El oscuro mundo de los chicos que delinquen

Algunos adolescentes que fueron a declarar a Tribunales por delitos de los que están acusados contaron cómo transcurren sus vidas.

APREHENDIDOS. Dos menores esperan para entrar a declarar frente a uno de los despachos de los jueces de Menores que trabajan en Tribunales. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
APREHENDIDOS. Dos menores esperan para entrar a declarar frente a uno de los despachos de los jueces de Menores que trabajan en Tribunales. LA GACETA / ANALIA JARAMILLO
14 Octubre 2007
F. tiene sólo 17 años y ya intuye cuál será su futuro. “Sé que mi vida no vale nada. A mí van a terminar matándome las drogas o la cana”, dispara mientras camina, esposado y con la cabeza tapada por los pasillos de Tribunales, uno de los adolescentes que se encuentra privado de su libertad por haber golpeado a una jubilada en Banda del Río Salí, a la que le arrebataron la cartera.
Los jóvenes en conflicto con la ley volvieron al centro de la escena. En esta oportunidad, dos adolescentes de 15 y 16 años son los principales sospechosos de haber asesinado al humilde changarín Juan Agripino Flores para robarle la bicicleta. “Se ‘moquearon’ feo. Todo lo hicieron por la porquería que toman. No se dan cuenta de que su vida y la de los demás corren peligro por las drogas”, asegura José, de 19 años, que ahora lustra zapatos en vez de asaltar a remiseros para comprar “merca”.
Según las estimaciones oficiales, el 97 % de los menores de edad que cometen delitos lo hacen bajo el efecto de sustancias prohibidas. “¿Qué tomo? Ahora, que estoy recatado, sólo marihuana, pero antes le metía pegamento, pastillas y, cuando había guita, cocaína. Tomaba y me ponía como loco. No sabía, ni me importaba lo que hacía. Ahora fumo un fasito y está todo bien”, comenta J. (16), mientras espera entrevistarse con el psicólogo del juzgado de Menores que dirige Nora Wexler.
Los jóvenes que hablaron con LA GACETA aseguran que en la calle es fácil conseguir sustancias, pero se niegan a decir dónde la compran. M. (14) se altera cuando el periodista lo interroga; el adolescente le pregunta si es “buchón”. “En la villa se consigue todo. Droga, fierros y giles para robarles”, reconoce José.

Miseria
Muchos de estos adolescentes no se conocen, pero son muy parecidos. Casi todos están famélicos por su mala alimentación; tienen los brazos llenos de cicatrices producto de las autolesiones que se infringen por el síndrome de abstinencia; llevan tatuajes a la vista y usan ropa similar. El “uniforme” de invierno son los joggings y los canguros de algodón; en verano prefieren las bermudas y alguna remera. La gorra con visera grande se impone todo el año aunque, cuando llega el frío, no está mal visto lucir un gorro de polar. “Eso es lo que usan todos los vagos de la villa”, contó J. C.
¿Y qué hacen? Después de haber dejado una estampita en la mesa de un bar del centro, E. (15) cuenta que se juntan en cualquier esquina para “pasarla bien” y cuando tienen algo de dinero consumen cualquier “porquería”. ¿Y tu familia? “Son los pibes de la villa. Nunca conocí a mi papá, y mi mamá sale a pedir con mis hermanos. No quiero verla porque siempre me ‘bardea’”, responde. ¿Salís con tus amigos del barrio? Explica que sale sólo lo hace para pedir y si no consigue nada, roba para poder comprar la ”porquería”. “Sólo los ‘ratis’ no entran a la villa”, concluye. Incómodo por las preguntas, el adolescente se marcha sin reclamar su moneda. A la distancia mira de modo amenazante al periodista de LA GACETA y se pierde en la plaza Independencia.
Estos chicos no tienen nombres, sino apodos o alias. Se los conoce por sus diminutivos (“Jesucito”, “Ignacito”, “Cheíto”, “Jefecito” y “Eze”) que nada tienen que ver con sus antecedentes. También los llaman por su origen (“El Porteñito” o “El Santiagueñito”) y tampoco faltan los que fueron bautizados por alguna acción o característica física como “Tirate al piso”, “Brasita”, “Samanta” o “Lechucita”.
“Ya estoy jugado. Ya no sé las veces que estuve en el Roca. A mí nadie me quiere”, expresó Seba (15). ¿Por qué decís eso? “Sólo con verme los brazos nadie me da trabajo porque la gente te saca la ficha rápido. No terminé la primaria y no tengo ropa linda para ponerme”, dice. ¿Qué vas a hacer entonces? “Vivir como pueda, con los pibes de la villa, que me protegen...”

Los jóvenes cometen el 40 % de los delitos
La participación de menores en delitos aumenta con el correr de los meses. Según las estimaciones realizadas por la Justicia y por la Policía, se incrementó por lo menos un 10 % con respecto al año pasado. Actualmente, más del 40 % de los delitos que se registran en la provincia son cometidos por jóvenes que no cumplieron aún los 18 años.
De acuerdo con la información oficial, el robo agravado es el delito que más cometen. Le siguen el hurto, la portación de armas, la tenencia de drogas, las lesiones, los homicidios y los abusos sexuales.
Los investigadores y los fiscales están alarmados ante la cantidad de menores que estuvieron involucrados en ocho homicidios en 2007. Por estos crímenes fueron imputados 16 menores, de los cuales tres son mujeres, dos de ellas aún se encuentran detenidas.
Actualmente, en el Instituto Roca, uno de los establecimientos donde se alojan menores en conflicto con la ley, están registrados 58 adolescentes, de los cuales 37 no pueden salir. Los 21 restantes gozan de permisos especiales para salir o se encuentran en otras instituciones donde, especialmente, se recuperan de sus adicciones. De este importante número, 13 nunca serán juzgados, puesto que cometieron los delitos cuando tenían menos de 16 años, es decir que son inimputables.

Máxima peligrosidad
Fuentes policiales confirmaron que se cuentan al menos 40 menores considerados de máxima peligrosidad, puesto que se especializan en asaltos a remiseros a motociclistas y a mujeres mayores de edad. Menos de la mitad de ellos se encuentran privados de su libertad.
También establecieron que las zonas  donde actúan estos sospechosos son los barrios Juan XXIII, conocido como “La Bombilla”, Trulalá, El Sifón, La Chimenea -donde fue asesinado Juan Agripino Flores- Villa 9 de Julio, Alejandro Heredia, Villa Piolín y El Triángulo, entre otros sectores.

Los más conocidos
“Cheito”.- Fue acusado de haber cometido varios asaltos, pero su nombre cobró notoriedad al ser uno de los principales sospechosos del crimen de Lucas Agüero Quiroz. Le dieron permiso para instalarse en La Rioja, pero volvió a la provincia y fue detenido nuevamente después de haber cometido varios atracos. Está alojado en el Instituto Roca.
    
“Bebo”.- A pesar de tener sólo 15 años, fue imputado en al menos 10 causas de robo agravado. Es el principal acusado del crimen de Juan Agripino Flores. Está aprehendido.

“Jesusito”.- Es uno de los asaltantes más peligrosos de la provincia. Desde hace años que genera pánico entre sus víctimas por su agresividad. Se especializa en atracar comercios y taxistas. Se encuentra privado de su libertad.

“Juanqui”.- Sorprendió a investigadores y a empleados judiciales cuando confirmó que el disparó una pistola 11.25 para acabar con la vida de José Mascareño en lo que se supone fue una guerra entre dos bandas.

“El eze”.- Peligroso asaltante que se enfrentó en más de una vez con la Policía. En un tiroteo fue herido gravemente y logró recuperarse. Se escapó del Centro de Salud y durante meses cometió delitos con una bolsa de colectomía a cuestas. Volvieron a aprehenderlo y actualmente está recluido en el Roca. Su padre, un reconocido asaltante que está cumpliendo pena en Jujuy, a través de una carta, le pidió al juez de Menores Raúl Ruiz que no lo deje en libertad ante el temor de que lo maten.

“Jefecito”.- Según la Policía, es uno de los nuevos pesos pesados del mundo del hampa. Se especializa en cometer asaltos. Se hizo famoso porque en durante una discusión hirió de un balazo a “Ignacito”, otro adolescente que es considerado de sumamente peligroso por la Policía. Está en libertad, pero debe cumplir varias medidas tutelares.

“Plumita”.- A pesar de que se encuentra detenido en el penal de Villa Urquiza, el menor es considerado uno de los asaltantes más peligrosos de la provincia. Cuando era menor de edad, fue acusado de los crímenes de Carlos Soria y de Teresa Irene Villar de Zumaeta, a quienes mataron para robarle la motocicleta en la que ella circulaba.

“Huevo”.- Generó terror durante varios años en distintos barrios de la ciudad, especialmente en los marginales que están a la vera del río Salí y en el parque 9 de Julio. También estuvo acusado de participar en el crimen de Villar de Zumaeta. Fue asesinado por una mujer el 1 de enero de 2006.

El santiagueñito”.- Es oriundo de la vecina provincia. Es denunciado permanentemente por los vecinos de Villa Amalia por los asaltos que comete en la zona de La Chimenea. Es amigo de los menores que están detenidos por el crimen del changarín Flores.

 “Monito”.- Durante años generó terror en la zona de “La Bombilla” hasta que fue detenido por el crimen de Agüero Quiroz. Ingresó a un plan de rehabilitación de las adicciones en un hogar alejado del ambiente donde delinquió. Es considerado un ejemplo de recuperación.

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