08 Octubre 2007 Seguir en 
El cuidado del medio ambiente constituye, en los últimos tiempos, una lucha en la que no siempre se logran los resultados adecuados. Entre los numerosos aspectos que hay que considerar, en lo respectivo al deporte en Tucumán el tema adquiere una fuerte connotación en función de uno de nuestros más preciados tesoros naturales, los faldeos de las sierras de San Javier.
La práctica de actividades deportivas en los cerros ha aumentado considerablemente en los últimos años, tanto de disciplinas tradicionales como de otras novedosas. Numerosos tucumanos y cada vez más visitantes se suman a competencias de mountain bike, carreras de aventura, enduro, parapente, rally, incluso montañismo y escalada deportiva, entre las más practicadas, sin olvidar a los ocasionales deportistas amateur que desarrollan sus actividades en este ámbito. Y todo ello no sólo moviliza a los principales interesados en una prueba, sino también a un público ávido por ver en acción a los ases de cada práctica. Es entonces cuando comienza el debate: hay quienes respetan al ciento por ciento el medio ambiente y no dejan huellas de su paso. Pero también están aquellos desaprensivos, que no razonan sobre el verdadero valor de mantener los sitios que visitan en las mismas condiciones en que los encontraron.
Hay ocasiones en que basta con pasar al día siguiente de una competencia por los lugares donde esta se desarrolló para encontrar cuánto daño se hace al medioambiente, ya sea por arrojar basura, por cortar vegetación, por cambiar el curso de arroyos o, simplemente, por generar una fuerte polución sonora que afecta a la vida animal silvestre.
Es lógico exponer que todos estos últimos puntos no son privativos sólo de quienes se movilizan por una excusa deportiva a algún punto de nuestros cerros. Pero también es cierto que quienes sí lo hacen pierden el sentido de la preservación al verse masificados, a veces en forma voluntaria y, en otras ocasiones, de manera involuntaria.
Lo que sucedió el sábado pasado, a partir de la suspensión de una etapa del rally de enduro que se había programado desde Yerba Buena a Tafí del Valle, es un buen ejemplo de que, cuando se es razonable, no se puede ir contra las leyes naturales. Luego de una lluvia intensa no se corrió, al amparo de un acuerdo previo que los organizadores habían establecido con funcionarios de la Dirección de Flora, Fauna y Suelo de la Provincia.
El tema adquiere un valor incalculable cuando se está en la semana previa de la mayor cita internacional que vivirá el deporte tucumano este año: la fecha de la Copa del Mundo de Parapente, a partir del sábado, en Loma Bola. Unos 130 pilotos, buena parte de ellos de otros países, permanecerán en Tucumán durante 10 días. Junto a ellos, se movilizará mucha gente, no sólo relacionada con la organización, sino también público. Esta actividad, que cada día cuenta con más cultores, que se jacta de ser la más ecológica de todas cuantas se practican en las zonas de altura, pondrá a la provincia ante una consideración inédita. Ello representará una excelente forma de darnos a conocer ya no sólo como un lugar acogedor, sino también como un sitio donde el respeto por el medio ambiente serrano es prioridad.
Hacer deportes y no afectar el ecosistema es posible. Y, si de todas formas el ser humano dejará su huella en los lugares por donde transita, que esto sea redimido con acciones inmediatas, sobre todo por parte de las autoridades que deben velar por esta premisa. Es imprescindible no olvidar que todos tenemos derecho a gozar de la naturaleza tal cual se presenta.
La práctica de actividades deportivas en los cerros ha aumentado considerablemente en los últimos años, tanto de disciplinas tradicionales como de otras novedosas. Numerosos tucumanos y cada vez más visitantes se suman a competencias de mountain bike, carreras de aventura, enduro, parapente, rally, incluso montañismo y escalada deportiva, entre las más practicadas, sin olvidar a los ocasionales deportistas amateur que desarrollan sus actividades en este ámbito. Y todo ello no sólo moviliza a los principales interesados en una prueba, sino también a un público ávido por ver en acción a los ases de cada práctica. Es entonces cuando comienza el debate: hay quienes respetan al ciento por ciento el medio ambiente y no dejan huellas de su paso. Pero también están aquellos desaprensivos, que no razonan sobre el verdadero valor de mantener los sitios que visitan en las mismas condiciones en que los encontraron.
Hay ocasiones en que basta con pasar al día siguiente de una competencia por los lugares donde esta se desarrolló para encontrar cuánto daño se hace al medioambiente, ya sea por arrojar basura, por cortar vegetación, por cambiar el curso de arroyos o, simplemente, por generar una fuerte polución sonora que afecta a la vida animal silvestre.
Es lógico exponer que todos estos últimos puntos no son privativos sólo de quienes se movilizan por una excusa deportiva a algún punto de nuestros cerros. Pero también es cierto que quienes sí lo hacen pierden el sentido de la preservación al verse masificados, a veces en forma voluntaria y, en otras ocasiones, de manera involuntaria.
Lo que sucedió el sábado pasado, a partir de la suspensión de una etapa del rally de enduro que se había programado desde Yerba Buena a Tafí del Valle, es un buen ejemplo de que, cuando se es razonable, no se puede ir contra las leyes naturales. Luego de una lluvia intensa no se corrió, al amparo de un acuerdo previo que los organizadores habían establecido con funcionarios de la Dirección de Flora, Fauna y Suelo de la Provincia.
El tema adquiere un valor incalculable cuando se está en la semana previa de la mayor cita internacional que vivirá el deporte tucumano este año: la fecha de la Copa del Mundo de Parapente, a partir del sábado, en Loma Bola. Unos 130 pilotos, buena parte de ellos de otros países, permanecerán en Tucumán durante 10 días. Junto a ellos, se movilizará mucha gente, no sólo relacionada con la organización, sino también público. Esta actividad, que cada día cuenta con más cultores, que se jacta de ser la más ecológica de todas cuantas se practican en las zonas de altura, pondrá a la provincia ante una consideración inédita. Ello representará una excelente forma de darnos a conocer ya no sólo como un lugar acogedor, sino también como un sitio donde el respeto por el medio ambiente serrano es prioridad.
Hacer deportes y no afectar el ecosistema es posible. Y, si de todas formas el ser humano dejará su huella en los lugares por donde transita, que esto sea redimido con acciones inmediatas, sobre todo por parte de las autoridades que deben velar por esta premisa. Es imprescindible no olvidar que todos tenemos derecho a gozar de la naturaleza tal cual se presenta.







