La Policía tardó seis horas en llegar a un asalto
Desconocidos robaron $ 20.000 de una panadería el sábado a las 7. Desesperada, la dueña llamó a Patrulla Urbana, a Defensa Civil y a una comisaría cercana. Un uniformado le dijo que estaba solo y que no tenía en qué trasladarse. La fuerza no acudió al lugar sino hasta las 13.
10 Octubre 2007 Seguir en 
Una panadería del barrio Floresta fue asaltada el sábado a las 7.20 por tres delincuentes que ingresaron armados y a cara descubierta. Luego de que los desconocidos huyeron, la propietaria llamó desesperada a cinco dependencias policiales para denunciar el hecho, pero sus intentos fueron infructuosos.
Tanto en la Patrulla Urbana como en el Nº 103 (Defensa Civil) no contestaron el teléfono; cuando acudió a la Comisaría III (que tiene jurisdicción en la zona), un uniformado le respondió que estaba solo en la oficina y que, de todas maneras, no tenía en qué trasladarse; finalmente, la Dirección General de Investigaciones tardó seis horas en responder: llegó al lugar del asalto pasadas las 13.
Carmen Rojas, dueña del local ubicado en Güemes al 700, contó a LA GACETA On Line que el robo ocurrió mientras atendía el negocio junto con un empleado. Los ladrones se acercaron al portón de entrada y pidieron seis kilos de pan y 30 tortillas. Cuando el hombre les entregó el pedido, los delincuentes lo empujaron, le pegaron un culatazo en la cabeza e ingresaron al negocio.
“Rompieron la puerta de vidrio detrás del portón y revolvieron todo el local. Eran tres: estaban armados y actuaron a cara descubierta. Me ordenaron que les entregue el dinero. Cuando les dije que no tenía, me advirtieron que ellos sabían que yo soy la dueña del local y exigieron la plata”, detalló Rojas.
Encerrados
Una vez que los delincuentes se hicieron con la recaudación (alrededor de $ 20.000), cargaron también una balanza electrónica y encerraron a la mujer y al empleado en un dormitorio contiguo a la panadería. Trabaron la puerta con una heladera y huyeron. A los 10 minutos, las víctimas empujaron el aparato y lograron salir del encierro.
Entonces, comenzó el periplo de Rojas para denunciar el hecho. “Y eso no fue todo: cuando mi empleado concurrió al médico forense para que le curen la herida en la cabeza, le indicaron que vuelva el lunes porque ellos sólo atienden en horario comercial”, protestó.
Rojas denunció que los asaltantes viven en los barrios cercanos y consideró que la Policía sabe de esto, pero que no cuida a los vecinos. “Cuando se los busca, no están. No sé cuál es la seguridad de la que hacen gala: yo tengo que vivir enrejada mientras los ladrones andan sueltos”, lamentó. LA GACETA ©
Tanto en la Patrulla Urbana como en el Nº 103 (Defensa Civil) no contestaron el teléfono; cuando acudió a la Comisaría III (que tiene jurisdicción en la zona), un uniformado le respondió que estaba solo en la oficina y que, de todas maneras, no tenía en qué trasladarse; finalmente, la Dirección General de Investigaciones tardó seis horas en responder: llegó al lugar del asalto pasadas las 13.
Carmen Rojas, dueña del local ubicado en Güemes al 700, contó a LA GACETA On Line que el robo ocurrió mientras atendía el negocio junto con un empleado. Los ladrones se acercaron al portón de entrada y pidieron seis kilos de pan y 30 tortillas. Cuando el hombre les entregó el pedido, los delincuentes lo empujaron, le pegaron un culatazo en la cabeza e ingresaron al negocio.
“Rompieron la puerta de vidrio detrás del portón y revolvieron todo el local. Eran tres: estaban armados y actuaron a cara descubierta. Me ordenaron que les entregue el dinero. Cuando les dije que no tenía, me advirtieron que ellos sabían que yo soy la dueña del local y exigieron la plata”, detalló Rojas.
Encerrados
Una vez que los delincuentes se hicieron con la recaudación (alrededor de $ 20.000), cargaron también una balanza electrónica y encerraron a la mujer y al empleado en un dormitorio contiguo a la panadería. Trabaron la puerta con una heladera y huyeron. A los 10 minutos, las víctimas empujaron el aparato y lograron salir del encierro.
Entonces, comenzó el periplo de Rojas para denunciar el hecho. “Y eso no fue todo: cuando mi empleado concurrió al médico forense para que le curen la herida en la cabeza, le indicaron que vuelva el lunes porque ellos sólo atienden en horario comercial”, protestó.
Rojas denunció que los asaltantes viven en los barrios cercanos y consideró que la Policía sabe de esto, pero que no cuida a los vecinos. “Cuando se los busca, no están. No sé cuál es la seguridad de la que hacen gala: yo tengo que vivir enrejada mientras los ladrones andan sueltos”, lamentó. LA GACETA ©







