El Congreso, un ausente inadvertido

10 Noviembre 2007
Durante casi tres meses, ambas cámaras del Congreso han permanecido sin  sesionar y, salvo muy contadas reuniones, las comisiones permanentes de trabajo trataron proyectos pendientes sobre los que raramente se pudo dictaminar para sus debates y eventuales sanciones. Sin embargo, tales ausencias del Poder Legislativo no perturbaron la marcha de los asuntos públicos, pues el Ejecutivo dispone de una delegación tan amplia de facultades y superpoderes conferidos por el Parlamento, amén de su potestad de legislar mediante decretos que quedan vigentes por la simple firma presidencial y de los ministros, que los legisladores pueden dedicarse a otras actividades. En esta prolongada ocasión el motivo fue la campaña electoral, si bien tan sólo una minoría de senadores y diputados debieron competir. Tradicionalmente, las elecciones fueron precedidas por breves recesos que las propias cámaras establecían, pero no fue así en esta oportunidad, seguramente por las razones apuntadas. De todas formas, el Congreso acaba de reanudar sus tareas con escasa energía para recuperar el tiempo perdido. Figura en su agenda el análisis del proyecto de Presupuesto 2008, en cuya comisión de Diputados, cámara originaria, se ha acumulado una serie de observaciones que probablemente demorarán su sanción más allá del período ordinario.
 Claro está que tampoco las cuentas fiscales de la llamada ley de leyes tendrán un destino cierto pues, salvo muy pocas excepciones, el jefe del Gabinete de Ministros goza de la facultad sin precedentes en el orden republicano de reasignarlas con el fin de financiar cuestiones muy diferentes; algo que Alberto Fernández ya hizo después de los comicios para intendentes oficialistas del conurbano bonaerense y gobiernos provinciales adictos al oficialismo. O bien se recurre como en esos casos a reasignar partidas sin consultar al Parlamento, o a los considerables excedentes del presupuesto anterior por vencer, pues se calcularon deliberadamente en su momento muy por debajo de los ingresos  para que el Ejecutivo pueda atesorar la diferencia, que reparte desde hace cuatro años la llamada “caja rosada”. Dicho tesoro viene a compensar los apuros fiscales de las provincias, debidos a la carencia de un correcto régimen de coparticipación federal desde hace una década. Es por ello que el 70 % de la recaudación nacional va al poder central.
El caso de la ley de leyes es el más elocuente de las concesiones que le han permitido al Congreso vacacionar durante tan prolongado lapso. Pero a este se suman otros motivos, como las reiteradas ausencias de legisladores que sortean el reglamento disciplinario, siguiendo el ejemplo, vaya por caso, de la presidenta electa de la Nación, que, por haber estado ocupada en su despacho del Poder Ejecutivo, tan sólo concurrió en dos ocasionasen el año a la comisión de Asuntos Constitucionales del Senado, que ella preside y que no sesiona sin  su presencia. Ocupada por asuntos de gobierno, la senadora Fernández de Kirchner tampoco asistió a la reanudación de las sesiones. No sin razón se ha dicho que el Congreso es, desde hace tiempo, una dependencia refrendataria de gobierno, y hasta la ley de emergencia en que se fundan los superpoderes tiene ahora una vigencia ilimitada en el tiempo cuyo término dispone el Poder Ejecutivo.
En las próximas semanas se sabrá si ese instrumento seguirá incólume o si los representantes del pueblo y de las provincias deberán cumplir con su misión constitucional.

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