Un cambio de época

Mañana, tres mujeres contendrán en la disputa presidencial en la Argentina, lo que está indicando transformaciones en la agenda política tradicional. Indicios. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

27 Octubre 2007
Hace un par de meses, la periodista catalana Pilar Rahola, de paso por Tucumán, profirió un misil filofeminista que encaja con el espíritu de estas épocas. Palabras más, palabras menos, la ex diputada catalana descerrajó un concepto que no todos los hombres comprendieron en ese momento: “es tiempo de permitirnos ser mediocres”. En otras palabras, Rahola dijo que en este tramo del siglo XXI el protagonismo femenino es un hecho en un espacio público que durante veinte siglos vistió sólo pantalones. Y que acierta y se equivoca, como todos los mortales. La opinión de Rahola coincide con el resultado de una investigación sobre “Género y Corrupción” que realizó el estudio Graciela Römer & Asociados a pedido de la Fundación Mujeres en Igualdad. A la pregunta acerca de si las mujeres son menos corruptas que los hombres, el 60% respondió que las mujeres son igual de corruptas; pero que, en cambio, se ven a sí mismas como más proclives a denunciar hechos corruptos, aunque serían menos escuchadas. Sin embargo, en la misma investigación se señala que la Argentina sigue siendo un país machista, y que esa característica interfiere en los partidos políticos, que no siempre cumplen con la ley de cupo femenino.
De todos modos, al ritmo del escenario internacional -Condoleeza Rice, Hillary Clinton, Angela Merkel, Michele Bachelet, son algunos nombres que marcan tendencia- mañana confrontarán por primera vez en las urnas tres mujeres en la disputa por la presidencia de la Argentina. A ese dato hay que sumarle el triunfo de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego, la primera gobernadora electa en el país, en agosto. Cristina Fernández de Kirchner llega de la mano de su marido, el actual Presidente, pero tiene peso propio, igual que Elisa Carrió y que Vilma Ripoll. En todo caso, la candidatura de la primera dama es parte de esa categoría “sociológica” que se ha instalado en las últimas décadas, la de las parejas políticas, que ha prendido tanto en Estados Unidos como en Tucumán.
¿Qué está indicando esta revolución de las mujeres? Distintos hechos ocurridos esta semana en Tucumán dan cuenta de que ha habido un “cambio de paradigmas”, que si bien se expresa en lo político, tiene una raíz social. Ejemplo: en la edición de ayer de LA GACETA, en una crónica sobre cómo ven los tucumanos la eventualidad de que una mujer sea presidenta, el 99 % de los entrevistados respondió por la positiva. Sólo una persona - una mujer- descalificó el potencial de sus congéneres para gobernar. Nadie apeló a la polémica gestión de María Estela Martínez de Perón, ejemplo al que cierto imaginario solía echar mano para descalificar la capacidad de gestión política de las mujeres.
El otro ejemplo de esa transformación social fue el debate que protagonizaron el martes los candidatos de varios partidos en la Facultad de Derecho: los temas que despertaron polémica no fueron ni la inflación - en todo caso, se habrían visto obligados a hablar del precio de la papa y del de la calabaza- ni la deuda externa. Fue el aborto el que despertó polvareda. Son indicios, todos ellos, de un cambio social que muestra que hasta las decisiones y acciones de la vida privada han modificado la agenda pública tradicional,  y han impactado en la arena política.

Tamaño texto
Comentarios