En busca del plus que lleve al plano nacional

Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.

10 Octubre 2007
El apellido Kirchner es una barrera para los gobernadores con aspiraciones políticas para 2011, incluso para Alperovich,  que quiere ser el dueño de todos los votos.

Carlos Menem provenía de una provincia chica (La Rioja), pero tuvo un plus político que le permitió ser candidato presidencial - y llegar al cargo-; Ramón Ortega también era de una provincia chica (Tucumán) que tenía un plus que le permitió ser candidato a vicepresidente de la Nación, aunque quedó en el camino. ¿José Alperovich muestra algún plus que le facilite soñar con el acceso a una de estas candidaturas en 2011? Todos aquellos que se cruzaron la banda de gobernador en el pecho alguna vez soñaron con el sillón de Rivadavia. Por lo tanto, la pregunta es válida; máxime cuando hay otra elección en el horizonte cercano, porque toda elección suele convertirse en un trampolín a nuevas ambiciones o en un tobogán al olvido. A muchos mandatarios seguramente nos les cayó bien la forma en que se nominó a Cristina Fernández de Kirchner la candidata presidencial del oficialismo: sin internas y a dedo. Más de uno habrá pensado en la Liga de Gobernadores, fuerte allá por los tiempos de crisis en 2001, cuando puso y sacó presidentes. La única forma de que dentro de unos años suceda algo parecido es que hoy los gobernadores se hagan fuertes en sus propios territorios y a partir de allí, traten de presionar entre todos.
Alperovich es uno de los tantos que observan esa posible realidad política e institucional futura y que trató de consolidarse electoralmente -casi barriendo a la oposición- hacia 2001, además de ganarse la simpatía del matrimonio Kirchner, que fue lo que más le costó. Lo reconoció el miércoles pasado, en una reunión a puertas cerradas con legisladores, intendentes y funcionarios del gabinete. “A mí no me atendieron el teléfono desde Buenos Aires durante un año y medio”, dijo en ese encuentro, hecho que sorprendió a más de uno, ya que antes jamás lo había confesado públicamente, aunque más no sea para la propia tropa. En la ocasión, como en otras tantas reuniones con comisionados rurales, el gobernador pidió que le den una mano el 28. “Es para que tengamos cuatro años de tranquilidad”, adujo.
Lo real es que la meta es ganar ese día y lograr las cinco bancas de diputados nacionales en juego, pero con una intención: demostrar fronteras fuera de la provincia que los votos son exclusivamente suyos; eso es parte de la consolidación política a la que aspira, en vista de disputar espacios nacionales en los próximos años.
Es ahora cuando nuevamente se hace presente ese necesario plus personal para sacarles una cabeza a los eventuales competidores, un plus que en algunos es carisma; en otros, capacidad intelectual; en otros, formación académica, y en otros, una preparación que los sindica como “cuadro político”. ¿Puede Alperovich estar a la altura de una Cristina Fernández, de una Elisa Carrió, de un Roberto Lavagna o del propio gobernador salteño Juan Carlos Romero? En un plano superior la pelea es como contendientes calificados y de mayor calidad. La carrera del mandatario tucumano está lanzada desde el mismo 2003, cuando hubo brindis íntimo con frases tales como “hasta la Presidencia no paramos”.
Después de la bendición de los Kirchner y de la victoria del 26 de agosto -lo que lo convierte en uno de los políticos del interior más exitosos electoralmente- la puerta a abrir es la nacional. En ese ámbito, él y el resto de los soñadores se topan con una barrera familiar: la posibilidad de que en 2011 reaparezca Néstor Kirchner. Todos los mandamases provinciales saben que la única forma de que eso no se repita es fortaleciendo la desaparecida liga de mandatarios, para que luego, entre ellos, se libre la otra batalla por la candidatura presidencial. Pero Alperovich también deberá pelear contra la desconfiada estructura peronista por tener un pasado radical.
Hoy por hoy, la necesidad pasa por ganar para Cristina. Pero, en el caso de Alperovich, ese triunfo no puede ser “ni muy muy, ni tan tan”, como se dice en la calle. El gobernador no quiere que se superen los 530.000 sufragios que consiguió en agosto, pero tampoco que se baje de los 400.000, y sólo para decir que los votos le pertenecen en Tucumán; es parte de esa carrera en busca de aquel plus.
Pero aquí surge un inconveniente para los que deben trabajar para aportar esos votos. En la misma reunión del miércoles pasado, Alperovich dijo, para sorpresa de los presentes: “no quiero fundir mi empresa”. Eso tenía un único sentido: los recursos serán restringidos para la campaña. Después de eso muchos salieron con la cara larga y murmurando por lo bajo: “esta vez no habrá para bolsones”. Habrá que ver si eso es cierto.

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