Una dirigencia que debe replantear sus objetivos

Las heladas evitaron que el sector azucarero tenga que lidiar con un exceso de oferta. Los reajustes de precios van muy por detrás de la inflación general. Pronóstico desalentador. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

24 Septiembre 2007
La que pintaba para transformarse en la zafra azucarera más importante de la historia tucumana -por las expectativas generadas al inicio de la campaña- finalmente terminó por convertirse en un proceso productivo dramático, en especial para los pequeños y medianos cañeros, sobre quienes recayó en gran medida el efecto negativo de las heladas históricas que este año afectaron a la caña.
A poco más de un mes de la conclusión de la temporada azucarera, comienzan los tiempos de los balances. La expansión del cañaveral, que se propició en las últimas temporadas, fue sin dudas una consecuencia de campañas satisfactorias, con precios alentadores, que mejoraron la economía general de los azucareros. Los precios internos y externos del azúcar eran satisfactorios y las proyecciones hacían prever que esas condiciones habían llegado para quedarse un tiempo; más aún, con la noción de que la demanda de biocombustibles en el mundo haría que sea redituable cualquier inversión que se materializara en el cultivo de la caña. Lamentablemente, en todos los países productores de azúcar parecen haber pensado lo mismo, y este año se operó con un superávit en la oferta mundial del producto de unas ocho millones de toneladas, que desinflaron rápidamente las buenas expectativas. En este escenario, Tucumán se preparaba para producir casi 200.000 toneladas más de azúcar que lo elaborado en la zafra más productiva de su historia (2006, con 1,52 millón de toneladas).
Sin embargo, no tuvieron los empresarios que renegar demasiado con precios internacionales del azúcar, que presentaban valores U$S 100 por tonelada más bajos en promedio que los del año anterior, ni que preocuparse por realizar entregas ordenadas al mercado interno para obtener precios competitivos. La naturaleza se ocupó de ese trabajo. Por las dudas y para evitar errores de cálculo, la "madre" envió las heladas más duras de las últimas décadas, y "reajustó" las proyecciones, al punto de que el último pronóstico de la Estación Experimental menciona como techo una producción de 1,35 millón de toneladas de azúcar en Tucumán, 350.000 toneladas menos que las estimaciones iniciales (algunos industriales creen que ni siquiera se alcanzará ese volumen).
Obviamente que el fenómeno climático generó enormes pérdidas en el sector. En especial, perjudicó a los productores de baja escala, que no cuentan con los recursos necesarios para asegurarse una molienda rápida y efectiva de su caña helada, como sí pueden lograr los grandes productores. Pero a menudo lo que es malo o negativo para un grupo termina favoreciendo al conjunto. Y si no, habría que tratar de imaginarse el desempeño de la actividad en un año desalentador para las exportaciones y con una súper producción de azúcar, como la que se calculaba al principio. Para este ejercicio tal vez serviría saber que, con heladas y todo, durante gran parte de la zafra el sector vendió azúcar a valores muy por debajo de lo que marca el techo que imponen los acuerdos de precios fijados por la actividad con el Gobierno nacional. Entonces, esto indica que la situación podría haber sido bastante caótica si la producción hubiera sido tan elevada como se esperaba.

Problemas
Lo curioso es que para el año próximo los pronósticos son más desalentadores aún, ya que se estima que el superávit de azúcar en el mundo superará las 10 millones de toneladas. O sea que no se pueden esperar cotizaciones externas interesantes como opción para volcar excedentes productivos. Además, los problemas que deberá afrontar el próximo Gobierno nacional parecen ser demasiados y de mucha gravedad como para que algún funcionario se tome la molestia de favorecer con mejores precios a un sector como el azucarero, que cumple las pautas y no provoca desequilibrios en la canasta alimentaria, como ocurre con otras actividades productivas (tal vez algún día le otorguen al sector azucarero un reconocimiento por no haber levantado la voz cuando todos gritaban -de esta forma, un kilo de tomates se vende a $ 7 y uno de azúcar de la mejor calidad a $ 1,50-).
Además de planificar cómo producir y cómo vender, los empresarios azucareros deberían revisar en 2008 -o antes, si es posible- las actuaciones de su actual dirigencia, que aparenta ir algunos pasos por detrás de las circunstancias que plantea una economía con índices crecientes de inflación.

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