Los espacios públicos de la ciudad deben respetar la diversidad
El Congreso de Parques y Jardines que concluyó en Tucumán dejó como saldo experiencias de acción urbana sobre las que vale reflexionar. Hora de saldar las deudas. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
10 Noviembre 2007 Seguir en 
Concluido el V Congreso internacional de Parques y Jardines que se desarrolló esta semana en Tucumán, lo que les queda ahora a las autoridades municipales es accionar sobre los espacios públicos con un criterio de gestión ambiental y social, no meramente decorativo. No hay más motivos para dilaciones porque ya está hecho el diagnóstico de lo que le falta a Tucumán en materia de espacios públicos y verdes (estaba trazado en el Plan Estratégico) y porque ahora se pudieron contrastar experiencias sobre el tema con la audiencia hípercalificada que asistió al Congreso.
Si bien el intendente capitalino Domingo Amaya ha venido prometiendo una "escalada verde" (una plantación masiva de árboles) lo cierto es que las obras que se ejecutaron para recibir a los visitantes han consistido, en general, en cultivo de plantines nuevos, mejora de caminerías y algún equipamiento en plazas. Se pulió lo existente, pero la revolución verde y ambiental todavía está en carpeta. Por ejemplo, los turistas se preguntan, mientras se calcinan al sol en esta ciudad cada vez más tropical, por qué casi no hay árboles en el renovado casco de la Casa Histórica.
El broche de cierre del Congreso fue la"Carta de Argentina 2007". En ese documento se reafirma que los espacios públicos cumplen -o deberían cumplir- un doble rol, social y ecológico; y que a través de ellos es posible evaluar las condiciones de sustentabilidad ambiental urbana.
En el congreso se oyeron otros ejes y propuestas de espacio público que marcan la diferencia -el salto cualitativo- entre el concepto tradicional de espacio urbano, y una mirada que planifica el equipamiento del espacio en función de las necesidades de quienes más lo viven. Se escuchó con cierta envidia, por ejemplo, que la ciudad de Rosario, que viene con un plan sostenido de forestación desde 1998, cuenta con 16 parques, 220 plazas y una ribera -la del Paraná- que es plenamente disfrutada por los vecinos.
En otras propuestas se preguntaron los especialistas cómo debería ser una plaza en la que se tomaran en cuenta las necesidades de los adultos mayores, las de los vecinos ciegos o las de los jóvenes.
En algunas de las ponencias que se presentaron en el congreso se desarrollaron ideas creativas: juegos táctiles para chicos ciegos, plantas y flores aromáticas para el mismo grupo de personas con capacidades diferentes; bancos pensados para el confort de los viejos, entre un combo de acciones dirigidas a una ciudad que respete la diversidad. Este nuevo concepto de gestión reclama un trabajo interdisciplinario.
También aparecieron entre las recomendaciones del Congreso dos de las grandes deudas ambientales de Tucumán: 1) la mayoría de los tucumanos depreda los árboles (que, además, tienen nulo o escaso mantenimiento por parte de la Municipalidad); 2) la necesidad de que la gestión de los espacios públicos se desarrolle en un ámbito participativo.
Ambas situaciones son las dos caras de un mismo fenómeno: por un lado, muestra a una ciudadanía que no se ha apropiado de lo público; por el otro, revela la existencia de un poder político que no parece interesado en abrir canales de participación para cambiar ese mal humor social.







