos. “Por el tipo de relación que mantenían, es muy difícil conseguir mucha información. Esperamos que, con el correr de las horas, se rompa el manto de silencio”, expresó un investigador.
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