El difícil tango rioplatense
La pirueta táctica de Tabaré Vázquez sorprendió a más de un político. Cristina de Kirchner fue mal asesorada. El rey Juan Carlos seguirá adelante con la mediación. Por Angel Anaya, columnista.
10 Noviembre 2007 Seguir en 
Por Angel Anaya, columnista. BUENOS AIRES.- Nadie dudaba de que Tabaré Vázquez fuera un político correcto y moderado hasta que resolvió su pirueta desmedida en pleno escenario iberoamericano, abrazándose con el renuente Néstor Kirchner después de que Botnia recibiera su orden de comenzar. El hecho quedará seguramente como uno de los más testimoniales ejemplos del toma y daca latinoamericano. Tampoco había dudas de que la pastera no se irá de Fray Bentos y que, cuando la Corte de La Haya se pronuncie, ya estará sucia de tanto producir.
Días antes de esa grosería política, la presidenta electa había estado cautelosa y negociadora, hasta el punto de enojar al vecinalismo de Gualeguaychú. "Hay que esperar a ver si contamina o no y en la corte internacional se resolverá", dijo Cristina Fernández de Kirchner (CFK). Por su parte, el embajador Raúl Estrada Oyuela, experto en el tema pero desplazado de su función específica en la Cancillería tras su entrevero con Romina Picolotti, ha sostenido que la primera dama fue mal asesorada por la secretaria de Desarrollo Ambiental, manifestando su fuerte presunción de que la planta celulósica contaminará, sin bien no puede estimar si afectará la salud.
De cualquier manera, a tal señor tal honor, y el rey Juan Carlos seguirá tratando de facilitar las relaciones tan contaminadas ahora entre los dos países hermanos que se embisten de diferentes formas.
Hace ya años, antes de que gobernara el Frente Amplio, Uruguay llegó a la conclusión de que debería superar su economía de país de servicios, que lo supeditada cíclicamente a las crisis de la Argentina y de Brasil. El rumbo elegido entonces fue convertirse en un país de producción, aprovechando condiciones climáticas que favorecían una gran extensión de sus bosques.
Se trata hoy de una política de Estado que comparten todos los sectores políticos y sociales uruguayos y a la que no están dispuestos a renunciar, precisamente, por presiones de sus vecinos dominantes. No sólo Botnia, sino también la española Ence, ahora próxima a Colonia, y cuatro empresas europeas más, amén de una argentina, están en tratativas poco ruidosas con Montevideo, sin que la minoría ambientalista uruguaya tenga la suficiente capacidad para impedir la proliferación.
Las dudas del presidente Vázquez sobre el momento político oportuno para dar la orden crítica, lo debilitaron políticamente y la persistencia de cortes y desmesuras vecinales de Gualeguaychú, paradójicamente, terminaron por favorecerlo para actuar de la forma descomedida con que acaba de hacerlo. Sin embargo, los más graves efectos serán para la política exterior argentina, tan periclitada en los recientes años, que debe cargar ahora con otra muestra de las dificultades para bailar el tango con sus vecinos históricos. Mucho deberá negociarse para que esa realidad no aparezca nuevamente tan desnuda en la reunión del Mercosur en Montevideo, donde la ya presidenta CFK pensaba hacer su primera visita exterior para "abrazarse" con Tabaré Vázquez. (De nuestra Sucursal)







