"El Mono" Ale denunció en Tribunales que es perseguido

"No le tengo miedo a nadie, sólo temo por mi familia", aseguró el empresario. Ante el fiscal Noguera, declaró que desconocidos vigilan su casa y estudian sus movimientos. Desafió a quienes acusa.

ANTE LA JUSTICIA. Angel Ale declaró durante más de media hora ante el fiscal Alejandro Noguera.  LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
ANTE LA JUSTICIA. Angel Ale declaró durante más de media hora ante el fiscal Alejandro Noguera. LA GACETA / JORGE OLMOS SGROSSO
13 Febrero 2008
“Ya es­toy de vuel­ta y no le ten­go mie­do a na­die. Sí ten­go te­mor por mi fa­mi­lia. Por eso, al que an­de ha­cien­do es­to le di­go: cuan­do, don­de y co­mo quie­ra nos po­de­mos en­con­trar. Yo voy a ir so­lo”, ase­gu­ró An­gel “El Mo­no” Ale, que ayer se pre­sen­tó an­te la Jus­ti­cia pa­ra ra­ti­fi­car una de­nun­cia que rea­li­zó en con­tra de des­co­no­ci­dos a los que sor­pren­dió me­ro­dean­do su vi­vien­da.
Ale, acom­pa­ña­do por su abo­ga­do, Cer­gio Mor­fil, de­cla­ró du­ran­te más de me­dia ho­ra an­te el fis­cal Ale­jan­dro No­gue­ra. Des­pués dia­lo­gó con LA GA­CE­TA.

- ¿Có­mo se pro­du­je­ron los he­chos?
- El vier­nes 1 des­cu­brí un Pa­lio gris con gen­te aden­tro ob­ser­van­do mi ca­sa, en Ri­va­da­via y Bo­li­via. Una se­ma­na des­pués ocu­rrió lo mis­mo. Por eso hi­ce la de­nun­cia.

- ¿Pue­de des­cri­bir a las per­so­nas que lo per­si­guen?
- Eran jó­ve­nes. En to­tal de­bo ha­ber vis­to a sie­te per­so­nas dis­tin­tas. Una vez, vi­no mi hi­jo de 16 años y me con­tó que en la es­qui­na es­ta­ba pa­ra­do un au­to sos­pe­cho­so; cuan­do es­tá­ba­mos arri­mán­do­nos, hu­ye­ron. El se­gun­do vier­nes pa­só al­go si­mi­lar.

- ¿Tie­ne mie­do?
- A los 53 años no le ten­go mie­do a na­die. Quie­ro que eso que­de en cla­ro. Sí me preo­cu­pa la si­tua­ción de mis hi­jos. Ellos se que­dan mu­cho tiem­po so­los en mi ca­sa.

- ¿Por qué di­ce que es­tá de vuel­ta?
- Por­que ten­go 53 años. Ya no soy el de an­tes.

- ¿En­ton­ces sí tie­ne mo­ti­vos pa­ra te­mer?
- No. En mi vi­da pa­sé si­tua­cio­nes mu­chos más com­pli­ca­das que es­ta.

- ¿Hi­zo la de­nun­cia en la Po­li­cía?
- No.

- ¿Sos­pe­cha cuál pue­de ser el mo­ti­vo de es­te ata­que?
- No. (N de la R: Mor­fil, su re­pre­sen­tan­te le­gal, me­dian­te se­ñas le pi­de que se ca­lle). Me em­ba­lé y quie­ro con­tar to­do.

- ¿To­do es­to tie­ne que ver con al­gu­na cues­tión eco­nó­mi­ca?
- No, pa­ra na­da. No le de­bo na­da a na­die; al con­tra­rio, hay mu­cha gen­te que me de­be a mí.

- ¿Al­gún ene­mi­go?
- En mi vi­da tu­ve mu­chos, pe­ro son co­sas que que­da­ron en el pa­sa­do. Aho­ra me de­di­co a mi fa­mi­lia y al cam­po.

- ¿Qué les di­ría a esas per­so­nas?
- Que de­jen en paz a mi fa­mi­lia. Ellos sa­ben por dón­de an­do; si tie­nen pro­ble­mas, que me bus­quen.

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