03 Septiembre 2007 Seguir en 
“¿Cuándo me van a dejar ir a mi casa? No sé qué van a pensar mis compañeros de mí. Capaz que no me dejan entrar de nuevo”. Absolutamente preocupada por lo que dirán de ella, L., una de las jóvenes que están detenidas por la muerte de Carla Romina Ortega, pasó la noche en el Instituto Goretti. Sin embargo, según dijeron quienes compartieron varias horas con ella desde el sábado a la noche, la adolescente no se mostró intranquila por su situación procesal. “Soy inocente. No tienen ninguna prueba de que yo le haya hecho algo a Carlita”, aseguraron que dijo quienes estaban con ella.
J., la otra detenida por el caso, también permanece en el mismo instituto. Debido a que el juez de Menores Raúl Oscar Ruiz dio expresas órdenes de que no podían mantener contacto entre ellas, fueron alojadas en distintos sectores. Fuentes de la institución comentaron que, a diferencia de L., J. está segura de que es víctima de una traición. “Me quieren engarronar a mí con esto, y yo no tengo nada que ver”, advirtió. Según trascendió, esta joven le dijo al fiscal Pedro Gallo, quien investiga las circunstancias que rodearon la muerte de Carla, que habrían sido L. y otra adolescente, cuyo nombre también comienza con L., quienes habrían estado paseando en una moto con la víctima el sábado de la semana pasada.
No la golpearon
Carla fue encontrada sin vida la noche del domingo 26 de agosto en el fondo de un precipicio ubicado a la vera de la ruta 338, en la subida a San Javier. Según determinaron los forenses, no había sido golpeada. Sólo presentaba una lesión en la cabeza, producto de la caída. Agonizó allí al menos una hora y luego falleció asfixiada al haber sufrido un edema pulmonar.
Según la hipótesis que manejan los policías de la Dirección de Investigaciones, comandados por el oficial Miguel Frías y los comisarios Miguel Gómez, Raúl Ferreira y René Aguirre, las dos detenidas discutieron con Carla y una de ellas la empujó. Las tres habrían llegado hasta el lugar en el que cayó el cuerpo en la moto que manejaba L. Una mujer que reside en cercanías de la rotonda del pie del cerro reconoció a esta joven como la persona que había ingresado a su comercio el sábado a la tarde. Otros testigos, del barrio Nicolás Avellaneda IV, dijeron haber visto a las tres adolescentes en la moto, con Carla sentada en el medio. J., al declarar, dijo que L. la había amenazado para que no dijera nada.
Los familiares de Carla dieron a entender que las acusadas podrían haber matado a la adolescente por envidia.
Ayer, el defensor de L., Roberto Flores, indicó que solicitará informes a la Policía, ya que, según su entender, sobre todo los sábados, antes de la subida del cerro se hacen controles policiales. “No puede ser que tres jóvenes pasen por allí sin ningún tipo de seguridad, ya que estoy seguro de que no tenían casco, y no las hayan detenido en un control”, explicó.
Pacto de silencio
Algunos testigos situaron a las tres jóvenes en cercanías del cerro San Javier poco después de las 20. En consecuencia, la presunta pelea habría surgido cuando ya era de noche. Según el comisario Gómez, ambas acusadas tienen un pacto de silencio, por lo que será difícil que cuenten qué fue lo que realmente pasó esa noche. El hecho de que hayan dejado herida a Carla en vez de prestarle auxilio habilita a la Justicia a acusarlas al menos por abandono de persona, un delito que prevé penas que van de los cinco a los quince años de prisión, por lo que no es excarcelable.
Según trascendió, hoy el juez Ruiz se entrevistará con las dos acusadas. Tanto Flores como la defensora de J., Clara Amado, pedirán que ambas sean entregadas a sus padres y que, en todo caso, se decreten medidas tutelares. “No hay ningún testimonio contundente contra ellas y ambas dicen ser inocentes. No veo por qué no les creerían”, explicó Flores. Ruiz además ordenará que ambas sean sometidas a pericias psicológicas. Ocurre que los investigadores sostienen que el crimen tiene ribetes pasionales. Los defensores, además, quieren que se busque y se le tome declaración a la otra joven conocida como L. “Ella puede aportar datos y, según mi defendida, podría saber qué fue lo que pasó. Es muy importante dar con ella”, indicó Flores.
Lo que los investigadores aún no pudieron determinar es dónde durmió Carla la noche del viernes, ni por qué no se comunicó con sus familiares durante todo el sábado, a pesar de que estuvo paseando en moto. Tampoco se sabe qué pasó con el MP3 que Iván Brito, el novio de Carla, le había prestado ese viernes.
J., la otra detenida por el caso, también permanece en el mismo instituto. Debido a que el juez de Menores Raúl Oscar Ruiz dio expresas órdenes de que no podían mantener contacto entre ellas, fueron alojadas en distintos sectores. Fuentes de la institución comentaron que, a diferencia de L., J. está segura de que es víctima de una traición. “Me quieren engarronar a mí con esto, y yo no tengo nada que ver”, advirtió. Según trascendió, esta joven le dijo al fiscal Pedro Gallo, quien investiga las circunstancias que rodearon la muerte de Carla, que habrían sido L. y otra adolescente, cuyo nombre también comienza con L., quienes habrían estado paseando en una moto con la víctima el sábado de la semana pasada.
No la golpearon
Carla fue encontrada sin vida la noche del domingo 26 de agosto en el fondo de un precipicio ubicado a la vera de la ruta 338, en la subida a San Javier. Según determinaron los forenses, no había sido golpeada. Sólo presentaba una lesión en la cabeza, producto de la caída. Agonizó allí al menos una hora y luego falleció asfixiada al haber sufrido un edema pulmonar.
Según la hipótesis que manejan los policías de la Dirección de Investigaciones, comandados por el oficial Miguel Frías y los comisarios Miguel Gómez, Raúl Ferreira y René Aguirre, las dos detenidas discutieron con Carla y una de ellas la empujó. Las tres habrían llegado hasta el lugar en el que cayó el cuerpo en la moto que manejaba L. Una mujer que reside en cercanías de la rotonda del pie del cerro reconoció a esta joven como la persona que había ingresado a su comercio el sábado a la tarde. Otros testigos, del barrio Nicolás Avellaneda IV, dijeron haber visto a las tres adolescentes en la moto, con Carla sentada en el medio. J., al declarar, dijo que L. la había amenazado para que no dijera nada.
Los familiares de Carla dieron a entender que las acusadas podrían haber matado a la adolescente por envidia.
Ayer, el defensor de L., Roberto Flores, indicó que solicitará informes a la Policía, ya que, según su entender, sobre todo los sábados, antes de la subida del cerro se hacen controles policiales. “No puede ser que tres jóvenes pasen por allí sin ningún tipo de seguridad, ya que estoy seguro de que no tenían casco, y no las hayan detenido en un control”, explicó.
Pacto de silencio
Algunos testigos situaron a las tres jóvenes en cercanías del cerro San Javier poco después de las 20. En consecuencia, la presunta pelea habría surgido cuando ya era de noche. Según el comisario Gómez, ambas acusadas tienen un pacto de silencio, por lo que será difícil que cuenten qué fue lo que realmente pasó esa noche. El hecho de que hayan dejado herida a Carla en vez de prestarle auxilio habilita a la Justicia a acusarlas al menos por abandono de persona, un delito que prevé penas que van de los cinco a los quince años de prisión, por lo que no es excarcelable.
Según trascendió, hoy el juez Ruiz se entrevistará con las dos acusadas. Tanto Flores como la defensora de J., Clara Amado, pedirán que ambas sean entregadas a sus padres y que, en todo caso, se decreten medidas tutelares. “No hay ningún testimonio contundente contra ellas y ambas dicen ser inocentes. No veo por qué no les creerían”, explicó Flores. Ruiz además ordenará que ambas sean sometidas a pericias psicológicas. Ocurre que los investigadores sostienen que el crimen tiene ribetes pasionales. Los defensores, además, quieren que se busque y se le tome declaración a la otra joven conocida como L. “Ella puede aportar datos y, según mi defendida, podría saber qué fue lo que pasó. Es muy importante dar con ella”, indicó Flores.
Lo que los investigadores aún no pudieron determinar es dónde durmió Carla la noche del viernes, ni por qué no se comunicó con sus familiares durante todo el sábado, a pesar de que estuvo paseando en moto. Tampoco se sabe qué pasó con el MP3 que Iván Brito, el novio de Carla, le había prestado ese viernes.







