El basquetbol puso de relieve el orgullo argentino

03 Septiembre 2007
Una vez más, el deporte argentino dio una acabada muestra de su temple, orgullo y categoría, a partir de la clasificación obtenida por el seleccionado de basquetbol para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008. El logro alcanza una dimensión mayor, luego de que tanto el equipo como el cuerpo técnico pasaron por una inesperada polémica, a causa de la renuncia de numerosos jugadores a vestir la camiseta de la selección nacional, por razones que en su momento no parecieron tener un fundamente sólido. Así, de un preocupante panorama de cara al Preolímpico de Las Vegas, se pasó a la satisfacción de ver un conjunto que expuso su mejor perfil, ganando con autoridad y muy buen juego una de las dos plazas que el certamen ponía en juego. Así, el campeón olímpico, y una de las potencias mundiales, podrá tener la chance de defender su medalla dorada. Al mismo tiempo, con su actuación, no sólo mantuvo el prestigio deportivo ganado en los últimos años, sino que respetó los lineamientos que, a partir de los trabajos técnico y dirigencial, generaron un proceso de probado éxito.
En esta misma columna planteamos en los días en que arreciaba la polémica que la masiva salida de jugadores -en su mayoría de gran cartel- se explicó a partir de complicaciones físicas, necesidades de descanso después de competencias extenuantes a nivel clubes. Incluso se dejó entrever que existían diferencias con el cuerpo técnico.Sin embargo, durante el torneo, las ausencias fueron suplidas por jugadores que se mostraron en un altísimo nivel. En esto no sólo estuvieron involucrados aquellos que juegan en el exterior, sino también quienes integran equipos de la Liga Nacional. Entre todos se las ingeniaron para mantener la mística ganadora que acompaña al equipo desde hace tiempo. Sin hacer caso a los análisis previos que le restaban posibilidades, dada la ausencia de varias estrellas, las calidades individuales dispares se concatenaron para llevar al conjunto a un juego de alto vuelo y, con ello, a una clasificación muy celebrada. Y de paso mantuvieron en alto el honor que supone defender los colores argentinos en una competencia de alcance internacional. En cuanto a los rumores sobre una conflictiva relación con el cuerpo técnico, nada de ello se trasuntó en el campo de juego. Lo visto fue una relación normal, en la que el entrenador Sergio Hernández mantuvo las riendas del equipo y los jugadores fueron exactos intérpretes de sus indicaciones. Con ello, se puede entrever que la conquista representó, además de una nueva página de gloria para el basquetbol nacional, una pequeña revancha personal, a partir de los rumores que pusieron en tela de juicio la continuidad.
El basquetbol argentino, un deporte sumamente popular y de enorme proyección internacional a la luz de los últimos acontecimientos, curó entonces con este resultado sus impensadas heridas. De paso, cambió el color de su futuro: una de las causas es que con los nombres que integraron este seleccionado, quedó demostrado que el recambio está asegurado. Esto, sin dudas, despierta un gran entusiasmo, pues nadie puede soslayar el potencial de los jugadores que no estuvieron en Las Vegas, como Emanuel Ginóbili, Fabricio Oberto, Nicolás Nocioni y Walter Herrmann. En ello abreva quizás buena parte de las nuevas fantasías que se pueden poner en escena en un campo de juego. Y, entre todos, echan a volar ahora la nueva ilusión con que cuentan todos los simpatizantes del basquetbol: la de volver a tener a nuestro país en la lucha por el premio mayor en una justa olímpica.

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