23 Septiembre 2007 Seguir en 
“Si mi ex esposo fue el que mató al chico, que lo busquen a él. Pero mi hijo es una excelente persona”. Con estas palabras, Julia Sandoval defendió a Carlos Alberto Arévalo, de 42 años, quien está aprehendido desde el viernes por la muerte de Lucas Ramiro Córdoba. Juan Carlos Arévalo, su ex marido, también se encuentra detenido.
Luego de la muerte del menor, numerosos vecinos se dirigieron a la casa de la mujer, que está a dos cuadras del lugar del hecho (Tomas Edison y Eugenio Méndez) y la apedrearon. “Yo estaba sola. Llamé dos veces a la Policía y me dijeron que no tenían personal para mandar a proteger mi casa”, se quejó la mujer.
De la peor manera
“Yo entiendo a la madre del chico. Me pongo en su lugar y sé que si me matan un hijo voy a reaccionar de la peor manera. Pero los que vinieron a agredirme no eran familiares de Lucas, sino chicos del barrio, todos menores que, como nos tienen envidia a mí y a mi hijo, aprovecharon la oportunidad para atacarnos”, aseguró la mujer.
“Yo veía que se caían los vidrios y nadie me protegía. Yo, en este barrio, no voy a poder seguir viviendo, porque por cualquier cosa que pase van a querer venir a matarme. Tengo mucho miedo”, agregó Sandoval.
Ayer, una comisión policial custodiaba la vivienda de la mujer. Desde afuera se podía ver que gran parte de los vidrios del frente, tanto en la planta baja como en la alta, habían sido destrozados a pedradas.
“Mi hijo trabajó mucho desde chico para poder progresar. Hoy es un ejecutivo, y todo lo que tiene lo consiguió desde abajo. La situación por la que está pasando es muy injusta. Lo que yo quiero que entienda la gente es que con mi marido yo no tengo nada que ver. Hace 22 años que no estamos juntos”, aclaró.
En la esquina había mucha gente. La mayoría eran familiares y vecinos. Otros no eran del grupo familiar, pero por curiosidad o por solidaridad con ellos, se acercaron a la vivienda. Todos murmuraban y la idea recurrente en las conversaciones era el temor de que el caso quede impune.
Inquietud
“¿Cómo podemos hablar de seguridad en Tucumán? Hay tantos casos en los que los culpables quedaron sin castigo que tenemos miedo de que el que le disparó a Luquitas quede libre”, se quejó Mario Pérez.
Transcurría la mañana y cada vez llegaba más gente a la casa. “Es terrible lo que pasó. No entendemos cómo alguien puede matar a una criatura a sangre fría. Este chiquito era conocido por todos los vecinos. Era un nene muy buenito, que tenía muchos amigos”, relató Noemí Caro. “El barrio no es inseguro, aunque, de vez en cuando, ocurren hechos violentos. Pero lo de ayer no tiene nombre. Yo creo que el chico miró hacia dentro del terreno, vio algo raro y lo mataron para que no contara nada”, aventuró Oscar Alejandro Molina. “De otra manera no se entiende por qué lo mataron de la manera como lo hicieron, a sangre fría y sin ninguna contemplación”, agregó. “Lo que nos asusta es que el asesino entre a la cárcel por una puerta y salga por la otra. Ayer (por el viernes) el trabajo de la Policía dejó mucho que desear. Ojalá que no estén protegiendo al asesino y que se haga justicia”, rogó Dolores Alvarado.
Luego de la muerte del menor, numerosos vecinos se dirigieron a la casa de la mujer, que está a dos cuadras del lugar del hecho (Tomas Edison y Eugenio Méndez) y la apedrearon. “Yo estaba sola. Llamé dos veces a la Policía y me dijeron que no tenían personal para mandar a proteger mi casa”, se quejó la mujer.
De la peor manera
“Yo entiendo a la madre del chico. Me pongo en su lugar y sé que si me matan un hijo voy a reaccionar de la peor manera. Pero los que vinieron a agredirme no eran familiares de Lucas, sino chicos del barrio, todos menores que, como nos tienen envidia a mí y a mi hijo, aprovecharon la oportunidad para atacarnos”, aseguró la mujer.
“Yo veía que se caían los vidrios y nadie me protegía. Yo, en este barrio, no voy a poder seguir viviendo, porque por cualquier cosa que pase van a querer venir a matarme. Tengo mucho miedo”, agregó Sandoval.
Ayer, una comisión policial custodiaba la vivienda de la mujer. Desde afuera se podía ver que gran parte de los vidrios del frente, tanto en la planta baja como en la alta, habían sido destrozados a pedradas.
“Mi hijo trabajó mucho desde chico para poder progresar. Hoy es un ejecutivo, y todo lo que tiene lo consiguió desde abajo. La situación por la que está pasando es muy injusta. Lo que yo quiero que entienda la gente es que con mi marido yo no tengo nada que ver. Hace 22 años que no estamos juntos”, aclaró.
En el barrio, muchos vecinos temen que el asesinato quede impune
La mañana bullía en las calles de San Cayetano. Sin embargo, en la intersección de Eugenio Méndez y pasaje Finley reinaba el silencio. En la casa Nº 479 de ese pasaje estaba siendo velado Lucas Ramiro Córdoba, el niño de siete años que murió el viernes tras haber sido baleado en el pecho.En la esquina había mucha gente. La mayoría eran familiares y vecinos. Otros no eran del grupo familiar, pero por curiosidad o por solidaridad con ellos, se acercaron a la vivienda. Todos murmuraban y la idea recurrente en las conversaciones era el temor de que el caso quede impune.
Inquietud
“¿Cómo podemos hablar de seguridad en Tucumán? Hay tantos casos en los que los culpables quedaron sin castigo que tenemos miedo de que el que le disparó a Luquitas quede libre”, se quejó Mario Pérez.
Transcurría la mañana y cada vez llegaba más gente a la casa. “Es terrible lo que pasó. No entendemos cómo alguien puede matar a una criatura a sangre fría. Este chiquito era conocido por todos los vecinos. Era un nene muy buenito, que tenía muchos amigos”, relató Noemí Caro. “El barrio no es inseguro, aunque, de vez en cuando, ocurren hechos violentos. Pero lo de ayer no tiene nombre. Yo creo que el chico miró hacia dentro del terreno, vio algo raro y lo mataron para que no contara nada”, aventuró Oscar Alejandro Molina. “De otra manera no se entiende por qué lo mataron de la manera como lo hicieron, a sangre fría y sin ninguna contemplación”, agregó. “Lo que nos asusta es que el asesino entre a la cárcel por una puerta y salga por la otra. Ayer (por el viernes) el trabajo de la Policía dejó mucho que desear. Ojalá que no estén protegiendo al asesino y que se haga justicia”, rogó Dolores Alvarado.
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