La Academia de Hollywood difundió ayer la lista de películas y artistas que competirán este año por la codiciada estatuilla dorada. No hubo demasiadas sorpresas. "Sin lugar para los débiles", "Expiación, deseo y pecado", "Michael Clayton" y "Petróleo sangriento" son las principales candidatas al premio mayor, que se entregará el 24 de febrero. La ceremonia será transmitida a las 23 por TNT.
Talentosos, honestos y profundamente humanos
Un análisis de
Guillermo Monti, prosecretario de Redacción LA GACETA.
Que los hermanos Coen y Paul Thomas Anderson sean los ganadores -al menos a la hora de las postulaciones- es de por sí una buena noticia y prestigia al más polémico de los premios que entrega la industria del entretenimiento. Aun con sus detractores a cuestas (y vaya si los tienen) los Coen y PTA han construido carreras honestas e inteligentes, a caballo de su talento y de los innegables rasgos de cine de autor que distinguen cada una de sus películas.
Los Coen -Ethan y Joel- nunca terminan de encajar en Hollywood. O mejor dicho, nunca producen la cantidad de dólares que se espera de un filme con alto presupuesto, buena difusión y estrellas en el reparto. La ironía que campea en sus diálogos y en sus historias -lejos del radio de captación del espectador norteamericano medio, y aquí se puede trazar un paralelismo con Woody Allen- es el sello de fábrica. Los Coen escriben, filman, musicalizan y editan a su propio ritmo y con sus propios códigos. En clave de comedia saltan de género en género, y la crítica consagró a "Sin lugar para los débiles" -un western moderno, basado en la novela de Cormac McCarthy- su obra cumbre.
Se notan puntos de contacto entre la filmografía de los Coen y de PTA. Uno de ellos es la naturaleza de sus personajes, por lo general creaturas vulnerables, defectuosas y profundamente queribles. Anderson las expuso en "Juegos de placer" y las diseccionó en "Magnolia". Hábil entrelazador de historias paralelas, PTA apostó esta vez por un relato lineal, duro y sostenido por ese formidable actor que es Daniel Day Lewis. "Petróleo sangriento", afirma la crítica, no da respiros.
En un año cruzado por la huelga de guionistas, es todo un símbolo que artistas integrales de la talla de los Coen y de PTA carguen con los honores: candidatos a mejor guión, mejor director y mejor película.