Buenos Aires.- El regreso, anoche por Canal 13, de Mario Pergolini y de su equipo al frente del humorístico "Caiga quien caiga" (CQC) tras dos años largos de ausencia de la TV, insinuó la posibilidad de que la potencia y la amplitud de su arsenal de ironías no se corresponda con la virulencia arrasadora que esperarían de ellos quienes piden "que se vayan todos".
Tras el corto de apertura en el que intervienen Julio Bocca, Enrique Pinti y Silvia Süller, y que imagina a Pergolini ungido presidente de la Nación para acallarlo por la posesión de datos que comprometen a ciertos habitantes del Poder, el conductor del programa se apresuró a advertir: "nosotros no venimos a poner nafta".
Los dardos de este arranque apuntaron entonces mayormente hacia los políticos, sobre todo legisladores y ex funcionarios, y aunque Pergolini anunció que pronto también caerán bajo la picota, por ejemplo, los periodistas de programas políticos, resultó llamativo que no hubiera palos para sectores a los que -al menos en las encuestas de opinión- también se sindica como responsables del estado de cosas que sufre la Argentina.
Pergolini, de todos modos, ya había dado indicios de tal criterio selectivo cuando, reporteado por "Clarín", a la pregunta acerca de si su programa iba a meterse con la dirigencia empresarial, contestó: "¿Con quién? ¿Con los que pautan la publicidad? En serio, creo que hay otra gente para pegarle".
Respuesta explicable en quien, lejos del joven independiente, rebelde e irreverente que algunos persisten en ver en él, es el próspero dueño de Cuatro Cabezas, que supo hacer de aquel perfil un buen negocio, con el que explotó formatos como los reality shows. Esta vuelta de Pergolini y de sus adláteres se expresó en lo visual en la clásica "estética" videoclipera del programa; y en lo esencial, centrada en el estrado donde también se ubicaron sus compinches Juan Di Natale y Eduardo de la Puente. (TELAM)
Tras el corto de apertura en el que intervienen Julio Bocca, Enrique Pinti y Silvia Süller, y que imagina a Pergolini ungido presidente de la Nación para acallarlo por la posesión de datos que comprometen a ciertos habitantes del Poder, el conductor del programa se apresuró a advertir: "nosotros no venimos a poner nafta".
Los dardos de este arranque apuntaron entonces mayormente hacia los políticos, sobre todo legisladores y ex funcionarios, y aunque Pergolini anunció que pronto también caerán bajo la picota, por ejemplo, los periodistas de programas políticos, resultó llamativo que no hubiera palos para sectores a los que -al menos en las encuestas de opinión- también se sindica como responsables del estado de cosas que sufre la Argentina.
Pergolini, de todos modos, ya había dado indicios de tal criterio selectivo cuando, reporteado por "Clarín", a la pregunta acerca de si su programa iba a meterse con la dirigencia empresarial, contestó: "¿Con quién? ¿Con los que pautan la publicidad? En serio, creo que hay otra gente para pegarle".
Respuesta explicable en quien, lejos del joven independiente, rebelde e irreverente que algunos persisten en ver en él, es el próspero dueño de Cuatro Cabezas, que supo hacer de aquel perfil un buen negocio, con el que explotó formatos como los reality shows. Esta vuelta de Pergolini y de sus adláteres se expresó en lo visual en la clásica "estética" videoclipera del programa; y en lo esencial, centrada en el estrado donde también se ubicaron sus compinches Juan Di Natale y Eduardo de la Puente. (TELAM)
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