Una manifestación de repudio a ETA en Madrid sorprendió por su brevedad
Por primera vez se unieron en la repulsa todos los partidos políticos españoles con representación parlamentaria. Reacción contra el ataque a dos guardias civiles, el sábado, en el sur de Francia. No acudieron los familiares de las víctimas ni Zapatero. En cinco minutos, todo acabó.
05 Diciembre 2007 Seguir en 
MADRID.- En apenas cinco minutos se disolvió la concentración en repulsa por el último atentado de ETA. El acto fue convocado el domingo por todos los partidos políticos representados en el Parlamento español. Un día antes, miembros de la banda terrorista vasca asesinaron a Raúl Centeno, de 24 años, e hirieron de extrema gravedad a Fernando Trapero, de 23, miembros ambos de la Guardia Civil (organismo perteneciente a las Fuerzas de Seguridad del Estado). El hecho, ocurrido en la localidad francesa de Capbreton, motivó la reacción mayoritaria de la clase política que, con la excepción de Acción Nacionalista Vasca (ANV), habría acordado convocar un acto de repudio en la madrileña Puerta de Alcalá, para ayer a las 19.
Pese a que el tiempo estaba inusualmente agradable para esta época del año (el invierno comenzará dentro de 16 días), en la concentración hubo menos público -unas 5.000 personas, según fuentes oficiales- del que esperaban los organizadores.
Puntualmente
El acto comenzó a la hora señalada con la lectura de un manifiesto de condena al atentado. Sin embargo, y para sorpresa de los presentes, a los cinco minutos se dio por concluida la manifestación. En el acontecimiento estuvieron representados los principales partidos políticos de España. Por el Partido Popular (PP) participaron Mariano Rajoy, candidato a la presidencia, y Angel Acebes, ex ministro del Interior del gobierno de José María Aznar; en representación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), actualmente a cargo del gobierno, acudieron Jesús Caldera, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, y José Blanco, secretario de Organización del partido.
Acto sin sentido
La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que no envió representantes, advirtió en un comunicado que la concentración sólo habría tenido sentido si antes se hubieran tomado medidas concretas y urgentes. Según esta asociación, aún siendo imprescindibles, no bastan la acción judicial y policial. "Para que esta concentración tenga sentido, es indispensable revocar antes la resolución parlamentaria que permite al gobierno negociar con ETA", solicitó.
La línea de conducta
Tampoco asistió al acto José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno, que ayer por la mañana visitó a Trapero en el hospital del sur de Francia donde se encuentra internado. Según voceros oficiales, la ausencia de Rodríguez Zapatero obedeció a la falta de precedentes: durante el actual mandato, el jefe de gobierno nunca concurrió a las manifestaciones contra ETA. No obstante este argumento, Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, excusó de otro modo la inasistencia de Zapatero, así como la suya propia. "Las manifestaciones son de los ciudadanos; los gobiernos tenemos que estar en los despachos, que para eso nos pagan", expresó. Manuel, afiliado al PSOE, ensayó una justificación para explicar la ausencia del titular del Gobierno: "el presidente es el presidente y puede hacer lo que quiera".
Ni el himno
Matilde, de 55 años, estaba indignada por lo que ella consideró una vergüenza. "He asistido a todas las marchas contra ETA, y es la primera vez que no nos han permitido ni siquiera entonar el himno español. Es más, cuando intentamos cantarlo, los organizadores subieron el volumen de la música. ¡Qué vergüenza!", manifestó. A escasos metros de allí, un grupo de partidarios del oficialismo gritaba: "¡Otra vez volveremos a votar a ZP!" (siglas con las que Zapatero ganó las últimas elecciones). Durante la desconcentración del público se oían gritos contra ETA, así como vivas en favor de la Guardia Civil. Entre banderas e insignias nacionales, los presentes se resistían a abandonar la plaza, sorprendidos ante la brevedad del acontecimiento. "La gente llegó cuando ya se tenía que ir", afirmó un vendedor ambulante de banderas con los colores patrios. Atribulado, se quejó con amargura: "fue el acto más corto que he visto en mi vida. Casi ni he vendido".
Casi por obligación
Un grupo de españoles discutía sobre las posibles causas de la inusitada brevedad de la cita. "Parece que no estaban muy convencidos. Era como si hubiesen convocado, obligados por los acontecimientos, pero sin mucha fe", aventuró Pedro Fernando. En cambio, atribuyó la apurada disolución de la concentración a la presencia, intimidatoria -según estimó- de grupos de extrema derecha que pretendían sabotear el acto. "La acortaron por prudencia y para evitar altercados", observó Elena en ese sentido.
A las 19.40, la Policía reabrió la plaza al tránsito. De la manifestación no quedaba ni huella puesto que, en poco más de diez minutos, los barrenderos municipales se habían encargado de dejar las calles limpias, como si nada hubiese sucedido. (Irene Benito, exclusivo para LA GACETA)
Pese a que el tiempo estaba inusualmente agradable para esta época del año (el invierno comenzará dentro de 16 días), en la concentración hubo menos público -unas 5.000 personas, según fuentes oficiales- del que esperaban los organizadores.
Puntualmente
El acto comenzó a la hora señalada con la lectura de un manifiesto de condena al atentado. Sin embargo, y para sorpresa de los presentes, a los cinco minutos se dio por concluida la manifestación. En el acontecimiento estuvieron representados los principales partidos políticos de España. Por el Partido Popular (PP) participaron Mariano Rajoy, candidato a la presidencia, y Angel Acebes, ex ministro del Interior del gobierno de José María Aznar; en representación del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), actualmente a cargo del gobierno, acudieron Jesús Caldera, ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, y José Blanco, secretario de Organización del partido.
Acto sin sentido
La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que no envió representantes, advirtió en un comunicado que la concentración sólo habría tenido sentido si antes se hubieran tomado medidas concretas y urgentes. Según esta asociación, aún siendo imprescindibles, no bastan la acción judicial y policial. "Para que esta concentración tenga sentido, es indispensable revocar antes la resolución parlamentaria que permite al gobierno negociar con ETA", solicitó.
La línea de conducta
Tampoco asistió al acto José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno, que ayer por la mañana visitó a Trapero en el hospital del sur de Francia donde se encuentra internado. Según voceros oficiales, la ausencia de Rodríguez Zapatero obedeció a la falta de precedentes: durante el actual mandato, el jefe de gobierno nunca concurrió a las manifestaciones contra ETA. No obstante este argumento, Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro del Interior, excusó de otro modo la inasistencia de Zapatero, así como la suya propia. "Las manifestaciones son de los ciudadanos; los gobiernos tenemos que estar en los despachos, que para eso nos pagan", expresó. Manuel, afiliado al PSOE, ensayó una justificación para explicar la ausencia del titular del Gobierno: "el presidente es el presidente y puede hacer lo que quiera".
Ni el himno
Matilde, de 55 años, estaba indignada por lo que ella consideró una vergüenza. "He asistido a todas las marchas contra ETA, y es la primera vez que no nos han permitido ni siquiera entonar el himno español. Es más, cuando intentamos cantarlo, los organizadores subieron el volumen de la música. ¡Qué vergüenza!", manifestó. A escasos metros de allí, un grupo de partidarios del oficialismo gritaba: "¡Otra vez volveremos a votar a ZP!" (siglas con las que Zapatero ganó las últimas elecciones). Durante la desconcentración del público se oían gritos contra ETA, así como vivas en favor de la Guardia Civil. Entre banderas e insignias nacionales, los presentes se resistían a abandonar la plaza, sorprendidos ante la brevedad del acontecimiento. "La gente llegó cuando ya se tenía que ir", afirmó un vendedor ambulante de banderas con los colores patrios. Atribulado, se quejó con amargura: "fue el acto más corto que he visto en mi vida. Casi ni he vendido".
Casi por obligación
Un grupo de españoles discutía sobre las posibles causas de la inusitada brevedad de la cita. "Parece que no estaban muy convencidos. Era como si hubiesen convocado, obligados por los acontecimientos, pero sin mucha fe", aventuró Pedro Fernando. En cambio, atribuyó la apurada disolución de la concentración a la presencia, intimidatoria -según estimó- de grupos de extrema derecha que pretendían sabotear el acto. "La acortaron por prudencia y para evitar altercados", observó Elena en ese sentido.
A las 19.40, la Policía reabrió la plaza al tránsito. De la manifestación no quedaba ni huella puesto que, en poco más de diez minutos, los barrenderos municipales se habían encargado de dejar las calles limpias, como si nada hubiese sucedido. (Irene Benito, exclusivo para LA GACETA)







