05 Septiembre 2007 Seguir en 
Tucumán es una provincia que se destaca dentro del panorama nacional por la cantidad y la calidad de las propuestas teatrales que ofrece al público, fenómeno que se acrecienta temporada tras temporada. Es un hecho reconocido que al elevado número de artistas locales que desarrollan su actividad en esta disciplina se suma un público entusiasta. Este no sólo concurre a los espectáculos que ofrecen los actores tucumanos sino que también acompaña con su presencia las puestas en escena que llegan desde otras latitudes a los escenarios locales.
Esta realidad no ha surgido de la noche a la mañana; la provincia tiene una sólida tradición teatral que se remonta a la primera mitad del siglo pasado, con la aparición de los primeros elencos vocacionales. Al trabajo de estos pioneros se sumó después la tarea fundamental de las compañías de radioteatro, que recorrían los caminos de toda la provincia con la versión escénica de las populares obras que transmitían las emisoras radiales. Hace casi cinco décadas, la fundación del Teatro Estable de la Provincia sumó el aporte del Estado a los incansables esfuerzos de los artistas independientes. El Teatro Universitario, ya desaparecido, también realizó su contribución dentro del panorama artístico de la provincia, hasta que, en los últimos años, la Facultad de Teatro de la UNT ayudó también a enriquecer la propuesta teatral tucumana, a través del trabajo y la producción de sus egresados y estudiantes.
Por otro lado, hubo en la provincia un período en el que se realizó un trabajo sumamente interesante, y fue concebido con gran visión de futuro. En la década del 60 y en los primeros años del siguiente decenio el Consejo Provincial de Difusión Cultural puso en práctica la iniciativa de contratar a directores de teatro y enviarlos a distintas ciudades del interior de la provincia para dictar allí cursos regulares de actuación y para realizar puestas en escena con quienes asistían a esos seminarios. Durante los años en que se llevó a cabo esta iniciativa, no sólo se sembró en muchas comunidades la inquietud por participar activamente en la labor teatral, sino que se apuntó a consolidar un público interesado en ese tipo de manifestaciones artísticas. La acción derivó, con el correr del tiempo, en la realización de festivales provinciales en los que los distintos elencos tuvieron la oportunidad de mostrar sus trabajos y de comparar las experiencias vividas durante el proceso de creación artística. No pocas vocaciones se despertaron entonces entre personas a las que, de no haber sido por esta iniciativa, les hubiera costado mucho más encontrar el ámbito propicio para desarrollar sus aptitudes. Y, además, la tarea de impartir los seminarios y de concretar las puestas en escena significó una apreciada fuente de trabajo y de realización personal para varios actores y directores locales. Lamentablemente, este plan no tuvo continuidad en el tiempo.
El Consejo Provincial de Difusión Cultural (luego reemplazado sucesivamente por la Dirección de Cultura, la Secretaría de Cultura y el actual Ente Cultural) fue una estructura que funcionó adecuadamente para concretar iniciativas como la que aquí recordamos, orientadas a velar por el acrecentamiento del patrimonio cultural de los tucumanos; lo hizo no sólo brindándoles la posibilidad de acceder a espectáculos de muy buen nivel sino también alentando y respaldando los esfuerzos de quienes sentían la necesidad de expresarse en las distintas ramas del arte. Y, lo que es fundamental, entendiendo que su ámbito de acción no se reducía a la ciudad de San Miguel de Tucumán, sino que debía proyectarse a todos los rincones de la geografía provincial.
Esta realidad no ha surgido de la noche a la mañana; la provincia tiene una sólida tradición teatral que se remonta a la primera mitad del siglo pasado, con la aparición de los primeros elencos vocacionales. Al trabajo de estos pioneros se sumó después la tarea fundamental de las compañías de radioteatro, que recorrían los caminos de toda la provincia con la versión escénica de las populares obras que transmitían las emisoras radiales. Hace casi cinco décadas, la fundación del Teatro Estable de la Provincia sumó el aporte del Estado a los incansables esfuerzos de los artistas independientes. El Teatro Universitario, ya desaparecido, también realizó su contribución dentro del panorama artístico de la provincia, hasta que, en los últimos años, la Facultad de Teatro de la UNT ayudó también a enriquecer la propuesta teatral tucumana, a través del trabajo y la producción de sus egresados y estudiantes.
Por otro lado, hubo en la provincia un período en el que se realizó un trabajo sumamente interesante, y fue concebido con gran visión de futuro. En la década del 60 y en los primeros años del siguiente decenio el Consejo Provincial de Difusión Cultural puso en práctica la iniciativa de contratar a directores de teatro y enviarlos a distintas ciudades del interior de la provincia para dictar allí cursos regulares de actuación y para realizar puestas en escena con quienes asistían a esos seminarios. Durante los años en que se llevó a cabo esta iniciativa, no sólo se sembró en muchas comunidades la inquietud por participar activamente en la labor teatral, sino que se apuntó a consolidar un público interesado en ese tipo de manifestaciones artísticas. La acción derivó, con el correr del tiempo, en la realización de festivales provinciales en los que los distintos elencos tuvieron la oportunidad de mostrar sus trabajos y de comparar las experiencias vividas durante el proceso de creación artística. No pocas vocaciones se despertaron entonces entre personas a las que, de no haber sido por esta iniciativa, les hubiera costado mucho más encontrar el ámbito propicio para desarrollar sus aptitudes. Y, además, la tarea de impartir los seminarios y de concretar las puestas en escena significó una apreciada fuente de trabajo y de realización personal para varios actores y directores locales. Lamentablemente, este plan no tuvo continuidad en el tiempo.
El Consejo Provincial de Difusión Cultural (luego reemplazado sucesivamente por la Dirección de Cultura, la Secretaría de Cultura y el actual Ente Cultural) fue una estructura que funcionó adecuadamente para concretar iniciativas como la que aquí recordamos, orientadas a velar por el acrecentamiento del patrimonio cultural de los tucumanos; lo hizo no sólo brindándoles la posibilidad de acceder a espectáculos de muy buen nivel sino también alentando y respaldando los esfuerzos de quienes sentían la necesidad de expresarse en las distintas ramas del arte. Y, lo que es fundamental, entendiendo que su ámbito de acción no se reducía a la ciudad de San Miguel de Tucumán, sino que debía proyectarse a todos los rincones de la geografía provincial.







