Los Pumas, un ancla en el temporal

Un fenómeno que superó al clásico River-Boca. La bandera negra a la que aludió Bergoglio en su homilía. Kirchner y su esposa no tienen gestos cercanos a alguna religión. Por Angel Anaya - Columnista.

09 Octubre 2007
BUENOS AIRES.- Por lo menos en la Ciudad de Buenos Aires y en el conurbano, la audiencia televisiva y radial de Los Pumas vs. Escocia habría triplicado la que minutos antes tuvo River Plate vs. Boca Juniors. Nadie podrá afirmar, empero, que el rugby sea un deporte más pasional para los argentinos que el fútbol. Sólo una reducida audiencia conocía medianamente las reglas del juego, pero un sentimiento desconcertante y de frustración suscitó esa reacción auténtica ante quienes han demostrado, cualquiera que sea el resultado final, una voluntad excepcional por hacer las cosas bien. Seguramente, si el país estuviera en la plenitud de sus valores y no con tan escaso porcentual de ellos, el espectáculo habría sido uno más del calendario internacional. También es verdad que cuando se apresta a culminar el debate electoral, el panorama de despojos republicanos es tan considerable que las generaciones vivas difícilmente pueden recordar algo parecido. Especialmente, por causa de la mentira, es decir, la bandera negra a que aludió como eje de su homilía el cardenal Jorge Bergoglio al fin de la multitudinaria peregrinación anual de la juventud a la basílica de Luján, la mitad bajo la lluvia, y de cuyo volumen las autoridades del control de seguridad por vez primera se negaron a informar. En definición oficialista, Bergoglio es el jefe de la oposición y si bien no dio nombres de los mentirosos, aludió a “ese que nos muestra vidrios de colores y nos quiere hacer creer que son piedras preciosas”.

 Sin gestos o palabras
Desde que el Gobierno comenzó a tomar distancia de la jerarquía eclesiástica, no dio un solo paso para mejorar esas relaciones que, sin embargo, trata de mantener normales con El Vaticano mediante los esfuerzos del embajador Esteban Caselli. La invitación de Kirchner para conversar con el obispo emérito de Iguazú, Joaquín Piña, quien encabezó una coalición ciudadana exitosa para impedir la reelección indefinida de gobernador en Misiones, tuvo por finalidad avanzar en las relaciones, pero esa reunión de nada sirvió. Curiosamente hoy no se valora mayormente en el oficialismo el peso de la Iglesia en las decisiones del electorado, ni siquiera considerando que la intercomunicación de los cultos católico, protestantes, judíos y musulmanes nunca fue tan significativa como lo es desde aquel distanciamiento. Por lo demás, tanto el Presidente como su esposa y candidata a sucederlo no tienen desde hace tiempo gestos o palabras que los asocien a religión alguna. La homilía de Bergoglio ha tenido, aunque no lo haya dicho, un destino claro, y su contenido sobre el falseamiento de la verdad y el esfuerzo para no ser confundidos difícilmente podrá desvincularse de la realidad electoral que se vive. (De nuestra Sucursal)

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