El poncho de Bulacio quedará en un museo

Más de 200 personas integraron el cortejo que acompañó al cantante a su morada final. Fue despedido con pañuelos, llantos y un conmovedor responso.

CORTEJO. Más de 50 vehículos acompañaron a Bulacio.LA GACETA FRANCO VERA
CORTEJO. Más de 50 vehículos acompañaron a Bulacio.LA GACETA FRANCO VERA
11 Septiembre 2007
Como un ídolo. Así despidieron ayer unas 200 personas al músico Héctor Bulacio en el cementerio San Agustín, de Yerba Buena.
El cortejo fúnebre, integrado por alrededor de 50 vehículos, llegó al cementerio alrededor de las 19.30. Los vecinos del lugar, conmovidos, también saludaron al músico con sus pañuelos mientras pasaba el cortejo. "Es uno de nuestros artistas más entrañables. Merecía estos honores", señaló Ricardo Fanjul, de 54 años, uno de los vecinos que se acercó al cementerio para dar el último adiós a Bulacio.
Una vez dentro del cementerio, el cortejo fúnebre se nutrió con otras personas que ya esperaban la llegada del artista. En el lugar donde se ubicó la tumba de bulacio, se improvisó una capilla ardiente con una carpa en la que se ubicaron los familiares y amigos del músico. Pero, mientras se trasladaba el féretro se produjeron algunos forcejeos, porque muchos seguidores del grupo querían tocar el cajón. "Yo no conocí personalmente a Bulacio, pero soy un seguidor de Los Tucu Tucu desde hace muchos años. Ahora, al menos, pude tocar su féretro. Fue como estrecharle la mano simbólicamente", declaró Esteban Moreno, de 62 años, visiblemente conmovido.
Mientras se preparaba el responso, se escuchaba por unos parlantes canciones de Los Tucu Tucu. Pero cuendo llegó el féretro a la capilla, todos comenzaron a cantar a capella "Luna tucumana". El canto se escuchó casi como un lamento, mientras el sol de la tarde se ocultaba tras el cerro. "Estoy profundamente conmovida", contó María Marta López, de 45 años. También estuvieron los hijos y familiares de Bulacio, quienes estaban profundamente conmovidos y no hablaron durante el responso. En el saludo final, antes de que el féretro fuera depositado en la tumba, uno de los familiares tomó el poncho de Bulacio que cubría el cajón y se lo entregó al ex Tucu Tucu Chango Paliza, quien será el encargado de custodiar la prenda hasta que sea expuesta en el Museo Folclórico de la Provincia. Luego, con un aplauso cerrado y llantos contenidos, Bulacio fue despedido con la frase "hasta siempre, Gringo".