04 Diciembre 2007 Seguir en 
En estos comienzos del siglo XXI, estamos asistiendo a una revolución constante de la ciencia y de la tecnología que contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas. Pese al gran desarrollo en las comunicaciones (internet, blogs, teléfonos móviles, etc.), paradójicamente la sociedad está experimentando un gran retroceso en el ámbito humano. Este se ve reflejado en la descomposición preocupante del tejido social que se manifiesta, por ejemplo, en el incremento del consumo de drogas y de alcohol cuyos protagonistas son los jóvenes.
En nuestra edición de ayer, dedicamos un extenso espacio a una de las modas juveniles: la alcoholización. Un especialista en adicciones señaló que el fenómeno de alcoholizarse se ha convertido en un hobby. A diferencia de otros tiempos, en los que la bebida contribuía como complemento a pasar un grato momento entre amigos, ahora la nueva modalidad adolescente pasa por beber con la intención de intoxicarse. El profesional indicó que el objetivo de los jóvenes es alcanzar un estado de euforia, bienestar, excitación y autosuficiencia. “El problema es que, cuando uno bebe, la asimilación es lenta. Pero los chicos buscan resultados rápidos, por lo que pueden pasar al otro extremo: empezar a sentir sueño, estupor y hasta sufrir un paro respiratorio. Al buscar sólo el efecto están poniendo en riesgo sus vidas”, dijo.
Según las estimaciones del especialista, entre un 60 % y un 70 % de los jóvenes se alcoholiza cada fin de semana y hay muchos casos de precomas alcohólicos, que no se conocen porque no llegan a los hospitales. “Los chicos terminan muy mal, pero se cubren entre amigos y los padres ni se enteran”, aseveró.
Una prueba del aumento de la consumición de bebidas alcohólicas la proporciona una estadística del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA), que indica que en 2003, se labraron 940 actas de infracción, mientras que en lo que va de 2007, la cifra trepó a 7.783. El organismo informó que cada fin de semana se clausuran alrededor de 200 comercios a causa de la venta irregular de alcohol.
En opinión del especialista en adicciones, hay un descreimiento del mundo adulto. Sostuvo que los jóvenes cuestionan a los mayores porque no guardan coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, y que a nadie le importa qué le sucede al otro. “Los mismos padres tienen una actitud depositaria de sus hijos y les echan la culpa a los demás de lo que les pasa. Por ejemplo, los adultos se pasan por mensaje de texto el dato de dónde están ubicados los controles de alcoholemia para evadirlos, pero critican a los chicos cuando hacen lo mismo para saber dónde hay fiestas clandestinas, después de las 4”. Finalmente, indicó que de cinco accidentes graves, en tres de ellos está presente el consumo de alcohol.
Esta realidad, por cierto, no es desconocida. A menudo nuestro diario se hace eco de esta problemática a través de notas o editoriales. Es un problema que atañe no sólo a los gobernantes, sino también a la comunidad en general. Este comportamiento de los jóvenes está revelando una significativa falta de comunicación y de contención por parte de sus progenitores, en esta era de las comunicaciones. Los modelos que impone la sociedad de consumo distan mucho de aquellos que nos hablan de la dignidad, de la cultura del esfuerzo, del estudio, de la nobleza, valores que se hallan actualmente desdibujados.
Si bien el problema se avizora como complejo, la llave de una solución pareciera seguir siendo la educación y el fortalecimiento de la prevención. Si no lo entendemos así, en pocos años será demasiado tarde para intentar derrotar esta perniciosa modalidad.
En nuestra edición de ayer, dedicamos un extenso espacio a una de las modas juveniles: la alcoholización. Un especialista en adicciones señaló que el fenómeno de alcoholizarse se ha convertido en un hobby. A diferencia de otros tiempos, en los que la bebida contribuía como complemento a pasar un grato momento entre amigos, ahora la nueva modalidad adolescente pasa por beber con la intención de intoxicarse. El profesional indicó que el objetivo de los jóvenes es alcanzar un estado de euforia, bienestar, excitación y autosuficiencia. “El problema es que, cuando uno bebe, la asimilación es lenta. Pero los chicos buscan resultados rápidos, por lo que pueden pasar al otro extremo: empezar a sentir sueño, estupor y hasta sufrir un paro respiratorio. Al buscar sólo el efecto están poniendo en riesgo sus vidas”, dijo.
Según las estimaciones del especialista, entre un 60 % y un 70 % de los jóvenes se alcoholiza cada fin de semana y hay muchos casos de precomas alcohólicos, que no se conocen porque no llegan a los hospitales. “Los chicos terminan muy mal, pero se cubren entre amigos y los padres ni se enteran”, aseveró.
Una prueba del aumento de la consumición de bebidas alcohólicas la proporciona una estadística del Instituto Provincial de Lucha contra el Alcoholismo (IPLA), que indica que en 2003, se labraron 940 actas de infracción, mientras que en lo que va de 2007, la cifra trepó a 7.783. El organismo informó que cada fin de semana se clausuran alrededor de 200 comercios a causa de la venta irregular de alcohol.
En opinión del especialista en adicciones, hay un descreimiento del mundo adulto. Sostuvo que los jóvenes cuestionan a los mayores porque no guardan coherencia entre lo que dicen y lo que hacen, y que a nadie le importa qué le sucede al otro. “Los mismos padres tienen una actitud depositaria de sus hijos y les echan la culpa a los demás de lo que les pasa. Por ejemplo, los adultos se pasan por mensaje de texto el dato de dónde están ubicados los controles de alcoholemia para evadirlos, pero critican a los chicos cuando hacen lo mismo para saber dónde hay fiestas clandestinas, después de las 4”. Finalmente, indicó que de cinco accidentes graves, en tres de ellos está presente el consumo de alcohol.
Esta realidad, por cierto, no es desconocida. A menudo nuestro diario se hace eco de esta problemática a través de notas o editoriales. Es un problema que atañe no sólo a los gobernantes, sino también a la comunidad en general. Este comportamiento de los jóvenes está revelando una significativa falta de comunicación y de contención por parte de sus progenitores, en esta era de las comunicaciones. Los modelos que impone la sociedad de consumo distan mucho de aquellos que nos hablan de la dignidad, de la cultura del esfuerzo, del estudio, de la nobleza, valores que se hallan actualmente desdibujados.
Si bien el problema se avizora como complejo, la llave de una solución pareciera seguir siendo la educación y el fortalecimiento de la prevención. Si no lo entendemos así, en pocos años será demasiado tarde para intentar derrotar esta perniciosa modalidad.







