18 Enero 2008 Seguir en 
FALLUJA, Irak.- En un helado día en lo que alguna vez fue la cuna de la insurgencia contra la invasión estadounidense a Irak, un grupo de chicos se sentó en el patio de su escuela y dibujó mensajes de paz.
Taha Saadi, de 14 años, perdió a su padre en el sangriento conflicto tribal de Irak, muerto a manos de militantes chiítas en Bagdad cuando descubrieron que quería mudarse con su familia a la ciudad sunnita de Falluja, al oeste de la capital.
Sin lágrimas ni rencor, Taha no quiere venganza contra los que balearon a su padre hace 16 meses. "Sólo espero que haya justicia", sostuvo.
Fue con ese espíritu que Taha pergeñó su propio pequeño intento para luchar contra el baño de sangre que se convirtió en una rutina para miles de niños como él: lanzar mensajes de paz al Eufrates, el río junto al cual nació la civilización sumeria, cuna de la escritura y la agricultura.
El Eufrates recorre Irak como un cordón, viboreando a través de la vasta provincia desértica occidental sunnita de Anbar (alguna vez, el lugar más sangriento del país) a través de Falluja, y luego transita por el corazón chiíta del sur, en su camino al Golfo Pérsico.
Así que Taha pensó en usar el famoso río para intentar unir a los iraquíes. "Sé que la mayoría de los iraquíes beben el agua del Eufrates, sunnitas y chiítas", dijo Taha. El niño se empeñó en conseguir que sus compañeros de escuela lo ayudaran a escribir mensajes de paz, para colocarlos en botellas y lanzarlos río abajo por el Eufrates.
"Veo el daño y al pueblo iraquí sufriendo, gente desplazada, las ruinas", expresó Taha. "Dije que la mejor manera era enviar una carta de paz", agregó.
Vestidos con abrigos para combatir el frío, Taha y sus amigos de la escuela secundaria al-Khansa de Falluja se sentaron en el patio del colegio y siguieron el plan alegremente. Algunos dibujaron mapas de Irak con los colores nacionales, otros trazaron banderas y escribieron mensajes simples exhortando a la unidad: "Juntos, construyendo Irak" y "Una mano, un corazón".
Taha y sus amigos enrollaron sus mensajes y los colocaron en botellas plásticas. Conducidos por su maestro, caminaron hacia el río tomados del brazo y, desde un puente, arrojaron sus botellas al agua. Algunas de ellas se hundieron, pero otras flotaron río abajo.
"Espero que el pueblo iraquí pueda recoger estas cartas, leerlas, y unirse", concluyó Taha. (Reuter)
Taha Saadi, de 14 años, perdió a su padre en el sangriento conflicto tribal de Irak, muerto a manos de militantes chiítas en Bagdad cuando descubrieron que quería mudarse con su familia a la ciudad sunnita de Falluja, al oeste de la capital.
Sin lágrimas ni rencor, Taha no quiere venganza contra los que balearon a su padre hace 16 meses. "Sólo espero que haya justicia", sostuvo.
Fue con ese espíritu que Taha pergeñó su propio pequeño intento para luchar contra el baño de sangre que se convirtió en una rutina para miles de niños como él: lanzar mensajes de paz al Eufrates, el río junto al cual nació la civilización sumeria, cuna de la escritura y la agricultura.
El Eufrates recorre Irak como un cordón, viboreando a través de la vasta provincia desértica occidental sunnita de Anbar (alguna vez, el lugar más sangriento del país) a través de Falluja, y luego transita por el corazón chiíta del sur, en su camino al Golfo Pérsico.
Así que Taha pensó en usar el famoso río para intentar unir a los iraquíes. "Sé que la mayoría de los iraquíes beben el agua del Eufrates, sunnitas y chiítas", dijo Taha. El niño se empeñó en conseguir que sus compañeros de escuela lo ayudaran a escribir mensajes de paz, para colocarlos en botellas y lanzarlos río abajo por el Eufrates.
"Veo el daño y al pueblo iraquí sufriendo, gente desplazada, las ruinas", expresó Taha. "Dije que la mejor manera era enviar una carta de paz", agregó.
Vestidos con abrigos para combatir el frío, Taha y sus amigos de la escuela secundaria al-Khansa de Falluja se sentaron en el patio del colegio y siguieron el plan alegremente. Algunos dibujaron mapas de Irak con los colores nacionales, otros trazaron banderas y escribieron mensajes simples exhortando a la unidad: "Juntos, construyendo Irak" y "Una mano, un corazón".
Taha y sus amigos enrollaron sus mensajes y los colocaron en botellas plásticas. Conducidos por su maestro, caminaron hacia el río tomados del brazo y, desde un puente, arrojaron sus botellas al agua. Algunas de ellas se hundieron, pero otras flotaron río abajo.
"Espero que el pueblo iraquí pueda recoger estas cartas, leerlas, y unirse", concluyó Taha. (Reuter)
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