Un avance del Gobierno que preocupa
La Sociedad Rural de Tucumán fue la primera entidad en sentir en carne propia los propósitos del robustecido gobernador Alperovich. El más peronista de todos. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.
03 Septiembre 2007 Seguir en 
El que no entienda que Tucumán cambió en la última semana sin dudas tendrá muchos problemas, al menos hasta que decida aceptar la realidad. Las elecciones provinciales del 26 de agosto dejaron como saldo a un gobernador mucho más poderoso, que siente que el aval de ocho de cada 10 tucumanos le otorga carta blanca para seguir administrando la provincia con rienda corta y para tomarse algunas “licencias”, que lo asemejan a algún emperador romano. Los primeros en toparse con las nuevas reglas de juego fueron los dirigentes de la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), que esta semana confirmaron lo que presumían: que el Estado provincial no apoyará la Expo Tucumán 2007. En realidad, todos saben que el Gobierno no se ajustó a la verdad cuando argumentó que la determinación de no instalar stands en la muestra empresaria -con un aporte de alrededor de $ 600.000, según afirman desde los despachos oficiales- se basó en la decisión de promover a las instituciones que dependen del Estado en exposiciones nacionales e internacionales. Lo único cierto en esta historia es que, en esta nueva etapa que se inició el 26 de agosto, el gobernador José Alperovich salió a “disciplinar a la tropa”, a la que premiará o castigará según sea la actitud que demuestre hacia la causa oficialista. La proximidad del comienzo de la Expo -el viernes próximo- y el hecho de que el acto de apertura de la muestra se convierte en una tradicional tribuna de reclamos contra el Gobierno (provincial y nacional) se transformaron en la ocasión ideal para empezar a “poner en caja” a los díscolos. Y qué mejor que comenzar con los más poderosos, lo que le permite al gobernador anotarse un poroto más en las consideraciones del fácilmente irritable matrimonio Kirchner. En esta línea, probablemente la frase “entre la Rural y la gente pobre, me quedo con la gente pobre” termine coronando al ex radical Alperovich como un peronista de raza, más parecido al propio Juan Domingo Perón que cualquiera de los gobernantes argentinos que en las últimas décadas haya buscado emular al líder del movimiento justicialista. Este tipo de expresiones suele ser música para los oídos de los votantes que se benefician con la acción social del Gobierno. Precisamente, también se evaluó que no era conveniente que el trabajo electoral prolijo que se llevó a cabo en el último tiempo en Tucumán se empañe con discursos antipresidencialistas a poco más de un mes de las elecciones nacionales, que postulan a la impredecible Cristina Kirchner.
Los desafíos, como el topetazo que le propinó Alperovich a la Rural, parecen gustarle mucho al mandatario provincial. En su carrera política, durante buena parte de la cual ocupó importantes cargos públicos (legislador, ministro de Economía, senador de la Nación y gobernador), Alperovich siempre se planteó desafíos, como cuando decidió “acabar” con el mirandismo (y vaya si lo logró...) o cuando les quitó todo el poder a las instituciones que designaban jueces, o cuando se encaprichó con imponer un horario tope de las 4 a la diversión tucumana para evitar que los asesinos que andan sueltos encuentren potenciales víctimas a partir de las 7, por citar sólo un mínimo de casos.
Lo más singular del hecho es que tal vez sin buscarlo el robustecido mandatario provincial generó un enfrentamiento entre los privados tucumanos, ya que algunos referentes de este sector integran como directores organismos autárquicos que no participarán de la Expo, como la Estación Experimental y el Instituto de Desarrollo Productivo (IDEP). ¿Del lado de qué bando se pondrán estos empresarios? De paso, el presidente de la SRT, Víctor Pereyra, es director del IDEP: ¿continuará en esta función? A las autoridades de la Experimental el gobernador las tiene prácticamente de rehenes, puesto que Alperovich se comprometió a financiar la obra de un edificio de características similares al que la entidad inaugurará el 14 de este mes, que costó nada menos que $ 3 millones. No es fácil imaginarse a algún referente de la Experimental sacando los pies del plato, con los antecedentes de marras en ciernes.
La Rural se vio envuelta en un enfrentamiento que no quería sostener con el Gobierno, y ahora está obligada a bailar un baile que no le sienta a su dirigencia. En realidad, salvo honrosas excepciones, el empresariado tucumano prefiere aguantar un cachetazo oficial que tratar de confrontar medidas que le puedan ser adversas. Se podrían contar con los dedos de las manos los dirigentes que están dispuestos a decir sus verdades. El resto, “mutis por el foro”, siempre.
Evidentemente, Alperovich se propone poner a prueba a una dirigencia empresaria que tiene la mala costumbre de quejarse poco. Y cada casilla ganada será un avance sobre el territorio de la otra parte, que no se podrá recuperar fácilmente, al menos en esta etapa, que promete durar algo más que un simple par de años.







