"La droga no respeta religión, nivel de estudios ni clase social"

Alarma. El obispo de Concepción dijo que la Iglesia recibe cada vez más pedidos de ayuda. Monseñor Rossi participó de la asamblea episcopal que pidió que se luche frontalmente contra el tráfico de estupefacientes.

NEGOCIO FABULOSO. La Iglesia embistió contra los “mercaderes de la muerte” que trafican drogas. LA GACETA / HECTOR PERALTA
NEGOCIO FABULOSO. La Iglesia embistió contra los “mercaderes de la muerte” que trafican drogas. LA GACETA / HECTOR PERALTA
14 Noviembre 2007
No es sólo un documento pastoral, sino una propuesta de trabajo para la Argentina, que la Iglesia pone en marcha a partir de su preocupación por el avance de la drogadicción y del negocio que la genera, dijo el obispo de Concepción, monseñor Armando José María Rossi.
"Es un tema que nos toca de cerca. Todos conocemos a alguien que sufre debido a la droga: un amigo, un pariente, el hijo de alguien que conocemos... Se trata de una preocupación que recibo cada vez más de parte de padres de familia, de curas y de las instituciones. Por eso, tengo la impresión de que en Tucumán este flagelo se extiende cada vez más -señaló Rossi-, y que no respeta religión ni clase social, sexo o nivel de estudios".
El prelado participó de la reunión de los obispos argentinos el fin de semana pasado en Pilar, provincia de Buenos Aires, tras la que pidieron que se encare una lucha frontal contra la droga. "La lucha contra la drogodependencia no es un interrogante sin respuesta, aunque nunca será sencilla. La situación es grave y requiere una acción de la sociedad, que a corto plazo pueda transformarse en política de estado", dice la carta pastoral.
"La preocupación de la Iglesia surge a partir de que vemos que es un problema serio en la Argentina; no sólo por lo que muestran los números oficiales, sino que lo vemos en las diócesis", indicó Rossi a LA GACETA.
La propuesta de trabajo fue elaborada por la comisión de Pastoral Social de la Iglesia, a partir de los informes que recabaron de datos oficiales y de la experiencia de los propios religiosos que trabajan en contacto con la gente. "Hay que formar una red social para que nos ayude a enfrentar el problema; ya sean instituciones del Estado o gente que tiene experiencia en esta tarea", señaló.
"Vimos qué se está haciendo y qué se puede hacer y analizamos las causas profundas de este avance de la droga, pensando no sólo en que es una adicción, sino un gran negocio", dijo, y añadió que en la asamblea de obispos se discutió la necesidad de "dar la cara y decir cosas, aunque moleste a algunos intereses". "En algún momento habrá que denunciarlos y reclamar medidas fuertes", señaló.
Respecto de las "causas profundas" que llevan a una persona a la adicción, Rossi habló de la "debilidad espiritual y humana" de la que se aprovechan los traficantes. La Iglesia, dijo, se propone trabajar sobre el fortalecimiento de la "cultura de la vida". "El adicto es una persona que busca evasión y que tiene que ser ayudada para descubrir que la vida tiene sentido", manifestó.

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