La programación deportiva necesita cambios de fondo

03 Diciembre 2007
El calor llegó e indujo a lo que, sistemáticamente, ocurre con el deporte tucumano: cayó una vez más en sus históricos vicios y costumbres, tales como persistir disputando de torneos y competencias de disciplinas que debieran haber cerrado a actividad anual hace varias semanas. Esto, alentado por las programaciones caóticas pergeñadas durante el año por los dirigentes, representa un atentado a la salud de quienes compiten, del público que elige presenciar los espectáculos y de quienes ofician como auxiliares. Hasta cuándo se permitirá este tipo de atropellos, es la pregunta que sobreviene cada día y que las autoridades competentes deberán responder.
No hace mucho tiempo planteamos en esta columna que las transformaciones climáticas que experimenta el planeta obligan a numerosos cambios de hábitos por parte de la población mundial. Uno de ellos fue tomar más y mejores recaudos al decidir cuándo efectuar actividades físicas en días de sol intenso y, por ello, de temperaturas muy elevadas. Pero en Tucumán pocos parecen acusar recibo de tal situación. En ese sentido, la resolución del Sistema Provincial de Salud, basada en la ley de medicina del deporte que limita estas tareas a una franja horaria de noviembre a febrero, debiera ser revisada o, en todo , mejorada, porque parece haber quedado perimida. Sin embargo, pese a lo delicado de la cuestión, las autoridades no mostraron avance alguno en reconsiderar el asunto.
Y si en los niveles federados la sinrazón gana lugar año a año y se hace caso omiso a las conclusiones de los especialistas sobre los daños que produce el trabajo físico al aire libre sobre la piel y el organismo en general, en el ambiente amateur -competitivo o recreativo-, los tucumanos tampoco se cuidan. Así, apenas comenzado diciembre, aún es normal ver a atletas efectuando sus rutinas en zonas como Yerba Buena o los grandes parques de la capital, en horarios inoportunos y en condiciones inapropiadas. Esta falta de concientización es propia tanto de jóvenes como de adultos por igual y representa un poderoso foco de alarma para los especialistas, cuyas palabras de recomendación caen en saco roto por actos deportivos alejados de la responsabilidad y del cuidado personal. Nadie debe olvidar que las situaciones de asfixia, deshidratación y episodios cardiovasculares deben en todos los casos ser tenidos muy en cuenta.
Quizás el mal ejemplo de cómo en Tucumán no se cuida la salud del deportista lo dé la actividad con motores. Los ensayos de la prueba de enduro que se realizó en Escaba durante este fin de semana se hicieron bajo una temperatura extrema. Algo similar sucedió con el karting en su penúltima fecha de noviembre. Y, para agravar el cuadro, bueno es recordar que el rally provincial aún no concluyó su campeonato, que increíblemente finalizará a mediados de diciembre.
Esto último representa un caso serio: el perfil del deporte -de alto riesgo- obliga a que se adopten rigurosas medidas de seguridad; la falta de confort de quienes compiten -por estar obligados a llevar buzo antiflama reglamentario, además de casco,  guantes y botas y correr a altas velocidades con temperaturas cercanas o superiores a los 40 grados-, no ayuda en nada a mejorarla.
Pero no sólo los pilotos se ven expuestos a riesgos altos: también lo están los futbolistas -grandes y pequeños-, los golfistas, los atletas y todos aquellos deportistas que aún hoy desarrollan sus tareas al aire libre, en meses en los que el sol produce un efecto nocivo sobre la salud.
De una vez por todas, se debe legislar correctamente para evitar estos excesos. Las cuestiones que atañen a la salud no representan un tema cualquiera; por eso, nunca se deben hacer concesiones ni callar frente a atropellos de esta naturaleza.

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