El derecho a imaginar un futuro
Muchos tucumanos se preguntan, no sin angustia, cuánto más habrán de esperar hasta que el Gobierno se acuerde de ellos. Por Gustavo Martinelli - Redacción de LA GACETA.
11 Noviembre 2007 Seguir en 
Igual que el agua estancada, la sociedad que no circula se pudre. No sólo desde el punto de vista moral, sino también desde la más profana realidad material. El grotesco espectáculo del microcentro que en estos días está volviendo a ser invadido por los vendedores ambulantes y los punguistas, dejó en claro que, lejos de evolucionar, la sociedad tucumana sigue en medio de un lodazal. A pesar de que las autoridades municipales y provinciales se plantean año a año distintas estrategias para conseguir que la capital tucumana sea nuevamente una ciudad ejemplar en el contexto regional, poco se ha logrado hasta el momento. El Congreso Iberoamericano de Parques y Jardines, que reunió en nuestra ciudad a expertos de todo el mundo y que concluyó el jueves, se realizó en medio de una plaza Independencia tomada por los vendedores ambulantes, una ciudad contaminada por las cenizas y el polvo en suspensión, las peatonales estropeadas y un tránsito desbordado y violento que genera accidentes graves casi a diario. De hecho, la delegación española puso el grito en el cielo ante una supuesta discriminación por parte de los organizadores del Congreso, y se retiraron enojados de la provincia. A eso se suma el hecho de que, en materia de vuelos, la provincia está avanzando cada vez más hacia un irremediable aislamiento. Eso sí, hay muy buena voluntad. Pero la buena voluntad no alcanza para conformar al visitante que viene a Tucumán a buscar aquel jardín que le prometieron en los folletos turísticos. Una casa es lo que hacen de ella sus habitantes. Y -va siendo tiempo de aceptarlo- Tucumán es hoy una provincia que exhibe sus miserias a la luz del día, aunque las autoridades digan lo contrario. Los que viven en la provincia tampoco la pasan bien. Porque ningún tucumano bien nacido puede acostumbrarse a vivir en una ciudad que poco a poco fue perdiendo su poesía. En el frente interno, es evidente el hartazgo de los ciudadanos frente a tantas muestras de caos que padecen a diario en las calles. "Todo pueblo tiene el derecho de imaginar su futuro y también a imaginar su pasado", escribió el mexicano Carlos Fuentes. Y es que en realidad no hay un futuro posible con un pasado muerto. Como tampoco lo hay con un presente agonizante. Por eso, va siendo tiempo de que se tome en serio el proyecto de ciudad que se quiere para el futuro. Una punta ya la dio el Gobierno al iniciar un plan de revalorización de los edificios históricos que rodean la plaza Independencia y la creación del Paseo Independencia en torno de la Casa Histórica. Pero nada se hizo para mejorar las veredas rotas en el centro, las peatonales tomadas por la basura y la mutación del verde por el gris. En materia turística, Tucumán sigue postergada y el verano está a la vuelta de la esquina. Así las cosas, muchos tucumanos se preguntan, no sin angustia, cuánto más habrán de esperar para que el Gobierno piense en ellos y les asegure las garantías básicas de una democracia: paz, orden, respeto por los derechos de todos y fiel cumplimiento de la Constitución. Ningún tucumano bien pensante reclama un salto al Primer Mundo, como parecen creer ciertos funcionarios y asesores de turno. Simplemente pide, ruega y exige que los gobernantes comprendan algo muy simple: que la batalla está planteada entre la legalidad y la ilegalidad. Y que no hay otra forma de ganarla que con la Constitución Nacional y las leyes en las manos. Es decir, simplemente para aquello por lo que los ciudadanos fueron a las urnas el mes pasado.







