A Mansilla lo salvó el gong

El fiscal penal Carlos Albaca le tiró un salvavidas al polémico armador político del gobernador reelecto. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

02 Septiembre 2007
El aluvión de votos alperovichistas configuró un escenario inesperado para la disidencia con el establishment. La posesión de 43 bancas en la Legislatura ampliada a 49, a partir del 29 de octubre, le dará al gobernador reelecto un campo de acción infinitamente más elástico que el tiene ahora. El próximo conductor de ese poder si algo le garantiza a José Alperovich es la no contradicción. El ministro Juan Luis Manzur, electo vicegobernador, es un soldado obediente, de quien no se espera que fabrique rebeldías o situaciones enojosas, al estilo de las generadas por Fernando Arturo Juri, antes del derrumbe de la elección interna peronista del 1 de abril. Manzur, por tanto, se perfila para ser el delegado del gobernador en la Legislatura, antes que cabeza de este poder frente al Ejecutivo. No menos condicionada que el Legislativo estará la Justicia: la abrumadora mayoría con que contará en el futuro, le permitirá agitar el fantasma de los dos tercios que se necesitan para destituir a los jueces de la Corte Suprema. Tampoco podrá fijar su propio presupuesto, que es una de las claves de la independencia institucional. Quedará rehén de la Legislatura y del Ejecutivo.
Así las cosas, Alperovich tendrá las manos mucho más libres que al inicio del período abierto en octubre de 2003. El régimen político inserto en la Constitución de 2006 le da preeminencia al Ejecutivo, situación que se afianzó con el resultado de hace siete días. Alperovich ganó, pues, en 2006 y en 2007. De esa suma de resultados, el único ganador fue el gobernador.
En soledad, el reelecto Fernando Juri Debo -dejó de llamarse Juri a secas como en la época de campaña- fue el único que discrepó en público por la anunciada reducción del ingreso legislativo de $ 200 millones a $ 100 millones. Tardía rebeldía, porque Alperovich se había cansado de esgrimirla como bandera electoral, pese a que violaba la Constitución. La determinación de las cifras es de resorte de la Legislatura, según la Carta Magna. Juri Debo supuso que bien valía tragarse el sapo del acople, pero terminó indigestado.

El acertijo a descifrar
¿Por qué el gobernador venció como lo hizo? No hay una respuesta monocausal. Las corrientes partidarias disidentes con el proyecto continuista del gobernador no aciertan a descifrar el acertijo.
Si de erradicar el pasado mirandista se trataba, Alperovich lució hábil para marcar el corte. Pero por la oficialista lista 128 salieron reelectos José Miranda y el concejal José Miranda, sobrino y hermano del ex gobernador Julio Miranda. Milagros de la denostada lista sábana que tapó asociaciones inconvenientes.
El clima de malestar social que había hace cuatro años con la administración mirandista, se disipó en forma visible. Subsisten, empero, otros factores potenciales de conflicto, que emergerán cuando cambien las condiciones políticas.
Las divergencias con actitudes y procederes de Alperovich que pudieron haber irritado a las franjas media alta y altas de la sociedad, no se concretaron en votos de rechazo al Gobierno. Se lo criticó, pero se puso su boleta en la urna. ¿Voto vergonzante? ¿Se optó por el mal conocido antes que por lo bueno por conocer? ¿Se privilegió la perduración de la obra pública por sobre otra consideración?
Es posible que las respuestas afirmativas a esas preguntas expliquen el comportamiento de esas parcelas del electorado. Sin embargo, la multiplicidad de ofertas opositoras estuvo muy lejos de seducir al electorado independiente. Las falencias de los partidos hostiles al alperovichismo contrastaron visiblemente con la eficacia colectora de los partidos acoplados que aportó el 40% de los votos con el que triunfó Alperovich. Al liderazgo hegemónico y excluyente de este no se le opuso ninguna figura de discurso enérgico y creíble.
La objeción ética que algunos hallaban para doble candidatura a gobernador y a legislador en el campo opositor no funcionó en el ámbito alperovichista, donde abundaron los candidatos no peronistas que se colgaron del brazo del gobernador.

Las sombras del proyecto
Se perfeccionó el sistema de reparto de bolsones, sin necesidad de acudir a los depósitos gubernamentales que fueron cerrados con mucha publicidad. Los candidatos del oficialismo dispusieron de bolsones y no hesitaron en comprar el voto. Se habló de pagos de entre $ 20 y 100 por voto. Estas operaciones no dejaron testigos, recibos, ni denuncias firmadas. Al amparo de la pobreza, esas prácticas políticas perversas llegaron para quedarse. Fue tal la cantidad de bolsones disponibles, que dirigentes de segunda y tercera línea del oficialismo llegaron a vender los excedentes a otras listas electorales. Del Tucumán crítico de décadas anteriores no quedan vestigios. La sociedad terminó por aceptar prácticas que eran habituales en distritos con manejos feudales del poder.
En la lista 128 se posicionó a funcionarios como candidatos estrella, que finalmente no asumirán en la Legislatura. El ciudadano ignoraba que Susana Montaldo, Osvaldo Jaldo, Susana Díaz y Guillermo Vargas Aignasse desempeñaron el papel de cebos electorales -con diferentes grado de impacto-. El espejismo se rompió, a las pocas horas de los comicios. Defraudación al votante.
A Jaldo le asignaron el Ministerio del Interior, que sustituirá a la Secretaría de Coordinación con Municipios y Comunas Rurales. Curiosamente, Alperovich afirmó que los comisionados comunales deberán informar sobre los gastos cada tres meses. Nada dijo, en cambio, de Sergio Mansilla, titular de esa secretaría, a quien el radical Ariel García denunció judicialmente por hacer la vista gorda ante la falta de rendición de cuentas de los comisionados comunales, por el período 2005. García le imputó incumplimiento de los deberes de funcionario público. "Nunca explicó adónde fue la diferencia de $ 164 millones que surge de la cifra indicada por él y la de la Contaduría General de la provincia", agregó el denunciante.
La presentación de García había sido archivada por el fiscal penal Guillermo Herrera. Sin embargo, la ola de reclamos retiró del exilio a la denuncia, que pasó a manos de otro fiscal del mismo fuero: Carlos Albaca. El ministro fiscal de la Corte, Luis de Mitri, le había encomendado esa tarea el 10 de mayo. Pues bien, hasta el viernes pasado, Albaca no había citado a declarar a ningún comisionado comunal, pese a las instrucciones de su jefe. Tampoco había ahondado en la situación de los intendentes municipales del interior. El fiscal le tiró un salvavidas a Mansilla, que ahora está blindado por la protección que le otorga el artículo 63 de la Constitución. Desde el momento de su elección, el polémico armador político del gobernador en el interior, goza de completa inmunidad, según el lenguaje constitucional. Albaca aletargó la investigación y Mansilla respira tranquilo. Alperovich protegió a Mansilla, pero no hubo reelección en 40 de las 93 comunas.

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