26 Octubre 2007 Seguir en 
No hubo gobernador en Tucumán que no renegara por la deuda pública que recibía de su antecesor. El reelecto mandatario tiene otra posibilidad para seguir pagándola.“Desde el Estado también haremos los deberes, equilibrando las finanzas públicas. La economía debe manejarse como lo hacemos en casa: no se puede gastar más de lo que ingresa. No puedo dejar de mencionar un tremendo condicionante: comenzaré mi gestión con una deuda acumulada durante los últimos 15 años de $ 3.000 millones”. (Párrafo del mensaje de asunción del gobernador José Alperovich del 29 de octubre de 2003)
La fuerza de los números permite mostrar cuánto poder tiene una gestión de gobierno y cuáles fueron los resultados en la administración del Gobierno durante los cuatro años de mandato.
Por la fuerza de los números, ayer en la Legislatura la oposición estuvo encorsetada a la hora de debatir y así parece que será en los próximos cuatro años. Son 43 sobre 49 voluntades que responden hoy a la Casa de Gobierno. ¿Mañana? Dios dirá.
Por la fuerza de los números, Alperovich podrá decir que el desempleo bajó del 12,9% desde el último trimestre de 2003 al 9,8% del segundo trimestre de este año, el último dato difundido por el cada vez más polémico Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). En el principal aglomerado urbano hay cerca de 30.000 desempleados.
Esa fuerza de los números señala que en los cuatro años de gestión, a Alperovich le resultó difícil luchar contra el trabajo no registrado que afecta a la mitad de los asalariados tucumanos de la población urbana (106.864 trabajadores en negro).
La pobreza, según los datos oficiales, bajó del 47,8% (381.000 casos) en el segundo semestre de 2003 al 35,4% (afecta a 276.500 personas) en el primer semestre de este año. Esto es producto, en gran parte, de los esfuerzos oficiales para sacar a esa población de esa condición, pero también del cuestionado cálculo de la canasta básica total, a partir de una inflación poco creíble, que ha difundido el Indec.
También la fortaleza de la gestión se evidenció en el manejo de las cuentas públicas. En cuatro años de mandato, Alperovich triplicó el monto del presupuesto llevándolo a casi $ 5.000 millones. En el uso de ese dinero radica el poder de un gobernador al que, hasta ahora, se lo vio gestionar desde la bonanza fiscal. Esa misma bonanza en los ingresos que le permitió al Poder Ejecutivo disimular un incremento de casi un 35,7% en el gasto corriente del primer semestre de este año, el que no se destina a la obra pública, sino a los gastos improductivos y a los salarios.
En los meses previos a las elecciones, los funcionarios quedaron afónicos y no disfónicos por el clima enrarecido que sí se observa en la campaña electoral nacional. Los funcionarios perdieron la voz para hablar sobre cuál es la real inflación en Tucumán. La consigna oficial fue no generar dolores de cabeza ante la Casa Rosada. En ese mismo palacio, resguardado por portentosas vallas, sus moradores están confiados en que el domingo Alperovich le puede entregar en bandeja no menos de 450.000 votos para Cristina Fernández. ¿Alperovich tiene la fuerza de los números para garantizarle ese resultado al matrimonio Kirchner?
El gobernador terminará su primer mandato dentro de tres días, con una pesada mochila que heredará de sí mismo: cerca de $ 4.000 millones de una deuda pública, con acreedor privilegiado: el Gobierno nacional. En su discurso no podrá echarle la culpa al gobernador que se va. Será un heredero de su propia herencia y es posible que, en algún tramo de su nuevo mandato, gestione desde el ajuste, si se desacelera la economía argentina.
“Pueblo de Tucumán: no estamos prometiendo el reino de las maravillas, sino enumerando las tremendas deudas del Estado con cada uno de ustedes”, dijo hace cuatro años el mandatario. Nadie le pide que Tucumán se convierta en un reino; tan sólo que siga pagando la deuda social.







