Protagonistas invisibles de la escena tucumana

La tarea de los asistentes de dirección.

ENTREGA. Silvina Schliserman hizo múltiples tareas en el teatro.  LA GACETA / ANTONIO FERRONI
ENTREGA. Silvina Schliserman hizo múltiples tareas en el teatro. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
12 Enero 2008
En una obra de teatro intervienen muchas personas que el público no ve. Pero su tarea es imprescindible para que la puesta marche a buen puerto. Ese es el caso de los asistentes de dirección, que trabajan al lado del director y de los actores marcando escenas, controlando el sonido y hasta armando la escenografía necesaria, según contó una referente de esta actividad: Lita Molina. "No se trata de servirle el café al director o a los actores. Se trata de involucrarse más en la obra", señaló Natalia Yapura. En tanto, Silvina Schliserman asegura que su tarea es como un rompecabezas. "Si falta una pieza se pierde la magia", aseguró.

"El asistente no es el que sirve el café"
Hay quienes dejan todo su talento arriba de las tablas ante un público desconocido. Y hay quienes transpiran la camiseta detrás de un telón. Esto último es lo que hace Natalia Yapura, actriz tucumana, que comenzó su actividad en la asistencia teatral hace más de seis años. "En 2001 Víctor Hugo Cortés me ofreció trabajar como asistente en una de sus obras. No lo dudé y acepté al instante. Esos fueron mis primeros pasos en esta actividad", señaló Yapura.
Pero un escenario no sólo está poblado de actores. También están aquellas personas que buscan todo lo necesario para crear una obra única. "Uno tiene que diversificarse. Hay que hacer de todo un poco, asistencia, actuación y hasta animarse a dirigir", comentó la actriz. Y agregó: "no hay que hacer, como sucede a veces, trabajar por ejemplo en un banco y a la vez en el escenario. Si uno quiere vivir de esta profesión hay que esforzarse y tratar de llegar hasta la cima".
Por eso, Yapura no dejó de lado su profesión. "Ser asistente no significa llevar y traer café a los actores o al director. Significa formar parte del montaje de la obra. Yo tuve la oportunidad de ver el teatro desde afuera y desde adentro y puedo decir que el esfuerzo de montar una obra es realmente grande y al mismo tiempo, maravilloso", comentó.
Claro que la asistencia implica también dar respuesta a los problemas que surgen durante el montaje de una obra. "Esta tarea nos brinda la posibilidad de tener otra mirada sobre la puesta. Por eso uno hace lo posible para poder conseguir lo que se necesita", dijo la artista. Así, las experiencias quedaron marcadas en la memoria de Yapura.
"En la obra ?Abuelitos? con la dirección de Cortés, tuve la oportunidad de compartir, junto a los actores, de la reescritura de la obra. Todos me pedían opiniones y hasta hice mis aportes. Eso fue grandioso más aún porque fue una de mis primeras obras y estuve acompañada por un elenco muy bueno. Esas son cosas que no se olvidan", finalizó la actriz.

"Hacer teatro es como armar un rompecabezas"
El teatro está lleno de gente que trabaja en las sombras. Que sólo muestran sus caras en esas funciones de estreno en las que todos salen a saludar cumpliendo uno de los tantos ritos de la actividad teatral. Entre esas caras desconocidas están los asistentes de teatro. Una especie rara del mundo de las tablas, que no suele ser tenida en cuenta por el público pero cuya tarea es imprescindible. "El asistente es como la amalgama de una muela rota", comentó Silvina Schliserman, asistente de teatro y actriz tucumana que desde 2002 se dedica a esta actividad.
Su carrera comenzó en una reunión de amigos. "Nos juntamos a despedir el año en 2001, y Patricia García me propuso ser asistente en su obra ?Jamuychis (...El grito)?. La idea me entusiasmó. Además yo estudiaba teatro pero no me gustaba porque se parecía más al baile", señaló Schliserman.
Considerando que, en su caso, la mejor universidad es la calle, la actriz decidió probar con la producción. "Hacer teatro es como armar un rompecabezas y si falta una pieza se rompe la magia", dijo.
Esta opción le permitió vivir anécdotas inolvidables. Una de ellas es, sin dudas, la que vivió con la obra "New York" de Rafael Nofal. "Había una escena en una pileta y había que llenarla. Era junio o julio y el agua tenía que estar caliente. Cada vez que había función tenía que llamar al Virla para que prendan el calefón que era eléctrico. Una vez se rompió la manguera y me empapé, tuve que seguir así la función.
Desagotarla era una aventura. Una vez intenté cargar los baldes y me quebré la mano. Le dije a Nofal: ?querido, tendrás que lavar vos los platos?, en referencia a una escena en la que los actores debían comer un asado. Y él me contestó: ?bueno, entonces vos podés hacer el sonido?. Ahí me sentí muy querida por que pensaron en mí", resaltó la artista.
Schliserman trabajó con grandes directores como el recordado Carlos Olivera. "Nunca me voy a olvidar que, días antes de su muerte, me dijo: ?piba, ya vamos hacer un proyecto juntos?. Y todavía estoy pensando ese proyecto", resaltó sin dejar de nombrar a una de sus maestras, Lita Molina.
Desde cerrar el telón hasta ayudar con el vestuario, los asistentes se ponen la camiseta en todo el espectáculo esperando sus aplausos finales. "Esos aplausos a veces son ajenos a nosotros", dijo.

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