"También se debe aliviar la carga fiscal de los empleadores"

NUEVA ETAPA. El Estado tucumano apunta a reducir los elevados índices de informalidad que se observan en el sector laboral, a través de estrictos controles que incluyen fuertes multas contra los infractores.  LA GACETA / HECTOR PERALTA
NUEVA ETAPA. El Estado tucumano apunta a reducir los elevados índices de informalidad que se observan en el sector laboral, a través de estrictos controles que incluyen fuertes multas contra los infractores. LA GACETA / HECTOR PERALTA
10 Febrero 2008
Víc­tor Juan Mar­cos, abo­ga­do de la Unión Ar­gen­ti­na de Tra­ba­ja­do­res Ru­ra­les y Es­ti­ba­do­res (Ua­tre), de­le­ga­ción Tu­cu­mán, comen­tó a LA GA­CE­TA que el com­ba­te con­tra el em­pleo en ne­gro es cons­tan­te en la agen­da dia­ria de es­te gre­mio. “El tra­ba­jo ile­gal es una rea­li­dad in­con­tras­ta­ble en­tre los tra­ba­ja­do­res ru­ra­les de Tu­cu­mán, ha­ce 30 años que lu­cha­mos por el blan­queo de los tra­ba­ja­do­res del cam­po pa­ra que pue­dan ac­ce­der a la obra so­cial y rea­li­zar los co­rres­pon­dien­tes apor­tes ju­bi­la­to­rios”, afir­mó.
“Si bien es­ta­mos de acuer­do con la rea­li­za­ción de los ope­ra­ti­vos de con­trol a las irre­gu­la­ri­da­des la­bo­ra­les que su­fren los tra­ba­ja­do­res, cree­mos que es­ta me­di­da por sí so­la no es su­fi­cien­te. No bas­ta con que el em­plea­dor pue­da ser mul­ta­do o su­frir la clau­su­ra de 10 días en su lo­cal. Es ne­ce­sa­rio que exis­ta tam­bién una in­ha­bi­li­ta­ción pa­ra aque­llos em­plea­do­res que ade­más de no cum­plir con los apor­tes de la se­gu­ri­dad so­cial, son rein­ci­den­tes en es­te ti­po de vio­la­cio­nes”.
Mar­cos se re­fi­rió a la exis­ten­cia de em­pre­sas de ser­vi­cio que pro­veen de ma­no de obra a las em­pre­sas usua­rias, que de es­ta for­ma evi­tan te­ner que rea­li­zar el pa­go de los apor­tes a la se­gu­ri­dad so­cial de los tra­ba­ja­do­res, ya que no son pro­pia­men­te em­plea­dos de la em­pre­sa usua­ria, aún cuan­do tra­ba­jen pa­ra ella.
“Es­tas em­pre­sas de ser­vi­cio fi­gu­ran co­mo em­plea­do­res del tra­ba­ja­dor ru­ral, y son en ge­ne­ral in­sol­ven­tes. Tie­nen una exis­ten­cia en un pro­me­dio de dos a cua­tro años; lue­go de­sa­pa­re­cen de­jan­do de­trás una deu­da im­por­tan­te en ma­te­ria de apor­tes de los em­plea­dos”, re­sal­tó. “Al ca­bo de un tiem­po -agre­gó-, las mis­mas per­so­nas fí­si­cas o ju­rí­di­cas crean otra em­pre­sa, cam­bian el nom­bre de fan­ta­sía, y vuel­ven a agru­par em­plea­dos, en una ma­nio­bra no só­lo ile­gal si­no que cla­ra­men­te per­ju­di­cial pa­ra el tra­ba­ja­dor”.

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Los ope­ra­ti­vos pa­ra el con­trol del trabajo en ne­gro tie­nen co­mo ob­je­ti­vo erra­di­car el em­pleo ile­gal y pro­mo­ver tan­to la re­gis­tra­ción de los em­plea­dos co­mo su exis­ten­cia co­mo ta­les en el sis­te­ma de se­gu­ri­dad so­cial. Sin em­bar­go, según Mar­cos, la rea­li­za­ción úni­ca­men­te de es­tos ope­ra­ti­vos en na­da mo­di­fi­can o con­tri­bu­yen a la so­lu­ción del pro­ble­ma de fon­do, si no es­tán acom­pa­ña­das de una po­lí­ti­ca pú­bli­ca y fis­cal que alivie la car­ga tri­bu­ta­ria de los em­plea­do­res, que sub­si­die los sec­to­res pro­duc­ti­vos en la pro­vin­cia y so­bre to­do que con­cien­ti­ce tan­to al tra­ba­ja­dor co­mo al em­plea­dor de las con­se­cuen­cias ne­ga­ti­vas del tra­ba­jo irre­gu­lar. “Es un pro­ble­ma de raí­ces cul­tu­ra­les; mu­chos con­tra­tan a la gen­te, que po­ne a su dis­po­si­ción su fuer­za de tra­ba­jo y, sin em­bar­go, el em­plea­dor no las lla­ma ni 15 días al mes a pres­tar ser­vi­cios. En­ton­ces, su jor­nal se des­va­ne­ce”, subrayó. Reveló que se ne­ce­si­ta ga­nar un mí­ni­mo de $ 240 pa­ra es­tar en una obra so­cial. “A ve­ces lle­gan em­plea­dos con bo­le­tas de $160. Es ne­ce­sa­rio que la au­to­ri­dad de apli­ca­ción, que es la se­cre­ta­ría de Tra­ba­jo, con­tro­le que es­ta si­tua­ción se re­gu­la­ri­ce, y que las so­lu­cio­nes sean du­ra­de­ras”.
Según el profesional, es­ta po­lí­ti­ca de con­cien­ti­za­ción del em­plea­dor im­pli­ca­ría un es­fuer­zo de los pro­duc­to­res en no con­tra­tar con em­pre­sas de ser­vi­cios en cla­ra vio­la­ción a las nor­mas la­bo­ra­les, y la exi­gen­cia al Es­ta­do de ve­ri­fi­car la se­rie­dad y sol­ven­cia de una em­pre­sa an­tes de otor­gar la per­so­ne­ría ju­rí­di­ca. Asi­mis­mo, ra­ti­fi­có que la so­lu­ción al pro­ble­ma del tra­ba­jo irre­gu­lar en el sec­tor ru­ral re­quie­re un tra­ta­mien­to que sea efec­ti­vo, lo cual no se al­can­za­ría sin la in­ha­bi­li­ta­ción de aque­llos em­plea­do­res rein­ci­den­tes en vio­la­ción a los de­re­chos la­bo­ra­les, y sin la res­pon­sa­bi­li­dad so­li­da­ria de las em­pre­sas de ser­vi­cio, em­plea­do­ras di­rec­tas, y de las em­pre­sas usua­rias, que ma­ne­jan un ca­pi­tal eco­nó­mi­co y una sol­ven­cia de las cua­les las pri­me­ras ca­re­cen.
“Las san­cio­nes que dis­po­ne la Ley 7.999 pa­ra los em­plea­do­res son mul­tas y la po­si­ble clau­su­ra por 10 días del co­mer­cio, con la po­si­bi­li­dad de sa­near su si­tua­ción si re­gis­tra al em­plea­do y lo man­tie­ne en su pues­to du­ran­te los pró­xi­mos 16 me­ses. Pe­ro trans­cu­rri­do ese pla­zo ¿cuál se­rá la si­tua­ción del tra­ba­ja­dor?”, concluyó Marcos.

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