28 Noviembre 2007 Seguir en 
Pablo Antonio Amín cumplirá hoy un mes en el hospital Obarrio. Desde el 28 de octubre, el santiagueño de 24 años permanece allí tras haber asesinado a su esposa, María Marta Arias, a quien torturó, estranguló y finalmente mutiló con una saña escalofriante. La Justicia aún no sabe qué hará con el sospechoso. Por eso, cuando los psiquiatras y psicólogos que lo están atendiendo lo crean conveniente, Amín será sometido a una junta médica, cuyos integrantes decidirán si es inimputable.
Amín y Arias llegaron a Tucumán desde la ciudad santiagueña de La Banda el 27 de octubre. Se alojaron en la habitación 514 del Catalinas Park. Ambos debían participar de un congreso de la firma Herbalife, para la cual trabajaron. Con ellos arribaron otras dos parejas.
Durante ese sábado Amín protagonizó varios incidentes. Visitó la Catedral, donde pidió ser bautizado, y luego tomó agua bendita de una jarra. Les pidió a varias personas que asistían a bautismos que lo fotografiaran junto a su esposa y luego salió corriendo hacia el exterior. Ya en la calle intentó subirse a varios vehículos, mientras gritaba que lo perseguían y que querían matarlo. Finalmente fue interceptado por un agente de Patrulla Urbana, quien, al interrogarlo advirtió que estaba delirando. Entonces lo llevaron hasta la sede de esa dependencia policial, desde donde fue derivado al Hospital Padilla. Allí aparentemente robó una hoja de bisturí. Fue atendido por un neurocirujano, quien luego le dio el alta médica. Junto a Arias y a sus amigos comió en un bar de la zona, y luego regresó al hotel. Subió abrazado a su esposa hasta la habitación, y allí se desató la locura.Según comprobaron luego los investigadores, comandados por el comisario Miguel Gómez y supervisados por la fiscal Adriana Reinoso Cuello, el joven golpeó ferozmente a su esposa, le practicó cortes en distintas partes y finalmente la estranguló. Luego, aparentemente utilizando la hoja de bisturí, le sacó los globos oculares. Finalmente arrastró el cadáver hasta el primer piso, donde siguió golpeándola hasta que lo vio un empleado del hotel. Hicieron falta cinco personas para reducirlo.
Según indicaron fuentes médicas, Amín alterna días buenos con otros muy malos. Durante estos últimos, los profesionales deben sedarlo, ya que existe peligro de que se lesione. Advirtieron que el joven está ubicado en tiempo y lugar, pero que hasta el momento jamás hizo referencia a lo sucedido en el hotel. La fiscal aún no lo interrogó, ya que los médicos primero deben decidir si es inimputable.
Los defensores Roberto Flores y Martín Zottoli entregarán hoy un escrito en el que solicitarán que se llame a declarar a la hermana y a la madre del homicida. "Pretendemos que ellas relaten aspectos de la vida de Pablo", explicó Flores. El abogado presume que pasarán varias semanas hasta que Amín esté en condiciones de ser sometido a la junta médica. "Los plazos procesales están suspendidos. La fiscal tiene todo el tiempo a su disposición para esclarecer lo que pasó", agregó. Mario Leiva Haro, representante de la familia Arias, aseguró que se trató de un homicidio premeditado. "Todo esto fue planeado. Si no, no se entiende por qué robó un bisturí", dijo el letrado.
Ayer Amín pasó toda la tarde aferrado al que se convirtió en su libro de cabecera: la Biblia. Hasta ahora, nadie pudo establecer que lo llevó a perpetrar el bárbaro ataque.
Amín y Arias llegaron a Tucumán desde la ciudad santiagueña de La Banda el 27 de octubre. Se alojaron en la habitación 514 del Catalinas Park. Ambos debían participar de un congreso de la firma Herbalife, para la cual trabajaron. Con ellos arribaron otras dos parejas.
Durante ese sábado Amín protagonizó varios incidentes. Visitó la Catedral, donde pidió ser bautizado, y luego tomó agua bendita de una jarra. Les pidió a varias personas que asistían a bautismos que lo fotografiaran junto a su esposa y luego salió corriendo hacia el exterior. Ya en la calle intentó subirse a varios vehículos, mientras gritaba que lo perseguían y que querían matarlo. Finalmente fue interceptado por un agente de Patrulla Urbana, quien, al interrogarlo advirtió que estaba delirando. Entonces lo llevaron hasta la sede de esa dependencia policial, desde donde fue derivado al Hospital Padilla. Allí aparentemente robó una hoja de bisturí. Fue atendido por un neurocirujano, quien luego le dio el alta médica. Junto a Arias y a sus amigos comió en un bar de la zona, y luego regresó al hotel. Subió abrazado a su esposa hasta la habitación, y allí se desató la locura.Según comprobaron luego los investigadores, comandados por el comisario Miguel Gómez y supervisados por la fiscal Adriana Reinoso Cuello, el joven golpeó ferozmente a su esposa, le practicó cortes en distintas partes y finalmente la estranguló. Luego, aparentemente utilizando la hoja de bisturí, le sacó los globos oculares. Finalmente arrastró el cadáver hasta el primer piso, donde siguió golpeándola hasta que lo vio un empleado del hotel. Hicieron falta cinco personas para reducirlo.
Según indicaron fuentes médicas, Amín alterna días buenos con otros muy malos. Durante estos últimos, los profesionales deben sedarlo, ya que existe peligro de que se lesione. Advirtieron que el joven está ubicado en tiempo y lugar, pero que hasta el momento jamás hizo referencia a lo sucedido en el hotel. La fiscal aún no lo interrogó, ya que los médicos primero deben decidir si es inimputable.
Los defensores Roberto Flores y Martín Zottoli entregarán hoy un escrito en el que solicitarán que se llame a declarar a la hermana y a la madre del homicida. "Pretendemos que ellas relaten aspectos de la vida de Pablo", explicó Flores. El abogado presume que pasarán varias semanas hasta que Amín esté en condiciones de ser sometido a la junta médica. "Los plazos procesales están suspendidos. La fiscal tiene todo el tiempo a su disposición para esclarecer lo que pasó", agregó. Mario Leiva Haro, representante de la familia Arias, aseguró que se trató de un homicidio premeditado. "Todo esto fue planeado. Si no, no se entiende por qué robó un bisturí", dijo el letrado.
Ayer Amín pasó toda la tarde aferrado al que se convirtió en su libro de cabecera: la Biblia. Hasta ahora, nadie pudo establecer que lo llevó a perpetrar el bárbaro ataque.







