La memoria opositora y el patrocinio del caos
El Concejo Deliberante de la capital es sede oficial de la democracia pavimentadora. La oposición, en tanto, actúa como si el 26 de agosto no hubiera sido anulada en las urnas. Por Alvaro José Aurane - Redacción LA GACETA.
06 Septiembre 2007 Seguir en 
“Ireneo empezó por enumerar, en latín y español, los casos de memoria prodigiosa registrados por la Naturalis historia: Ciro, rey de los persas, que sabía llamar por su nombre a todos los soldados de sus ejércitos; Mitrídates Eupator, que administraba la justicia en los veintidós idiomas de su imperio; Simónides, inventor de la mnemotecnia; Metrodoro, que profesaba el arte de repetir con fidelidad lo escuchado una sola vez”. Funes, el memorioso, de Jorge Luis Borges, en Ficciones.Las sesiones que tuvieron lugar en los dos principales cuerpos legisferantes de la provincia, apenas transcurrida una semana de los comicios del 26 de agosto, han venido a mostrar descarnadamente que el caos se ha apoderado de los grandes actores de la vida política provinciana: el oficialismo y la oposición.
Entre sus primeras acepciones, la Real Academia Española define el caos como confusión y desorden. Ese caos era el Concejo Deliberante de la capital, el lunes, cuando el oficialismo y los conversos enterraron la razón como fuente de las normas. Frente a los reparos opositores en contra de la autorización para que la Municipalidad contrate en forma directa obras por hasta $ 150.000, los que ganaron los últimos comicios decidieron llevar el monto hasta $ 250.000. El motivo: porque sí. Porque tienen la mayoría. Parece la jungla, pero los animales no hacen patoterismo.
La democracia pavimentadora, y su canje de cordón cuneta por instituciones, ya tiene sede oficial en San Martín y Monteagudo. Allí, la mayoría de los representantes vecinales decidió regalar su potestad de controlar las contrataciones del Estado porque, a cambio, la intendencia va a asfaltar la ciudad. Ya que no les tienen cariño, al menos podrían tenerles un poco más de respeto a sus bancas.
Otras inquisiciones
La filósofa Graciela Scheines revela que, etimológicamente, caos proviene de un término griego que significa espacio vacío. Ese es el caos de la oposición.
En la última sesión de la Legislatura (que, comparada con el Concejo Deliberante de la capital, se asemeja a la Asamblea General de las Naciones Unidas), no se hizo una sola mención al resultado de los últimos comicios. El silencio del triunfante oficialismo puede parecer hasta un gesto de urbanidad. Pero el mutismo de los opositores sólo es síntoma de que el sector, además, padece ceguera y sordera. Nadie ensayó un análisis. Menos una autocrítica. Pareciera que el 26 de agosto no fueron anulados en las urnas, casi por completo. Fuera del recinto, da la misma impresión.
Otra vez, la oposición enfrentará en debilitadora fragmentación un proceso electoral. Esta vez, para elegir diputados nacionales. O, en realidad, para que otros lo hagan por ella. Lo alarmante del caso es que, a pesar de que han sellado alianzas entre algunas de las fuerzas que compitieron por separado hace 10 días, igualmente hay en el escenario antioficialista, en principio, 12 fuerzas. Tal como que en los comicios provinciales. Eran, hasta ayer, Concertación UNA, Coalición Cívica por la Resistencia, Acuerdo Federal por Tucumán, FR, Recrear, Partido Laborista, Partido Socialista, Democracia Cristiana, Partido Obrero, Movimiento Socialista de los Trabajadores, Frente Amplio Latinoamericano y Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados.
Dicho de otro modo, una cosa es la utopía del entendimiento total entre estas fuerzas, impracticable y hasta nociva, y otra es calcar el escenario del desastre reciente. Precisamente, pareciera que la oposición nada ha aprendido de la derrota. Pero el aprendizaje es un proceso complejo. Lo realmente traumático es que, en rigor, pareciera que ni siquiera recuerda lo ocurrido, a despecho del memorioso personaje de Borges. O de los históricos líderes que él mencionaba. Para el caso, ningún Funes encabezó una lista en la pasada elección. No hay que quejarse, después, de que sólo el pueblo es desmemoriado.
Para colmo, la memoria opositora funciona a destiempo: justo esta semana se acordaron de que debían ir juntos. Cuando los partidos nacionales tienen sus propias fórmulas presidenciales, que entorpecen el armado de un gran frente. Cuando no saben si la Justicia Electoral Nacional aceptará que una única lista sea común a varios partidos que, además, postulen distintos candidatos a jefe de Estado. O sea, acople invertido. Cuando no saben si las fórmulas presidenciales aceptarán el experimento. Y, sobre todo, cuando no tienen aún los candidatos para esa lista, que debe inscribirse hasta pasado mañana.
Hasta el mes pasado, cuando todo acuerdo político y electoral dependía de la decisión de los dirigentes provinciales, se olvidaron de todo entendimiento.
Que el oficialismo obtuviera el 80% de los votos en agosto habilita a leer, incluso, que ha habido un voto castigo contra la falta de actitudes de lucidez y de grandeza opositora. Pero no hay cambios. Es como si el escrutinio definitivo no hubiera sido asumido. Como si hubiera sido negado. Como si no hubiera un asentimiento respecto de él. “El asentimiento ha sido descrito a veces como un acto de la inteligencia y a veces como uno de la voluntad”, enseña el filósofo José Ferrater Mora, quien menciona en esa opción las dos grandes herramientas de la política. Pero en el subtrópico, el caos patrocina a vencedores y a vencidos.
“Sin esperanza y con nostalgia, pienso en la abstracta posibilidad de un partido que tuviera alguna afinidad con los argentinos -escribió Borges en Nuestro pobre individualismo-. Un partido que nos prometiera (digamos) un severo mínimo de gobierno”. Con razón dijeron de él, toda la vida, que era elevado.
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