06 Enero 2008 Seguir en 
Delincuentes armados irrumpieron ayer en un ciber de Alderetes y luego de apuntar con armas de fuego a chicos escaparon con siete Play Station, valuadas en $ 12.000, y con dinero.
A las 15 los ladrones, a cara descubierta, ingresaron al salón, ubicado en la manzana C casa 2 del Barrio CGT, propiedad de Betina Anabel Aballay. Allí, uno de ellos preguntó por el dueño. “Estaba activando una computadora para los chicos. Cuando le dije que era yo, entonces me apuntaron. Me tiraron al piso y mientras me amenazaban con un revólver exigían que les entregue todo el dinero” relató Carlos Arroyo, esposo de Aballay.
Sin dudarlo uno de los ladrones ingresó al interior de la vivienda, donde se encontraba almorzando la mujer y sus cuatro hijos.
“Estábamos comiendo. De pronto y escuchamos que entraron. A punta de pistola nos decían que no hiciéramos nada o si no éramos ‘boleta’. Teníamos mucho miedo”, dijo la mujer.
Luego de amenazar a la familia y de encontrar $200 en la caja, uno de los ladrones le exigieron colaboración a cuatro adolescentes que se encontraban en el ciber.
“Sáquenme las máquinas. ¡Apúrense!”, les dijo el asaltante.
Aterrorizados, los chicos comenzaron a desenchufar las consolas. “Estamos muertos de miedo porque nos gritaban y nos apuntaban con el revólver” contó uno ellos.
En menos de cinco minutos los delincuentes colocaron las Play Station en una bolsa y escaparon en una moto enduro.
“Pensaba en luchar con el tipo para quitarle el arma, pero no podía porque el otro también me apuntaba”, relató Arroyo. “Cuando escaparon, salí en mi moto por detrás de ellos, pero no logré alcanzarlos. Huyeron por la autopista”, agregó. “Fue horrible. Había muchas criaturas jugando, todos estaban llorando y no sabían qué hacer”, sostuvo la dueña.
Los vecinos del barrio sostuvieron que los robos en la zona son moneda corriente. “Mi hija entró a casa gritando. Cuando estacionaron la moto nadie pensaba que eran ladrones. Estuvimos más de una hora llamando a la Policía, pero parece que nunca tienen tiempo para estas cosas”, indicó Patricia de Pedraza.
“Escuché los gritos y salí a ver qué pasaba. Sólo vi cuando escapaban en la moto y por detrás iba Carlos. Los nenes estaban desesperados”, dijo Estefanía Zerda, quien vive frente al local asaltado.
Pedraza indicó que ya suman más de diez los robos ocurridos en la cuadra. “No hay seguridad, este tipo de situaciones nos cansó. La Policía ni siquiera patrulla la zona”, aclaró.
A las 15 los ladrones, a cara descubierta, ingresaron al salón, ubicado en la manzana C casa 2 del Barrio CGT, propiedad de Betina Anabel Aballay. Allí, uno de ellos preguntó por el dueño. “Estaba activando una computadora para los chicos. Cuando le dije que era yo, entonces me apuntaron. Me tiraron al piso y mientras me amenazaban con un revólver exigían que les entregue todo el dinero” relató Carlos Arroyo, esposo de Aballay.
Sin dudarlo uno de los ladrones ingresó al interior de la vivienda, donde se encontraba almorzando la mujer y sus cuatro hijos.
“Estábamos comiendo. De pronto y escuchamos que entraron. A punta de pistola nos decían que no hiciéramos nada o si no éramos ‘boleta’. Teníamos mucho miedo”, dijo la mujer.
Luego de amenazar a la familia y de encontrar $200 en la caja, uno de los ladrones le exigieron colaboración a cuatro adolescentes que se encontraban en el ciber.
“Sáquenme las máquinas. ¡Apúrense!”, les dijo el asaltante.
Aterrorizados, los chicos comenzaron a desenchufar las consolas. “Estamos muertos de miedo porque nos gritaban y nos apuntaban con el revólver” contó uno ellos.
En menos de cinco minutos los delincuentes colocaron las Play Station en una bolsa y escaparon en una moto enduro.
“Pensaba en luchar con el tipo para quitarle el arma, pero no podía porque el otro también me apuntaba”, relató Arroyo. “Cuando escaparon, salí en mi moto por detrás de ellos, pero no logré alcanzarlos. Huyeron por la autopista”, agregó. “Fue horrible. Había muchas criaturas jugando, todos estaban llorando y no sabían qué hacer”, sostuvo la dueña.
Los vecinos del barrio sostuvieron que los robos en la zona son moneda corriente. “Mi hija entró a casa gritando. Cuando estacionaron la moto nadie pensaba que eran ladrones. Estuvimos más de una hora llamando a la Policía, pero parece que nunca tienen tiempo para estas cosas”, indicó Patricia de Pedraza.
“Escuché los gritos y salí a ver qué pasaba. Sólo vi cuando escapaban en la moto y por detrás iba Carlos. Los nenes estaban desesperados”, dijo Estefanía Zerda, quien vive frente al local asaltado.
Pedraza indicó que ya suman más de diez los robos ocurridos en la cuadra. “No hay seguridad, este tipo de situaciones nos cansó. La Policía ni siquiera patrulla la zona”, aclaró.
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