Cuando la palabra "no" quiere decir "no"

Las denuncias por violencia o acoso sexual han aumentado en forma rotunda en la provincia. Sin embargo, parte de la sociedad sigue culpando a las mujeres atacadas. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA

06 Octubre 2007
Los especialistas -ya sea del área social, como los expertos en seguridad o del sector jurídico- que trabajan con víctimas de acoso suelen señalar que el fenómeno de la violencia en todos sus matices -sexual o genérica- se ha hecho más visible en los últimos tiempos en Tucumán, lo que indica que lentamente se están demoliendo tabúes sociales atávicos. Lo cierto es que desde el momento en el que la violencia ha sido sacada del estante del "mundo privado" o de la "esfera íntima", las cuestiones relativas a los delitos contra la integridad sexual están instalándose -a los codazos- en la agenda pública de la Provincia.
Con ese escenario de fondo, una agrupación de mujeres que trabaja la problemática de género organizó la semana pasada un silbatazo, bajo la consigna "Cuando una mujer dice no, es no". Lo que se esconde detrás de ese enunciado es la eterna discusión acerca de si las víctimas de acoso o de violación "son culpables de haber incitado" esa acción, lo que termina convirtiendo la víctima en victimaria.
Vale señalar que este grupo trabaja con víctimas de delitos sexuales, ya sean mujeres adultas o adolescentes, pero no se ocupa de las denuncias sobre abuso en los cuales las víctimas son niños, denuncias que también han crecido en forma ostensible y que se tramitan por vía de las defensorías de menores.
Las organizadoras del silbatazo reclaman una ley provincial de emergencia contra la violencia sexual, la ejecución de los protocolos de atención sanitaria a víctimas de violación y exámenes de HIV y hepatitis en toda la provincia.
En el plano legal, impulsan la reforma del Código Procesal Penal, para que los fiscales puedan recibir las denuncias directamente desde las fuentes hospitalarias y se evite la mediación policial. Esa modificación permitiría que las pruebas de un presunto delito contra la integridad sexual se recojan de inmediato, lo que le ahorraría una segunda revisación a la víctima. Asimismo, reclaman la creación de una fiscalía especializada en esa materia.
Entre quienes trabajan en los organismos estatales relacionados con el tema, se ve con buenos ojos la creación de esas nuevas figuras. Precisamente, la abogada Karina Lescano, del Centro de Atención en Violencia Familiar (Don Bosco 1.886), opina que hay que humanizar los procesos judiciales y policiales en torno de los delitos contra la integridad sexual, que están ligados a una problemática de género.
En la misma línea, señala la importancia de fortalecer psicológicamente a la víctima, para que esta pueda sostener hasta el final el proceso judicial.
Sobre este punto, las psicólogas que trabajan en el Observatorio de la Mujer de la Provincia afirman que en los testimonios de las víctimas de violencia se enfatiza que no hay nada más doloroso que ver al acosador o al violador en libertad, porque saben que sus conductas suelen ser reincidentes.
Muchas de las denuncias sobre acoso o violencia sexual que hoy son públicas en Tucumán han disparado en ciertos sectores de la sociedad la reacción de ver a las víctimas como instigadoras del acoso.
El escenario que propicia esas lecturas condenatorias es la visión de que al perturbador fenómeno de un vasto sector de la juventud que consume drogas y alcohol, y que carece de horizontes y límites, se suma, como hecho novedoso, el protagonismo de las mujeres en esos círculos otrora "masculinos". No obstante, la consigna "cuando digo no, es no" marca el espacio de derecho y de libertad innegociable que le cabe a una persona respecto de su propio cuerpo. Lo contrario remite al "por algo será" tan propio de tiempos que sólo vale recordar para no repetir.

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