Candado a las indiscreciones

Alperovich quiere controlar todos los dichos y movimientos de sus socios y funcionarios. La inflación es un factor de complicación. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

07 Octubre 2007
La trepada del costo de vida es el factor que mayores disturbios políticos le ocasiona al kirchnerismo en el último tramo de la disputa electoral. El techo del nivel de inflación en Capital Federal y Gran Buenos Aires es un misterio, ya que la credibilidad del índice del Indec está irremediablemente herida de muerte, pese a la dialéctica envenenada de Néstor Kirchner. La realidad de los precios lo contradice abiertamente. El Presidente acusa a sus detractores de fabricar un alboroto con fines electoralistas, pero su argumentación está teñida de la misma intencionalidad. Las jerarquías empresarias del país-con una mezcla de temor y oportunismo- remaron en la misma dirección que el esposo de la senadora candidata. Y el gobernador José Alperovich la emprendió contra los economistas que no piensan como Kirchner, acusándolos de"querer reinstalar un modelo perimido".
La locuacidad del mandatario contrasta vivamente con el silencio de empinados funcionarios en torno de delicadas cuestiones económicas domésticas, tales como el informe del Tribunal de Cuentas sobre la cuenta de inversión de 2006 y el costo de vida en Tucumán. Fue, así, paradigmática, la conducta cautelosa del ministro de Economía, Jorge Jiménez. En qué gasta el Gobierno el dinero público -aportado con los impuestos que pagan todos-, y cómo la inflación erosiona los sueldos de la gente constituyen un terreno minado, que al oficialismo le disgusta explorar en épocas preelectorales. También forma parte del mundo de las incógnitas cuánto del desgaste kirchnerista capitaliza la oposición. En esta sólo se debate si Cristina Fernández de Kirchner (CFK) ganará o no en la primera vuelta. Desalojarla del primer puesto de la maratón es una hipótesis alejada de los cálculos más sensatos. Acusar, sin embargo, de conducta oportunista a los contendientes de la Casa Rosada es desconocer la responsabilidad propia en la gestación de los errores. En tiempos convulsionados, los actores políticos usan todas las herramientas a su alcance para devastar el territorio hostil.
De todos modos, el sismógrafo no registra temblores económicos de una intensidad tal que ponga en peligro la estabilidad de las políticas kirchneristas. Esa sensación se derrama hacia el electorado tucumano, que asiste impávidamente a la caída de las hojas del almanaque .

Rabietas intestinas
Alperovich comanda la pelea electoral y no admite maniobras que estén fuera de libreto. El enojo que se alzó con el radical kirchnerista Jorge Mendía fue monumental: trajo al mendocino Julio Cobos sin su anuencia.
El candidato a vicepresidente oficialista -de quien CFK advirtió que no están divorciados políticamente- dejó Tucumán con una impresión confusa de sus vivencias con los anfitriones de la Casa de Gobierno. El trato que recibió Cobos fue frío y protocolar. Mendía se enteró, además, de que Alperovich se atribuye la conducción de la concertación K en la provincia. Un mensaje descarnado, que fue dicho en tono duro.
La conclusión es clara: el gobernador no quiere que ni una mosca vuele sin que él se entere. Con igual energía, abordó el problema de la inseguridad. La reforma del Código Procesal Penal para que se pueda dictar prisión preventiva aun en los casos de delitos excarcelables desató reacciones diversas. El sentir del ciudadano común sintoniza con el razonamiento del jefe de Estado, que se mueve con la guía de las encuestas. Alperovich se puso del lado de las víctimas, pero embistió contra la otra pata del sistema: los abogados penalistas que egresan de las universidades autorizadas por el Estado federal. El Gobierno debe garantizar la protección de la vida y de los bienes de los ciudadanos así como la defensa de los presuntos delincuentes. Son las dos caras de la misma moneda.
La incomprensión del orden jurídico le trae otros dolores de cabeza al gobernador: se olvidó del artículo 18 de la Constitución Nacional cuando afirmó que no le molesta que los presos estén incómodos. La Carta Magna ordena que las cárceles sean sanas y limpias, y no de castigo. La inversión en obras carcelarias brilló por su irrelevancia en el primer gobierno de Alperovich.

Las herencias
Las fricciones internas están a la orden del día. Osvaldo Jaldo y Sergio Mansilla no se llevan bien con el ministro político Edmundo Jiménez. Son secuelas de la lucha del 26 de agosto, en la que Mansilla no sobresalió por su desempeño electoral. La lentitud de la investigación acometida por el fiscal de Instrucción Carlos Albaca lo salvó de rendir cuentas en una causa por presunto incumplimiento de los deberes de funcionario público. Aunque no todo es atribuible a Albaca: las lagunas legales ayudan al aún secretario de Coordinación con Municipalidades y Comunas. Al no estar incluidos en la Ley de Presupuesto, los Aportes al Tesoro Nacional (ATN) pudieron ser distribuidos discrecionalmente por Mansilla con criterios políticos. Cómo Mansilla repartió los ATN en estos cuatro años es un arcano al que sólo accede la elite de la Casa de Gobierno. Al llegar a la Legislatura sentirá que se le esfumó el poder.
Jaldo estará en una situación diferente: comandará un ministerio. Las tensiones que existen en esos escalones del mundo gubernamental se disiparán tras las elecciones presidenciales. Cerca del ministerio político minimizan esos chisporroteos. Las intrigas amenazan con enturbiar la relación del establishment alperovichista con el intendente Domingo Amaya. El ingreso de Rolando Alfaro al gabinete de Obras Públicas suscita reservas en la Municipalidad. La inserción electoral de Amaya es un trago difícil de digerir en los principales despachos de la Casa de Gobierno. El resultado de la elección presidencial en la capital, dentro de tres domingos, perfilará una tendencia para los próximos cuatro años.
A la oposición le preocupa, en cambio, que se reduzca el margen de diferencia con la fórmula CFK-Cobos. El ex ministro Roberto Lavagna aterrizará finalmente el viernes en Tucumán, sin el copiloto radical Gerardo Morales. El postulante a la presidencia por Una Nación de Avanzada (UNA) vendrá a explotar su imagen de arquitecto de la recuperación económica del país, materia en la que compite con el propio Kirchner. La conexión con una franja peronista enojada con el Presidente y con Alperovich es la que se pretende establecer. En forma simultánea, procurarán atraer a sectores aún indecisos. El ala peronista que catapulta a Alberto Rodríguez Saá aún no hizo pie. José María Vernet habló con dirigentes justicialistas distanciados del kirchnerismo, además de otros disidentes del radicalismo. El avance del calendario político deja a Rodríguez Saá casi sin chance de organizar una estructura mínima para el 28.
La vuelta de Ricardo López Murphy, a mediados de octubre, oxigenará a Ernesto Padilla en su ardua batalla por una banca de diputado nacional. La magra elección de Recrear es la herencia que carga. Desde Fuerza Republicana le llegará alguna ayuda de dirigentes caracterizados. Nadie se bajará del ring.

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