Razonable temor ante posibles inundaciones

06 Septiembre 2007
La imprevisión es una de las características de nuestra idiosincrasia. Tal vez esta pueda entenderse cuando un hecho se presenta por primera vez y nos encuentra sin respuestas que brinden una solución inmediata al problema. Pero cuando el suceso es totalmente previsible, porque ya se ha pasado por experiencias similares anteriormente, no encuentra justificativo. Se sabe desde hace muchísimo tiempo que el ciclo más copioso de lluvias se registra en la provincia, entre fines de noviembre y marzo. Durante ese período se producen con frecuencia inundaciones que devastan poblaciones del interior de la provincia. El verano pasado, Tucumán padeció uno de los meteoros más importantes de las últimas décadas. El temporal, que no dio tregua durante varias semanas y que destruyó puentes y carreteras, y anegó numerosas localidades, ocasionó perjuicios cuyo costo fue estimado en más de $ 30 millones por el Gobierno.
El 8 de enero pasado, productores y vecinos de localidades del sur realizaron dos cortes de rutas para exigir a las autoridades que se encauzara el río Gastona, porque alrededor de 3.500 familias habían sido afectadas por los desbordes con cada lluvia que se producía en ese momento. El desborde del Gastona se produjo, entre otras cosas, por la existencia del vaciadero de Concepción, que tenía unos 10 kilómetros cuadrados y se convirtió en una gran muralla que ocasionó el cambio de curso del río. Cabe indicar que ubicar un basural a la vera de un río es una irresponsabilidad total. El desmadre también afectó a varios barrios de Concepción. Parte del puente ferroviario sobre el río Gastona fue destruido por las aguas, mientras que el puente carretero sobre uno de los accesos a “La Perla del Sur” resultó seriamente dañado y obligó a Vialidad Provincial a clausurarlo. El director de esa dependencia dijo el 13 de enero que la obra de arte iba a ser refaccionada en los días subsiguientes. Entre otras de las causas, aparte del violento meteoro que azotó durante semanas a los tucumanos, se dijo en ese momento que el municipio de Concepción no había cumplido con su parte en la realización de las obras de contención en la margen sur del río. El intendente señaló en la ocasión que el municipio sólo había gestionado la concreción de las defensas, pero que no había participado de la planificación, ni de la ejecución de los trabajos.
Poco se hizo desde entonces. Las 176 familias del barrio Costanera que perdieron casi todos sus bienes a causa del desborde del Gastona, expresaron su temor y desesperación porque el período de lluvias se aproxima y temen repetir la terrible experiencia (en algunas viviendas, el nivel del agua alcanzó una altura de dos metros) de enero pasado. Exigen a las autoridades que los reubiquen en otro lugar y solicitan que el puente viejo sea totalmente derribado porque tal como está, su estructura puede transformarse en un peligroso dique, que primero contendrá las aguas y luego estas se desbordarán hacia el barrio. Les habían prometido que se construiría en otro lugar un nuevo barrio a través de un programa financiado por el Gobierno nacional y que las viviendas iban a ser entregadas en noviembre, pero la obra aún no se inició, debido a cuestiones burocráticas que surgieron en el Ministerio de Infraestructura de la Nación, según dijo el intendente.
Las excusas no sirven para justificar la inacción, ni para calmar el razonable temor de estos comprovincianos. Si las autoridades no actúan con celeridad en la prevención de las posibles inundaciones, la catástrofe volverá a atormentar impiadosamente a los tucumanos y seguiremos llorando sobre la leche derramada.

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