06 Diciembre 2007 Seguir en 
Dicen que por el fruto se conoce el árbol. La consagración del club Lanús como campeón del torneo Apertura de la Asociación del Fútbol Argentino adquiere una doble significación. Por un lado, siempre es una alegría que una institución "chica" y modesta les arrebate el cetro a las grandes y poderosas, tal vez para hacerlas sentir menos omnipotentes. Por otro lado, y quizás mucho más trascendente para la sociedad es el hecho de que Lanús es una extraña flor en un concierto generalizado de clubes al borde de la quiebra, a causa del endeudamiento, de las malas administraciones, de la corrupción y de las mafias.Hace casi tres décadas, la institución "granate" estaba a punto de ser rematada. Los abogados Carlos González, Emilio Chebel y Alejandro Marón tomaron las riendas del asunto. En 1979, el primero de ellos asumió la presidencia. En ese entonces, el equipo jugaba en el torneo de Primera C; no llegaban a 2.000 los socios del club, las deudas superaban los dos millones de dólares, tenían alrededor de 200 juicios y sólo se practicaba fútbol y básquet. En la década de 1980, comenzó un lento pero firme cambio de esa realidad. Desde 1979, González presidió la institución durante doce años; Emilio Chebel, seis, y Alejandro Marón es el actual presidente desde 2003.
En 2001, cuando se puso de moda el promocionado gerenciamiento de clubes que tuvo por conejillo de Indias a Racing, González, entonces presidente de Lanús, se opuso a esta nueva modalidad y afirmó que no se podía vender el sentimiento de la gente. "Estoy totalmente en contra del gerenciamiento de los clubes porque las entidades se fundaron para beneficio de la sociedad en la cual están insertas y no para ser manejadas por particulares. No se puede vender el sentimiento de la gente", afirmó. Y agregó que la crisis en la que desembocaron muchas instituciones en la Argentina se debía a la irresponsabilidad de los dirigentes deportivos. "Los dirigentes que llevaron a los clubes a la quiebra por su irresponsabilidad en el manejo de las entidades, no tuvieron después capacidad para encontrar soluciones que permitieran salir de la crisis", señaló y acotó que en lugar de "aprovecharse" de la quiebra de los clubes, esos empresarios debían formar otra institución para luego insertarse en la sociedad a través del fútbol. "Pero esto no lo hacen, porque lo que buscan es lucrar con el sentimiento de los hinchas, explotando la imagen y el merchandising de la entidad que pasan a conducir. La privatización del fútbol no da garantías para salir de una crisis económica. El tiempo ya demostró claramente que son más las empresas privadas que quiebran que los clubes deportivos", concluyó González en 2001.
La realidad parece haberle dado la razón porque en la actualidad, Lanús posee 25.000 socios, de los cuales 5.000 practican regularmente las más de 30 disciplinas que ofrece el club; un plantel cotizado; una cancha nueva con capacidad para 44.000 personas; no tiene deudas fuera de término y el último balance arrojó un superávit de más de $ 6 millones, según informó el diario "Perfil".
La cosecha fue lenta pero fructífera. Pasaron 28 años de franco crecimiento hasta que Lanús pudo dar la vuelta olímpica en "La Bombonera". Lo importante es que el logro no es sólo mérito del equipo de fútbol sino de la institución, de sus directivos responsables y de sus asociados. Si los otros clubes y la misma sociedad siguieran este ejemplo de trabajo, honestidad y esfuerzo, muchas cosas cambiarían para bien. Se sabe que no hay árbol sano que dé frutos podridos ni hay a la inversa, árbol podrido que dé frutos sanos.
En 2001, cuando se puso de moda el promocionado gerenciamiento de clubes que tuvo por conejillo de Indias a Racing, González, entonces presidente de Lanús, se opuso a esta nueva modalidad y afirmó que no se podía vender el sentimiento de la gente. "Estoy totalmente en contra del gerenciamiento de los clubes porque las entidades se fundaron para beneficio de la sociedad en la cual están insertas y no para ser manejadas por particulares. No se puede vender el sentimiento de la gente", afirmó. Y agregó que la crisis en la que desembocaron muchas instituciones en la Argentina se debía a la irresponsabilidad de los dirigentes deportivos. "Los dirigentes que llevaron a los clubes a la quiebra por su irresponsabilidad en el manejo de las entidades, no tuvieron después capacidad para encontrar soluciones que permitieran salir de la crisis", señaló y acotó que en lugar de "aprovecharse" de la quiebra de los clubes, esos empresarios debían formar otra institución para luego insertarse en la sociedad a través del fútbol. "Pero esto no lo hacen, porque lo que buscan es lucrar con el sentimiento de los hinchas, explotando la imagen y el merchandising de la entidad que pasan a conducir. La privatización del fútbol no da garantías para salir de una crisis económica. El tiempo ya demostró claramente que son más las empresas privadas que quiebran que los clubes deportivos", concluyó González en 2001.
La realidad parece haberle dado la razón porque en la actualidad, Lanús posee 25.000 socios, de los cuales 5.000 practican regularmente las más de 30 disciplinas que ofrece el club; un plantel cotizado; una cancha nueva con capacidad para 44.000 personas; no tiene deudas fuera de término y el último balance arrojó un superávit de más de $ 6 millones, según informó el diario "Perfil".
La cosecha fue lenta pero fructífera. Pasaron 28 años de franco crecimiento hasta que Lanús pudo dar la vuelta olímpica en "La Bombonera". Lo importante es que el logro no es sólo mérito del equipo de fútbol sino de la institución, de sus directivos responsables y de sus asociados. Si los otros clubes y la misma sociedad siguieran este ejemplo de trabajo, honestidad y esfuerzo, muchas cosas cambiarían para bien. Se sabe que no hay árbol sano que dé frutos podridos ni hay a la inversa, árbol podrido que dé frutos sanos.







