En una temporada 2007 donde nada salió como él esperaba, Monasterio sufrió y luchó más de la cuenta. Como si hubiese sido una constante batalla entre el cielo y el infierno. Al final de cuentas, los números -llámese ganancias- de la Orden de Mérito del Tour Europeo concluyeron en rojo y "Okín" perdió la facultad de moverse con la libertad con que lo había hecho durante el año. La membresía obtenida en 2006 luego de ganar en París llegó a su fin. La nueva credencial sólo le permite jugar, a lo sumo, entre ocho y diez torneos del Tour, además de todas las competencias del Challenge Tour.
En términos "futboleros", Monasterio está en la Promoción. La estadía en el "infierno" sólo es pasajera. Así lo vive, siente y asegura el "Embajador".
- El balance de 2007 no es de lo mejor, ¿no?
- La verdad, fue el peor año de mi carrera profesional. Comencé con buenos resultados en la gira asiática, hasta Malasia. Arranqué 68-69, y el sábado venía -4, a un golpe del puntero, hasta que comencé a jugar los nueve hoyos finales. De repente se me nubló todo y terminé con 43 (+7). El domingo ni hablar... De ahí en adelante, peleé todo el año contra la concentración. No podía ganarles a los campos.
- ¿Cómo manejó el hecho de no superar cortes clasificatorios?
- Me considero un jugador que tiene entre cuatro y seis semanas buenas. No digo de ganar, pero sí de estar entre los líderes. Este año estuve casi 10 meses sin poder hacer una ronda de 67 golpes. Recién en la última vuelta del año, en el Abierto de la República, pude lograrlo.
- ¿Hará una preparación distinta para encarar el Tour y el Challenge?
- Por el momento me voy a tomar unos días de vacaciones en familia y después comenzaré la pretemporada. Recién en marzo voy a jugar mi primer torneo. Con respecto al Challenge, sólo jugaré los que estén cosancionados con el Tour, mi objetivo principal.
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Padre de Ramiro y de Agostina, y esposo de Marcela, "Okín" admite que la distancia es un tema complicado de resolver, sobre todo cuando uno se pierde momentos especiales. "Y sí, se extraña. Estar cinco semanas lejos de casa es complicado. Pero también hay veces en que uno se reconforta, como cuando gané en París, en el Día del Padre", relata feliz.
Monasterio nunca ve la mitad del vaso vacío, siempre agradece la parte que le toca. El brindis de fin de año lo encuentra a la vuelta de la "Noche Vieja", añorando un 2008 lleno de birdies, de paz, salud y de noticias alentadoras. No es para menos; un luchador como él merece eso y mucho más.
En EE.UU.
Armando Zarlenga (h) finalizó en la posición 47 del Orange Bowl, en Estados Unidos. "El Gato" completó un resultado global de 297 golpes (+17) y quedó a 23 impactos del campeón, Sean Einhaus, que tuvo que sufrir para llevarse la corona. El local Peter Uihlein llevó el duelo al play-off, pero allí no pudo hacer nada y el alemán lo venció.
El calor llega de la mano de los argentinos
Cuando se está muy lejos de casa, cualquier excusa es buena para pasar un buen momento. Y no quedan dudas: los argentinos son expertos en diversión.
Entre risas, César Monasterio recuerda una anécdota en especial. "Fue en Crans-sur-Sierre, Suiza. Gracias al aporte de un cordobés que residía allá, hicimos un asado en medio de una plaza. Imaginate el revuelo que se armó. Realizar reuniones públicas allá está prohibido. Nadie entendía nada. Nosotros comiendo en la plaza, mientras la gente nos miraba asombrada", sonríe "Okín". La buena onda de los argentinos hace que otros también se acerquen y se decidan a compartir.
"Los que más se juntan con nosotros son los españoles y los italianos. Les gusta esto de compartir buenos momentos. Quizás el resto de los europeos sean más parcos, pero ya es una cuestión de cultura", cierra Monasterio.







