Internet esconde peligros para los más chicos

02 Diciembre 2007
Nadie puede negar la trascendental revolución que significó sobre el final del siglo XX y el comienzo del nuevo milenio la popularización de un instrumento tecnológico como internet, que produjo un cambio fundamental en los mecanismos de acceso a la información y, con ello, un impacto sin precedentes en las costumbres de casi todos los estratos sociales.
   El hecho de que hoy sea posible consultar en segundos periódicos de todo el mundo, establecer búsquedas temáticas que arrojan casi instantáneamente centenares de miles de documentos relacionados con el asunto que se investiga, unido a la facilidad con la que se puede tomar contacto en tiempo real con personas ubicadas en cualquier punto del planeta a través de herramientas como el chat o el correo electrónico han provocado cambios sustanciales en el comportamiento de los seres humanos; estas nuevas costumbres resultan más evidentes entre los jóvenes y los niños, que parecen tener una predisposición innata para manejar con más soltura que los adultos y los ancianos las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación.
   Si la irrupción de la televisión marcó importantes diferencias en el panorama de las comunicaciones en la segunda mitad del siglo pasado, las consecuencias de la popularización de un medio que propone una interactividad infinitamente superior a la de la TV están apenas asomando.
   Al mismo tiempo que especialistas en distintas disciplinas resaltan el potencial que el uso de internet tiene sobre las nuevas generaciones como un eficiente puerto de acceso a la información de todo tipo, los mismos estudiosos advierten que la utilización indiscriminada de tan abrumador volumen de datos puede tener consecuencias insospechadamente negativas sobre la formación de los niños y de los adolescentes.
   Hace pocos días nuestro diario publicó los inquietantes resultados de un estudio realizado por una ONG local, que revelan que nueve de cada 10 chicos tucumanos tienen acceso a material pornográfico en internet de manera accidental. El trabajo advierte que los lugares que más frecuentan los menores para ver imágenes con fuerte contenido sexual son los cibercafés, ya que la mayoría de estos locales no cuenta con filtros eficaces para impedir el acceso a ese tipo de material.
   El primer contacto del chico -el estudio indica que la edad promedio del inicio de consumo pornográfico es de 11 años en los varones- suele producirse por casualidad, ya que los buscadores arrojan interminables listados ante la consulta de cualquier tema, y es posible que algunas de las direcciones mostradas como resultado lleven a páginas con contenido no apto para menores. Lo que ocurre un par de veces de manera accidental puede transformarse en una adicción difícil de controlar. Muy pocos padres están al tanto de esta situación que, de acuerdo con la opinión de los especialistas, coloca a los chicos en una posición de vulnerabilidad ante el abuso sexual.
   Internet es una maravillosa herramienta, pero su uso debe administrarse con prudencia; es tarea de los padres tomar conciencia del peligro que entraña el consumo de material pornográfico por parte de sus hijos y, en consecuencia, es su deber tomar los recaudos para preservarlos de las consecuencias nocivas que entraña ese tipo de prácticas. Sólo mediante un atento seguimiento de las conductas de los niños y de la acción serena, pero enérgica, ante la detección de indicios que alerten sobre el problema, se logrará poner a los pequeños a salvo de un riesgo que hoy ya es una inquietante realidad.

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