27 Noviembre 2007 Seguir en 
El día en el que se cumplieron tres meses del hallazgo del cadáver de Carla Romina Ortega, una de las sospechosas dio una nueva versión sobre cómo se desencadenó su muerte. L, de 16 años, declaró ante el fiscal Pedro Gallo que Carla murió accidentalmente y acusó a dos hombres de haberla amenazado de muerte para que no dijera lo que había sucedido.
La imputada aceptó por primera vez haber estado con Carla el sábado 25 de agosto, cuando cayó a un precipicio ubicado a la vera de la ruta 338, que conduce a San Javier. También aseguró que las hermanas Lorena del Valle y Joana Alderete, otras dos jóvenes sobre las que recaían algunas sospechas, no tienen nada que ver en el caso.
L, asistida por Pablo Rivera y Ariel Lezcano, dijo que ella fue a San Javier con J., la otra menor acusada, y con Carla en una moto. En otro rodado similar, advirtió, lo hicieron dos jóvenes a los que identificó como "Maxi" y "Pigu". Relató que los cinco estaban charlando al borde de un precipicio y que de manera accidental Ortega cayó. Según confirmaron los abogados defensores, las dos jóvenes y los dos muchachos intentaron auxiliar a Carla, pero como el barranco era muy pronunciado no pudieron. L. aseguró que le gritaron a Carla; como ella no les contestó supusieron lo peor y, tras hablar entre ellos, decidieron abandonarla. "Ellos (por los dos hombres) nos dijeron que nos fuéramos y nos amenazaron con que iban a matarnos si contábamos lo que había pasado. Nos obligaron a que bajáramos primero para que ellos nos vigilaran, por las dudas pretendiéramos pedir ayuda", habría explicado L. a Gallo. Carla agonizó durante varias horas antes de fallecer, según determinó la autopsia.
Los abogados de L., que declaró después de tres intentos fallidos, le pidieron al fiscal que solicitara la detención de los dos jóvenes.
"Ella contó toda la verdad. Somos optimistas respecto de los resultados de su declaración. Aportó nuevos indicios para que se aclare el caso", destacó Rivera. Desde hace dos meses y medio, L. permanece alojada en el Instituto Goretti a disposición de la jueza de Menores Nora Wexler.
J., la otra acusada -se encuentra en libertad, ya que por su edad es inimputable-, había declarado la semana pasada que Carla no murió en un accidente, sino que fue víctima de un homicidio con ribetes pasionales. Asistida por Leonardo Coria y Carlos Picón, acusó a L., a las hermanas Alderete y a una cuarta joven, a la que identificó como F., de haber participado en el hecho. Sin embargo, nunca pudo aclarar por qué sobre el cuerpo de Carla se encontró un pelo suyo. Ese cabello está siendo sometido a una pericia genética.
La familia de la víctima, por intermedio de su abogada Mónica Beatriz López, les restó importancia a los dichos de L. "Es una estrategia defensiva. Estamos seguros, por las pruebas que existen, de que se trató de un homicidio", señaló. Sin embargo, los informes que tiene en su poder Gallo indican que Carla murió en forma accidental; el cuerpo no presentaba ninguna lesión que indicara que había sido asesinada.
La imputada aceptó por primera vez haber estado con Carla el sábado 25 de agosto, cuando cayó a un precipicio ubicado a la vera de la ruta 338, que conduce a San Javier. También aseguró que las hermanas Lorena del Valle y Joana Alderete, otras dos jóvenes sobre las que recaían algunas sospechas, no tienen nada que ver en el caso.
L, asistida por Pablo Rivera y Ariel Lezcano, dijo que ella fue a San Javier con J., la otra menor acusada, y con Carla en una moto. En otro rodado similar, advirtió, lo hicieron dos jóvenes a los que identificó como "Maxi" y "Pigu". Relató que los cinco estaban charlando al borde de un precipicio y que de manera accidental Ortega cayó. Según confirmaron los abogados defensores, las dos jóvenes y los dos muchachos intentaron auxiliar a Carla, pero como el barranco era muy pronunciado no pudieron. L. aseguró que le gritaron a Carla; como ella no les contestó supusieron lo peor y, tras hablar entre ellos, decidieron abandonarla. "Ellos (por los dos hombres) nos dijeron que nos fuéramos y nos amenazaron con que iban a matarnos si contábamos lo que había pasado. Nos obligaron a que bajáramos primero para que ellos nos vigilaran, por las dudas pretendiéramos pedir ayuda", habría explicado L. a Gallo. Carla agonizó durante varias horas antes de fallecer, según determinó la autopsia.
Los abogados de L., que declaró después de tres intentos fallidos, le pidieron al fiscal que solicitara la detención de los dos jóvenes.
"Ella contó toda la verdad. Somos optimistas respecto de los resultados de su declaración. Aportó nuevos indicios para que se aclare el caso", destacó Rivera. Desde hace dos meses y medio, L. permanece alojada en el Instituto Goretti a disposición de la jueza de Menores Nora Wexler.
J., la otra acusada -se encuentra en libertad, ya que por su edad es inimputable-, había declarado la semana pasada que Carla no murió en un accidente, sino que fue víctima de un homicidio con ribetes pasionales. Asistida por Leonardo Coria y Carlos Picón, acusó a L., a las hermanas Alderete y a una cuarta joven, a la que identificó como F., de haber participado en el hecho. Sin embargo, nunca pudo aclarar por qué sobre el cuerpo de Carla se encontró un pelo suyo. Ese cabello está siendo sometido a una pericia genética.
La familia de la víctima, por intermedio de su abogada Mónica Beatriz López, les restó importancia a los dichos de L. "Es una estrategia defensiva. Estamos seguros, por las pruebas que existen, de que se trató de un homicidio", señaló. Sin embargo, los informes que tiene en su poder Gallo indican que Carla murió en forma accidental; el cuerpo no presentaba ninguna lesión que indicara que había sido asesinada.
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