Es tiempo de reflexionar acerca de los errores cometidos y de fijar las metas para el nuevo año

Diciembre es un mes para hacer una autoevaluación respecto de lo que se hizo y de lo que se pretende hacer en el futuro inmediato. También es un período en la que se manifiesta el estrés laboral. Los objetivos de todo trabajador no sólo deben estar orientados hacia su realización en el trabajo, sino también en el aspecto personal, dicen los expertos.

RELAJACION Y ESPARCIMIENTO. Al momento del tradicional brindis, lo saludable es que los empleados tengan prefijados sus nuevos objetivos laborales.  ARCHIVO LA GACETA
RELAJACION Y ESPARCIMIENTO. Al momento del tradicional brindis, lo saludable es que los empleados tengan prefijados sus nuevos objetivos laborales. ARCHIVO LA GACETA
18 Diciembre 2007
Diciembre no sólo debe ser un mes de alta concentración de estrés laboral, sino también un tiempo para la autoevaluación, para mirar hacia atrás y sacar conclusiones, pensando hacia adelante, corrigiendo los errores y potenciando las habilidades. Este, también, es un momento en el que muchas organizaciones analizan qué sucedió en el último ejercicio y cuál fue el aporte que hicieron sus recursos humanos. Es lo que en muchas empresas llaman las evaluaciones de desempeño, señala José María Blunda, experto en Desarrollo y Entrenamiento de Recursos Humanos.
"La intención es mirar lo realizado y, desde los diferentes resultados y valoraciones, poder apreciar las contribuciones de cada sector y persona al desarrollo de la empresa", completa el especialista ante la consulta de LA GACETA. Sin embargo, Blunda sugiere no dormirse en los laureles y quedarse con los resultados de una evaluación laboral. También es necesario apuntar a objetivos para ser no sólo un mejor trabajador, sino también a una mejor persona. "No hay nada más contraproducente que concentrarse en los modelos tradicionales de control, donde el acento se pone en buscar los errores y en señalar a los culpables", advierte. Y apunta que eso, además de obstaculizar la crítica y la autocrítica constructiva, impide hacer un aprendizaje de los errores, tan importante como aprender de los aciertos.

La mirada interior
Durante la autoevaluación se conjugan el rol de actor y de observador de quien se somete a ella. "Necesita la información para reflexionar, la disposición al aprendizaje y a la honesta mirada de los propósitos y de los objetivos", considera Blunda.
¿Por dónde empezar? Según el especialista, en el proceso de autoevaluación se conjuga una serie de factores que contribuyen a determinar los resultados alcanzados y las metas a proponerse. "En el balance anual, la sensación de satisfacción es producida por la vivencia de administrar mis tiempos y recursos en función de mis prioridades", dice Blunda. Son los valores y, en este aspecto, vale la pena plantearse: ¿qué es valioso para mi vida?¿dónde están mis principales fuentes de satisfacción?¿Les dedico a mis temas importantes el tiempo y la energía necesaria y posible?
Un segundo aspecto a tener en cuenta para la evaluación personal es la motivación. Por ejemplo, preguntarse, ¿cuáles fueron mis emociones más frecuentes durante el presente año? "Una de las principales necesidades de las personas y de las empresas es crear estados de ánimo y contextos positivos para la acción", señala Blunda. Tanto el sentimiento de realización personal, laboral y las posibilidades de éxito están fuertemente condicionadas a ese aspecto, puntualiza.
En tercer término, durante el autoanálisis deben tomarse en cuenta los conocimientos. Conviene preguntarse si se ha enfrentado problemas surgidos por falta de conocimientos en alguna área o si tiene parámetros médicos acerca del estado de salud actual. "Sea la tarea de atender al público, gerenciar tu propio emprendimiento, resolver un conflicto personal o cambiar un hábito, se requiere incorporar conocimientos que posibiliten poder encarar tus objetivos", aclara el experto.
De ese análisis surgirán áreas y temas para planificar futuras capacitaciones y procesos de aprendizaje que permitan enriquecer la preparación y crear nuevas y mejores condiciones para el éxito laboral y personal. Y esta situación está relacionada con otro eslabón de la autoevaluación: las habilidades. "Es en este punto donde el conocimiento se transforma en sabiduría (la práctica constante) y un nuevo hábito puede mejorar la calidad del trabajador", dice Blunda. Claro que para alcanzar esa calidad se requiere de tiempo y de una convicción de que el esfuerzo personal traerá sus réditos para ser más competente.
Finalmente están las expectativas. "Cuando las metas no son acordes con las posibilidades, cualquier persona va hacia una segura frustración a la hora del balance. Las expectativas deben estar entre lo exigente y lo posible", advierte el consultor. Sea cual fuere la posición en el trabajo o en el hogar, esta es una excelente oportunidad para reflexionar acerca de lo vivido en el año, actualizando metas y reforzando compromisos con el trabajo y con los afectos. "De este balance deben surgir medidas y acciones concretas para estar más cerca de lo que cada uno necesita y valora", concluye Blunda.

Cómo evaluarse con 12 preguntas

¿Cómo ordeno mi tiempo en función de aspectos tales como salud, familia, trabajo, desarrollo personal o las relaciones con mis colegas?

¿Cuál fue el clima laboral en el sector donde trabajo y qué puedo hacer para que no me contamine?

¿Mi motivación fue dañada por factores internos o externos?

¿Tengo la información que necesito para cubrir efectivamente mi posición en el trabajo?

¿Qué habilidades he incorporado en el último año?

¿Qué nueva habilidad me dará mayor autoconfianza personal?

¿Cómo podría recrear las posibilidades de aprendizaje?

¿Mis expectativas fueron coherentes con mis posibilidades?

¿Qué expectativas y qué propósitos he alcanzado?

¿Cuáles de esas metas no me fueron posibles lograrlas?

¿Cuáles fueron los obstáculos que fueron apareciendo a lo largo del año y cómo puedo accionar para superarlos?

¿Qué recursos tengo disponibles para encarar el próximo año?

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