Las múltiples vidas de Alfredo Dato

Por Federico Abel - Redacción LA GACETA.

05 Septiembre 2007
Cuando estaba en Tribunales decía que no hacía vida política sino social. No obstante, el mismo día en que presentó su renuncia quedó ungido candidato a diputado.

Hoy se cumple una semana desde que la Corte Suprema de Justicia de la Provincia se quedó -para bien o para mal- sin su último presidente, Alfredo Carlos Dato.
Como le gusta jactarse al gobernador José Alperovich, el triunfo incontrastable que el oficialismo consiguió en las elecciones del domingo 26 de agosto no da derechos; principalmente a suponer que 520.000 votos justifican institucionalmente todo, incluso que un magistrado salte de un poder del Estado a otro -porque salvo que acontezca el fin del mundo Dato será elegido diputado nacional el 28 de octubre-, como en la naturaleza otras especies trepan y brincan desde la rama de un árbol a otro.
Hay un lenguaje institucional, que no es mera orla ni forma vacía, que se debe cuidar, más tratándose de la Justicia, soporte del sistema en un estado de derecho. En este caso, el mismo día en que presentaba su renuncia era consagrado candidato en primer término por el Frente para la Victoria. Ni siquiera guardó el luto de rigor. Eso sí: fue bien prevenido no fuera cosa que, entre salto y salto, cayera al abismo, que en la política nunca se sabe. Esperó que, durante la mañana de esa misma jornada, el congreso del Partido Justicialista (PJ) consagrara la nómina de postulantes del frente, con él a la cabeza, y a la tarde, ya seguro y confirmado, llevó el texto de la dimisión al primer mandatario y ahora su nueve jefe. ¿Qué hubiera dicho don Juan Heller, el recordado presidente de la Corte, si la Providencia le hubiera permitido ver esto?
Todo este espectáculo, que en otras tierras hubiera despertado interminables sospechas sobre una real falta de independencia entre los poderes, aquí se hizo a las risitas -tan propias de Dato- y como si fuera lo más normal del mundo. Además, bien rápido y sabiendo que la contundencia de los números electorales no dejaba margen para ninguna crítica. Por las dudas y como para diluir eventuales cuestionamientos, con la facilidad de argumentar que practica cotidianamente, como si se tratara de un juego -en esto se parece mucho a su compañero, el legislador Sisto Terán, con quien vuelve a estar azarosamente unido-, no dudó en comparar su brinco con el de su anterior colega, Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que antes de llegar al tribunal había pasado por el Frente Grande. ¡Esa forma de buscar la paja en el ojo ajeno es tan típica! Lo que no dijo es que a Zaffaroni lo desvive realmente el Derecho como ciencia -y allí están sus gruesos tomos sobre Criminología como prueba-, algo que nunca estuvo del todo claro en su caso. La política -dicho por él- siempre fue su telón de fondo. Además, solía recordárselo hasta Alperovich, cuando, desde posiciones diferentes, jugaban al ajedrez montados sobre dos poderes del Estado.

Como anfibios
“No tengo vida política, sí social”. El versátil Dato había asegurado esto en mayo de 2005 luego de haber compartido una memorable cena con los ex gobernadores Ramón Ortega y Julio Miranda. Entonces, Alperovich no había acumulado tanto poder como ahora y lo desvivía la posibilidad de conspiraciones en su contra. Por cierto, no dejó de verla ese día. Dato intentó justificar aquella participación explicando que había ido a compartir un rico asado con Ortega (su antiguo jefe), porque juntos habían pasado momentos importantes para su vida. Si el mismo día en que renunció a la Corte se convirtió automáticamente en el primer candidato a diputado, ¿cuándo y dónde acordó con Alperovich semejante decisión vinculada al principal partido de la provincia? ¿Acaso algo así se improvisa? ¿No era que desde su llegada a los Tribunales sólo hacía vida social? ¿En qué quedamos? ¿Acaso tenía más vida política que judicial y social?
Desprendidos definitivamente del cordón radical, los desarrollistas, como anfibios, buscaron cobijo en el convulso océano peronista. Dato es prueba de ello: fue orteguista y, en algún momento, hasta se entusiasmó con que Fernando Juri pudiera opacar a Alperovich; por supuesto, con él como bala de plata. Pero aquel soberbio castillo en el aire trocó en una humilde diputación dentro del homogéneo mundo alperovichiano donde, ya se sabe; impera un sola voz. De regalo, dejó expedita la vía para que llegue a la Corte el fiscal de Estado, Antonio Estofán. A este, en algunas ocasiones, la Justicia que aspira a integrar tiene literalmente que implorarle para que asista a una simple audiencia, como sucedió con una causa que se tramitaba en la sala II de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y respecto de la cual tuvieron que comunicar -desde el propio tribunal- a la fiscal de Instrucción de turno que investigue si no había incurrido en incumplimiento de su deber legal. ¡He ahí el próximo vocal! Finalmente, Alperovich contará con ese oidor que en la Corte le faltaba, según la tesis de un ministro. Lo que es un misterio es qué tipo de vida practicará ahora Dato; siempre según sus manifestaciones, claro.

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