21 Septiembre 2007 Seguir en 
El sistema de listas colectoras de votos, que multiplica los accesos a la candidatura presidencial oficialista, no ha bastado para que el sindicalismo con personería excluyente logre una participación en el cuarto oscuro como la que ambicionaba. El sueño del brazo sindical del peronismo de llegar al Congreso está muy lejos de la realidad; no porque la identificación de las veteranas jerarquías gremiales con el poder político se haya extinguido, sino por causa de la severa crisis que ha puesto fin a la integridad del unicato. Nadie podría establecer en el presente régimen electoral al "uso nostro" en cuántos sectores o grupos se halla dividida la Confederación General del Trabajo, cuya secretaría directiva ejerce el autoritario Hugo Moyano. En líneas gruesas puede decirse que son tres los grupos: moyanistas, barrionuevistas y "gordos"; pero con mayor precisión, y a juzgar por el descontrolado ejercicio gremial que se observa en las calles de casi todo el país, ese número se multiplica por una incógnita peligrosa. Frente a tal realidad, el jefe de listas que ejerce el poder político y espera alternarse con su candidata presidencial no puede conferir a unos, en desmedro de otros, espacios en las listas colectoras. La consecuencia es negativa hasta el punto de que nunca un poder con origen justicialista podría tener menos representación sindical propia en las bancas parlamentarias. Tan singular situación no es óbice para que todos los sectores o facciones se disputen otros beneficios de la Casa Rosada, que, como en el caso de Moyano, hasta incluyen extorsiones impunes para sustraer afiliados a sus rivales, cuya cifra orilla por el momento 30.000 de los "gordos". Tras esos gestos de violencia, el camionero entra y sale del despacho presidencial sin mayores problemas y sin que el presidente Kirchner se prive por ello de confraternizar con algún adversario del visitante. Como espada de Damocles sobre las cabezas del unicato, algunos insinúan que la primera dama podría sentirse tentada por una apertura del cerrado régimen de asociación sindical que rompa el monopolio de personería gremial de la CGT, cuya revisión solicitó hace cinco meses la Organización Internacional del Trabajo al gobierno federal. Esa solicitud, basada en exigencias constitucionales y del Convenio 87 de la OIT, así como en otros tratados internacionales incorporados a la Carta Magna, dio lugar al compromiso del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, de tratarla en comisión de partes, algo que no tuvo lugar hasta el momento. Los hechos consignados han motivado la incorporación de la dura interna sindical como tema electoral, mientras la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), sin personería gremial y donde milita la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), está mejor representada en el Congreso que la CGT y provoca al oficialismo graves problemas sociopolíticos en su propio nido originario, la provincia de Santa Cruz. La crisis del precario globo sindical del país se agrava, igualmente, por la descomedida adhesión formal y pública de la personería excluyente de la CGT y su identificación con el oficialismo que, como ya se ha señalado en este lugar con reiteración, sólo podría ser aceptada en el orden personal, pero nunca en el institucional. No hay razón alguna para que el gran sector laboral de la sociedad se vea obligado compulsivamente a identificar sus intereses específicos con los políticos de dirigentes tan menguadamente republicanos.







