El desaguisado de las comunas

El ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, debe lidiar con la herencia que el alperovichismo se legó a sí mismo. La cacería de los supervivientes del jurismo. Una coalición que dejó enseñanzas para algunos opositores. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

11 Noviembre 2007
El hilo se corta por lo más delgado. Así piensa más de un comisionado comunal ante la ola moralizadora de la gestión que motoriza el gobernador José Alperovich. Es bueno que desde lo más alto del poder político se busquen erradicar las prácticas administrativas reñidas con la ley y se obligue a decir en qué y cómo se invierten los dineros públicos. La sociedad está contenta con ello porque presume que se habrá ganado en transparencia.
Sin embargo, la realidad no es tan simple ni merece una explicación ingenua. ¿Cómo es posible que la Casa de Gobierno haya ignorado que al 50% de las comunas rurales el Banco del Tucumán les rechazó los cheques porque fueron destinados a gastos ajenos a los fines específicos de esas instituciones? Sorprende que el alarmante dato se conozca tras la asunción de los funcionarios comunales y pocos días después de las elecciones presidenciales. Esas jerarquías gubernativas dominan las localidades del interior y forman parte de la columna vertebral de la maquinaria peronista. Son los amos y señores de muchos pueblos empobrecidos y las llaves del éxito electoral del justicialismo en el interior. Con sus ambiciones de reelección, coadyuvaron a la consolidación del proyecto continuista de Alperovich en los comicios provinciales del 26 de agosto. Aunque no todos llegaron a buen puerto: sólo 39 fueron confirmados por el vecindario.
Desde el 29 de octubre de 2003 aprendieron que deben reportarse sólo ante el gobernador o ante su delegado de mayor confianza, que hasta el 28 de octubre pasado era Sergio Mansilla. Curiosamente, a Mansilla lo salvó el gong cuando entró en vía muerta una denuncia del ¿radical? Ariel García, por incumplimiento de los deberes de funcionario público, ante la falta de rendición de cuentas de los comisionados en 2005. En un agujero negro se extravió la diferencia de $ 164 millones que dijo haber detectado García al comparar las cifras de la Contaduría General de la Provincia con las que suministró entonces Mansilla.
Alperovich lo defendió a capa y espada. Lo protegió y lo encumbró hasta hacerlo el tercero en la sucesión constitucional -es el presidente subrogante de la Legislatura-. A esta altura de los hechos resulta francamente poco admisible que el gobernador hubiera desconocido el monumental desorden en que se hallaban los números de las comunas. El estilo verticalista de conducción que ha impuesto no lo favorece en esta circunstancia. Mansilla ha insistido en que el Tribunal de Cuentas aprobó todos sus actos.
No se disipó, sin embargo, la atmósfera de poca transparencia que rodeó al control de las comunas rurales. La jura de Osvaldo Jaldo como ministro del Interior es el reconocimiento de los desaguisados que el alperovichismo se legó a sí mismo.

El costo del orden
La tarea de ordenamiento administrativo de Jaldo le insumirá múltiples energías. Su margen de acción no será infinito. Le recortará movimientos el nutrido equipo de secretarios de Estado, de indiscutible fidelidad al gobernador. De entre ellos sobresale Javier Noguera, con experiencia anterior en el Ministerio de Gobierno. El ajuste de personal en las comunas tiende a restablecer la salud de las finanzas públicas, aunque genera reacciones de las organizaciones sindicales del interior. Los cimbronazos del reacomodamiento se sentirán en la cartera de Jaldo.
A la Legislatura le alcanzó también el recorte de empleos, aunque concentrado sobre los remanentes del jurismo. Del descabezamiento acusan a Juan Ruiz Olivares -ahora funcionario de la Cámara- y a los legisladores Roque Alvarez, Sisto Terán y José Alberto Cúneo Vergés. "Es una decisión política del gobernador", machaca Ruiz Olivares, cada vez que le preguntan sobre el porqué de las cesantías. Equilibrar los egresos con los recursos disponibles es una disposición políticamente sana, pero sirve también para castigar a los díscolos de turno.
El ex vicegobernador Fernando Juri, que se quedó sin el pan y sin la torta en 2007, no bajó los brazos. Madura la idea de disputar la gobernación en 2011, aun cuando no está claro por dónde se insertará. Tampoco si será funcionario de la presidenta electa Cristina Fernández de Kirchner. a partir del 10 de diciembre. Pero sí existen evidencias ciertas de que la Casa de Gobierno lo quiere mantener contra las cuerdas.
De la misma manera, las tensiones entre el Gobierno municipal y el alperovichismo ortodoxo son indisimuladas. El despegue del intendente Domingo Amaya es una hipótesis que intranquiliza a los arquitectos del poder. La cuestión de la sucesión del gobernador no es baladí ni le es indiferente a la Casa Rosada.

Qué hacer
Las incertidumbres de la vida política no dan respiro. Los caminos de la oposición al alperovichismo están lejos de unificarse. La inesperada elección de José Ignacio García Hamilton frustró la entrada de la quinta candidata a diputada del oficialismo. El resultado desató discusiones dentro del mundo oficialista. Se cruzaron acusaciones entre los nuevos y los viejos miembros del alperovichismo. Pero el peronismo gobernando ejerce el poder de manera verticalista, con uso pleno de las atribuciones que le da la Constitución. El radical Luis González (Simoca) pondrá a prueba su fibra política si decide mantener su identidad desde la intendencia. Es el único funcionario municipal electo en su calidad de opositor al Frente de la Victoria.
El kirchnerismo puede doblegarlo con la seducción de la asistencia financiera generosa o bien hallar una resistencia política inesperada. Esta última podría consistir en una eventual denuncia por discriminación en la distribución de los dineros que le corresponden. De González dependerá, en última instancia, qué escenario elegirá para situarse frente al poder de Alperovich. Mansilla le birló antes la intendencia de Aguilares al radicalismo con el pase de Agustín Fernández.
La complicada situación interna de la UCR desalentó la vuelta de la dirigencia de Pueblo Unido, con el legendario Gumersindo Parajón. La acentuada dispersión interna de aquel partido en los ámbitos provincial y nacional congeló el proyecto. Esperan mejores tiempos para reabrir el intercambio de ideas. Sin embargo, entienden que el espíritu de la coalición que le arrebató una diputación nacional al alperovichismo debe consolidarse con la incorporación de nuevos socios.
La enseñanza que dejó la elección del 29 de octubre es que ofertando imágenes nuevas, sin desgaste político y con mensajes claros, se puede competir con el oficialismo. Quienes creen esto, sostienen también que una sociedad política abierta y de naturaleza plural,puede ser el soporte de una empresa de renovación. Pero la racionalidad no es la que priva siempre en los cuadros de la política. Las mezquindades sectoriales y personalistas bloquean las ideas más seductoras. El oficialismo se hace fuerte en cambio en su capacidad de conservación del poder sin renunciar a ningún recurso.

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