Rivadeneira se cruzó duramente con su nuera
La acusada por el cuádruple crimen por envenenamiento ocurrido en Villa Quinteros en enero de 2006 protagonizó un careo. Ordenaron que la imputada sea sometida a una pericia psicológica, y que además se analice la ropa que tenía puesta el día de la tragedia.
26 Octubre 2007 Seguir en 
CONCEPCION.- Nora Rivadeneira y su nuera Rosa Carabajal se enfrentaron ayer, durante un careo, en un duro duelo verbal, en el marco de la segunda jornada del juicio, que finalmente aportó muy poco al esclarecimiento del cuádruple homicidio por envenenamiento ocurrido en Villa Quinteros el 7 de enero de 2006. Durante la audiencia, además, se comprobó que la ropa de la imputada no había sido sometida a pericias toxicológicas, medida que se hará ahora, a más de un año de la tragedia.
Carabajal, que declaró como testigo, negó terminantemente las acusaciones que el martes formularon en su contra Rivadeneira y su hija María Antonia Herrera. Ese día, ambas coincidieron en afirmar que Rosa había sido quien había envenenado a sus cuatro parientes, ya que estaba enojada con su suegro José Herrera. Según afirmó Rivadeneira, su marido había descubierto a Carabajal manteniendo una relación extramarital, por lo que le dijo que se lo comentaría a su hijo cuando regresara de la cosecha en Río Negro. Según la imputada, Carabajal le respondió a Herrera: "no vas a poder decirle nada porque vas a estar muerto".
Ayer, antes del careo, Carabajal refutó los dichos de las mujeres. "Nunca anduve con otro hombre porque cuando salía lo hacía con mi hija. Además, mi esposo no había viajado al sur y jamás discutí con mi suegro", sostuvo la testigo.
Los careos fueron solicitados por la defensa de Carabajal, representada por los abogados Sergio Faid y Raquel Ferreira Asís y por el fiscal de Cámara Horacio Astorga, luego de las contradicciones que se advirtieron entre los dichos de Rosa y lo que dijeron la acusada, su hija y dos nietas. El tribunal de la Sala I de la Cámara Penal del Centro Judicial de Concepción, integrado por Elena Grellet de Barrionuevo, José Alfredo Garzia y Diego Vital Graneros, deliberó e hizo lugar a la petición. Carabajal tuvo los entredichos más fuertes con su cuñada María Antonia, madre de Daniel (13 años) y de Nancy Vildoza (nueve), otras de las víctimas del envenenamiento (la restante es Carlos Ledesma, de un año). "Ahora negás que discutiste con papá. No te acordás de cuando dijiste que te tenía cansado porque él te había retado cuando alguien fue a buscarte en una camioneta. Vos habías dicho que lo buscaban a él", le enrostró Herrera. "Nunca sucedió eso, son mentiras", refutó la interlocutora.
La salud de la hija
Carabajal, durante su testimonio, también aclaró que el día de la tragedia no había enviado a su hija Tamara a comer en casa de la abuela porque "estaba con un poco de fiebre y no tenía hambre". "Mi hija no siempre iba a almorzar porque yo cocinaba en mi casa", agregó.
Durante la audiencia, apareció un testimonio que podría implicar un giro en el caso. Herrera y su hija Patricia dijeron que, a partir comentarios de vecinos, se habían enterado de la muerte del tío de Rosa, Germán Juárez, de Villa Quinteros, a pocos días del envenenamiento. El hombre se había suicidado arrojándose debajo de un camión en la ruta 38. Las mujeres dijeron que Juárez había tomado esa determinación atormentado por el hecho de haberle facilitado el veneno a Carabajal, que se lo habría pedido para "matar un perro". El hombre habría dejado una carta para María Herrera, en la que supuestamente confiesa lo sucedido. La misiva, que nunca llegó a su destino, la tendría su hija Graciela Juárez. Rosa dijo que su tío murió en un accidente. "Todo lo que dicen es mentira", insistió.
La ropa
En el juicio también declaró el toxicólogo Alfredo Córdoba. El profesional aclaró que es posible que las víctimas no hayan advertido la presencia del veneno, pese a su olor y sabor particular, porque habría sido una composición en polvo. Opinó que es improbable que se lo haya arrojado durante la ebullición de la comida ya que la volatización del químico habría terminado por intoxicar a todos. Córdoba, además, dejó en claro que si se hubieran practicado pericias toxicológicas en la ropa de la acusada y en muestras de agua pasada por sus manos, se habría establecido si manipuló o no el veneno.
Frente a las nuevas pruebas, los jueces resolvieron hacer lugar a una pericia psicológica solicitada para la acusada por Astorga y al pedido de un análisis toxicológico de las ropas que utilizó Rivadeneira el día de la tragedia y que permanecen secuestradas en la sede de la Policía Científica. También se citó a declarar como testigo a Graciela Juárez. El juicio continuará hoy. (C)
Carabajal, que declaró como testigo, negó terminantemente las acusaciones que el martes formularon en su contra Rivadeneira y su hija María Antonia Herrera. Ese día, ambas coincidieron en afirmar que Rosa había sido quien había envenenado a sus cuatro parientes, ya que estaba enojada con su suegro José Herrera. Según afirmó Rivadeneira, su marido había descubierto a Carabajal manteniendo una relación extramarital, por lo que le dijo que se lo comentaría a su hijo cuando regresara de la cosecha en Río Negro. Según la imputada, Carabajal le respondió a Herrera: "no vas a poder decirle nada porque vas a estar muerto".
Ayer, antes del careo, Carabajal refutó los dichos de las mujeres. "Nunca anduve con otro hombre porque cuando salía lo hacía con mi hija. Además, mi esposo no había viajado al sur y jamás discutí con mi suegro", sostuvo la testigo.
Los careos fueron solicitados por la defensa de Carabajal, representada por los abogados Sergio Faid y Raquel Ferreira Asís y por el fiscal de Cámara Horacio Astorga, luego de las contradicciones que se advirtieron entre los dichos de Rosa y lo que dijeron la acusada, su hija y dos nietas. El tribunal de la Sala I de la Cámara Penal del Centro Judicial de Concepción, integrado por Elena Grellet de Barrionuevo, José Alfredo Garzia y Diego Vital Graneros, deliberó e hizo lugar a la petición. Carabajal tuvo los entredichos más fuertes con su cuñada María Antonia, madre de Daniel (13 años) y de Nancy Vildoza (nueve), otras de las víctimas del envenenamiento (la restante es Carlos Ledesma, de un año). "Ahora negás que discutiste con papá. No te acordás de cuando dijiste que te tenía cansado porque él te había retado cuando alguien fue a buscarte en una camioneta. Vos habías dicho que lo buscaban a él", le enrostró Herrera. "Nunca sucedió eso, son mentiras", refutó la interlocutora.
La salud de la hija
Carabajal, durante su testimonio, también aclaró que el día de la tragedia no había enviado a su hija Tamara a comer en casa de la abuela porque "estaba con un poco de fiebre y no tenía hambre". "Mi hija no siempre iba a almorzar porque yo cocinaba en mi casa", agregó.
Durante la audiencia, apareció un testimonio que podría implicar un giro en el caso. Herrera y su hija Patricia dijeron que, a partir comentarios de vecinos, se habían enterado de la muerte del tío de Rosa, Germán Juárez, de Villa Quinteros, a pocos días del envenenamiento. El hombre se había suicidado arrojándose debajo de un camión en la ruta 38. Las mujeres dijeron que Juárez había tomado esa determinación atormentado por el hecho de haberle facilitado el veneno a Carabajal, que se lo habría pedido para "matar un perro". El hombre habría dejado una carta para María Herrera, en la que supuestamente confiesa lo sucedido. La misiva, que nunca llegó a su destino, la tendría su hija Graciela Juárez. Rosa dijo que su tío murió en un accidente. "Todo lo que dicen es mentira", insistió.
La ropa
En el juicio también declaró el toxicólogo Alfredo Córdoba. El profesional aclaró que es posible que las víctimas no hayan advertido la presencia del veneno, pese a su olor y sabor particular, porque habría sido una composición en polvo. Opinó que es improbable que se lo haya arrojado durante la ebullición de la comida ya que la volatización del químico habría terminado por intoxicar a todos. Córdoba, además, dejó en claro que si se hubieran practicado pericias toxicológicas en la ropa de la acusada y en muestras de agua pasada por sus manos, se habría establecido si manipuló o no el veneno.
Frente a las nuevas pruebas, los jueces resolvieron hacer lugar a una pericia psicológica solicitada para la acusada por Astorga y al pedido de un análisis toxicológico de las ropas que utilizó Rivadeneira el día de la tragedia y que permanecen secuestradas en la sede de la Policía Científica. También se citó a declarar como testigo a Graciela Juárez. El juicio continuará hoy. (C)







